20/06/2026
Antes que otra cosa… ¡Viva México!
Después…
He estado intentando modificar algunos hábitos con la finalidad de convertirme en una mejor versión de mí mismo.
Me he mantenido en silencio (dentro de lo posible) después de una serie de circunstancias complejas que han sido difíciles de procesar hasta el día de hoy.
Me estoy preparando para comenzar a escribir nuevamente y emprender nuevos proyectos, por lo que hoy quiero compartir algo de ello en ese ánimo:
Primeramente, gracias a todas y todos quienes directa o indirectamente me han apoyado en todos los aspectos de mi vida y trayectoria en general desde siempre; y particularmente, también desde mi participación en el proceso electoral del año pasado. Me queda claro que uno solo no logra mucho sin el apoyo de los demás y los menesteres en los que siempre me he ocupado requieren de apoyos de muchas personas.
Como ustedes saben, la elección judicial fue un proceso controvertido y cuestionado de muchas formas. Sin duda, NO es una derrota que pueda aceptar moralmente porque existe suficiente evidencia (no apreciada) para demostrar los BUENOS RESULTADOS que, dicho sea de paso, no son solamente míos sino MAYORMENTE DE QUIENES ESTUVIERON EN EL "BACKSTAGE" ayudándome, como más de alguna vez (muchas) me han pedido hacerlo en otros ámbitos o espacios, en forma recíproca; pero definitivamente no es algo que pueda y deba detenerme, al contrario, los aprendizajes no tienen desperdicio y son las bases de los siguientes proyectos en los que he venido reflexionando desde hace un año.
Sea lo que pase en estos siguientes meses, el próximo año y los subsecuentes, mis intenciones siempre seguirán siendo las mismas: contribuir con la sociedad, desde lo público y/o lo privado; trabajando, construyendo, proponiendo, pero también siendo crítico para señalar los abusos e injusticias “del sistema”.
Dentro de los nuevos hábitos, uno de ellos es poner límites que no había puesto antes; tal vez se piense que es tarde, pero es mejor ahora que nunca y siempre estamos a tiempo de comenzar de nuevo.
Sepan que, hoy como siempre, mi dignidad nunca ha estado en venta, porque lo peor que una persona puede hacer, es traicionarse a sí mismo.
He sido, soy y seguiré siendo una persona de profundas convicciones y principios; con errores (muchísimos) pero también con más enormes y múltiples aciertos.
Para quienes me conocieron desde “mis inicios” (y quienes no estuvieron ahí, sépanlo) tengo perfectamente clara mi escala de principios y valores, y mis decisiones siempre las he tomado con base en ella: “con ramificaciones diversas, a veces estructurales y otras flexibles que se podan constantemente, pero siempre con raíces únicas y anteponiendo a Dios en todo”.
Como todo ser humano, soy susceptible; reconozco que gran parte de las complicaciones que me han rodeado en los últimos años, se deben a decisiones propias, por acción u omisión, es una responsabilidad que asumo y pretendo corregir modificando mis hábitos, sin arrepentimientos.
Sin embargo, está permitido tener algo (un poco) de autocompasión hacia uno mismo; es decir, SÍ, también es cierto que han existido múltiples voluntades que han confundido mi camaradería, amistad, lealtad y nobleza, con servidumbre, obligación, obediencia y sumisión; y, aunque podría entenderse que, quien debe poner los límites es su servidor, ello no es pretexto ni suficiente justificación para restar responsabilidad a quienes, equivocadamente, en uso de la confianza que se les fue depositada a manera de “concesión”, asumen o toman decisiones, por acción u omisión, con afectaciones hacia mi persona, aun con “buenas intenciones” basados en mi forma de ser “tranquilo”.
No me considero una persona destructiva, aunque imaginación no me falte y elementos me sobren para tener siempre garantizada, como última herramienta, la destrucción mutua asegurada; y créanme, es “un botón” que NO solo nunca he apretado, sino que siempre me esfuerzo por evitar apretarlo para no caer en la tentación de traicionarme a mí mismo y al mismísimo creador. NO SOY de las personas que dicen: “Nos veremos cuando bajen”; más bien, prefiero decir: “Allá arriba nos vemos, deseando de corazón que se mantengan en las alturas”.
Habiendo dicho lo anterior, nunca es tarde para comenzar de nuevo; hoy como siempre, tengo el compromiso social y personal de mejorar y transformar para bien el mundo que, dicho sea paso, heredaremos a nuestros hijos.
Finalmente, entiéndase que los ideales, las instituciones, los principios y los valores, NO son la monarquía de alguna persona específica o de alguna fracción o partido, sino la riqueza dada a las personas como producto que se obtiene en el ejercicio de sus libertades. Nos vemos en el 2027.
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