20/05/2026
¿SABES LA HISTORIA SAGRADA DE NGUEMORE Y TOXTE? 📜
La Leyenda de Nguemore y Toxte: El Origen Sagrado del Xocotépetl.
Cuenta la historia que hace muchos siglos, en los tiempos en que el mundo apenas se estaba acomodando, vivía en estas tierras un gigante sagrado y bondadoso llamado Nguemore. Él tenía la tarea de cuidar los valles, la flora y la fauna, asegurando que la vida prosperara para sus hermanos de la comunidad mazahua.
A pesar de tener la inmensidad de la naturaleza para sí mismo y de g***r de gran abundancia, Nguemore sentía un profundo vacío en su pecho; se encontraba completamente solo y anhelaba una compañera con quien compartir su eternidad.
Decidido a encontrar el amor, comenzó a recorrer los senderos del norte. Tras buscar incansablemente, una tarde llegó hasta un manantial cristalino y vio a una hermosa doncella que recogía agua con un cántaro de barro. Su nombre era Toxte. Desde el primer cruce de miradas, una profunda conexión nació entre ambos. Nguemore la cortejó con respeto, llevándole los frutos más dulces y las flores más bellas que crecían en los valles, hasta que ella aceptó compartir su vida con él.
Nguemore y Toxte vivieron felices durante muchísimos años. Juntos vieron caer innumerables lluvias, florecer los campos y repetirse el sagrado ciclo del maíz, cuidando siempre con amor de los pueblos mazahuas. Sin embargo, los seres de la tierra no son eternos y el cuerpo de Toxte, cansado por el paso del tiempo, finalmente se apagó.
El dolor de Nguemore fue devastador. Incapaz de aceptar la partida de su amada, tomó su cuerpo inerte entre sus brazos y, con el corazón roto, emprendió una larga caminata rumbo al norte, buscando un lugar donde depositarla para llorar su muerte en total soledad.
Al ver su inmenso sufrimiento, el mismísimo Dios Sol detuvo su marcha en el horizonte y con una voz imponente pero compasiva le dijo:
—¡Espera, Nguemore! ¿A dónde vas? Tu misión en esta tierra aún no termina. No debes alejarte, debes seguir cuidando a tu compañera y a tu pueblo.
El Dios Sol decretó que su amor merecía quedar plasmado para la eternidad en la geografía del lugar. En ese instante, transformó el cuerpo de la bella Toxte en una silueta montañosa. Acto seguido, Nguemore se recostó a su lado, abrazándola por última vez, y comenzó a transformarse él también en piedra y tierra, convirtiéndose en el monumental volcán que hoy conocemos.
La divinidad les otorgó la sagrada tarea de transformarse en la Montaña Sagrada, el punto más alto del horizonte, un sitio ceremonial y de respeto absoluto donde sus hermanos mazahuas subirían a realizar sus rituales, pedir por las lluvias y agradecer por las cosechas. Siglos más tarde, con la llegada de los aztecas a la región, los nuevos pobladores tradujeron la imponencia de este gigante dándole el nombre en náhuatl de Xocotépetl ("el cerro de las frutas agridulces").
Hasta el día de hoy, los lugareños dicen que cuando el cerro se cubre de neblina o las nubes bajan a tocar la cima, es en realidad el espíritu de Nguemore que sigue abrazando y cobijando con amor a su eterna compañera Toxte, manteniendo viva la herencia, el misticismo y la identidad cultural de Jocotitlán.