01/06/2026
Hace muchos años, cuando las calles empedradas de Ixcateopan todavía guardaban el silencio de las madrugadas y las serenatas eran una hermosa costumbre del pueblo, los jóvenes solían reunirse antes del amanecer para llevar música a las muchachas que les robaban el corazón.
El punto de reunión casi siempre era la plazuela, junto a la estatua de Cuauhtémoc. Allí llegaban con sus guitarras, afinaban las cuerdas, contaban chistes y esperaban a que se completara el grupo antes de partir por las calles oscuras.
Pero había algo extraño que ocurría cada vez que se reunían.
Sin importar la fecha ni la ocasión, aparecía un enorme marrano negro. Nadie sabía de dónde venía. Surgía de entre las sombras y comenzaba a caminar alrededor de los muchachos. Daba vueltas y vueltas alrededor de la estatua mientras emitía sonidos extraños, distintos a los de cualquier animal conocido.
—Ahí viene otra vez el condenado marrano —decían algunos entre risas.
Al principio lo tomaban como una curiosidad. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a desesperarlos. El animal aparecía siempre, como si supiera exactamente cuándo se reunirían. Algunas veces permanecía allí durante horas, observándolos con unos ojos que, según cuentan, brillaban de manera inquietante bajo la luz de la luna.
Cansados de aquella presencia, varios jóvenes acordaron darle un escarmiento.
—La próxima vez traigamos lazos y lo atrapamos —propuso uno de ellos.
Todos estuvieron de acuerdo.
Y así fue.
Una madrugada, cuando el grupo volvió a reunirse junto a la estatua de Cuauhtémoc, el marrano apareció como siempre. Comenzó a dar vueltas alrededor de ellos, gruñendo y resoplando.
Los muchachos estaban preparados.
Entre varios lograron lazarlo. El animal chilló con una fuerza impresionante y trató de escapar, pero fueron más rápidos. Lo arrastraron por las calles hasta las afueras del pueblo.
Lo que ocurrió después es algo de lo que muchos prefieren no hablar.
Dicen que la emoción y el enojo les hicieron perder el control. Comenzaron a lanzarle piedras hasta dejarlo malherido. Finalmente abandonaron al animal, sangrando junto al camino, convencidos de que jamás volvería a molestarlos.
Al amanecer regresaron a sus casas.
Pero al día siguiente, el pueblo despertó con una noticia que dejó a todos helados.
En lugar del marrano, encontraron ………….
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Nadie pudo explicar cómo llegó allí.
Los jóvenes guardaron silencio.
Los más ancianos del pueblo comenzaron a murmurar una palabra que muchos temían escuchar:
—Nahual.
Habías escuchado algo similar?