27/08/2017
*Miércoles de relatos y leyendas*.
El mío es un relato que me contó mi abuela, madre de mi mamá; me lo contó cuando era niño y la verdad me dio mucho miedo, ¿porqué? porque mi abuela para mí es símbolo de verdad y de sabiduría, le creo profundamente.
Ella me contó que cuando era niña vivía en el rancho de Acámbaro, Guanajuato, hoy muy diferente a lo que era entonces, en donde había muchas haciendas enormes en las cuales en ocasiones se resguardaban guerrilleros de la independencia de México, inclusive Miguel Hidalgo pasó por ahí en una ocasión, pero era en si un lugar solitario, dedicado al campo en su totalidad y ella vivía en una pequeña casa en el rancho de mi bisabuelo a un lado de sus siembras para cuidarlas por las noches porque siempre pasaban cosas extrañas.
Cerca de donde vivía pasaba el río y a un costado del río vivía una amiga de su mamá una joven de escasos 17 o 18 años recién casada; en aquel entonces aún se robaban a las novias y se casaban con ellas a las horas de la madrugada, la chica embarazada era muy amable y muy activa, trabajaba en su casa todos los días haciendo tortillas y mi bisabuela llevaba a mi abuela a por las tortillas con ella y se quedaban las horas ayudándole y conversando.
Pasado el tiempo nació el bebé de la muchacha: un varón muy fuerte por tanta tortilla y maíz y la muchacha por lo mismo tuvo mucha leche, inclusive al entrar a su casa olía a bebé y a leche. Pasó un mes del nacimiento del niño y un día que fueron por las tortillas la muchacha no se había levantado todavía, mi abuela y su mamá se pasaron a la casa y la encontraron bien dormida y el bebé llorando. la despertaron y profundamente agotada se levantó de la cama y se puso a trabajar.
¿Qué té pasó muchacha? le preguntó mi mamá, dijo mi abuela, no sé, decía, el niño me cansa mucho cuando come. y así pasaron los días y los días y la muchacha se veía más cansada, pero el problema mayo era que el niño estaba muy flaquito y se estaba enfermando mucho y no paraba de llorar.
El esposo preocupado un día no fue a trabajar la tierra, se quedó en la casa para cuidar a su señora, en la mañana se levantó igual a la misma hora pero no se fue, si no que se levantó a darle de comer a los animales, en eso, escuchó al bebé llorar... y luego a la voz de su madre diciendo... ya ya... y después hubo silencio y el señor siguió trabajando... pasado un rato escuchó caer una jarra de agua que tenían en el borde de la cama. y fue a ver... lo que encontró... lo dejó perplejo...
"Una Pitón" contó el señor, gooorda como ella sola, enrollada en la cama con la muchacha, chupando la leche de la muchacha que dormía como sedada por su veneno y con la punta de su cola metida en la boca del bebé, para que no chillara... Agarró su machete y la serpiente lo volteó a ver "con cara de susto" dijo él, y le dio tres zarpazos, la víbora ni se podía mover de lo gorda que estaba cuando soltó a la muchacha y al niño.
Le mochó la cabeza... la echó pa fuera y con el aceite y leña le prendió lumbre... al día siguiente cuando revisaba las cenizas pa enseñárselas a mi bisabuela... no halló huesos de víbora... si no huesos de persona. Él decía que era un nahual, la gente del pueblo decía que mató al sancho por que eso no existe... pero mi abuela siempre les creyó porque dice que en el río... siempre han vivido criaturas que se esconden y que no tienen intenciones buenas.
Y bueno, esa, es la historia que me contó mi abuela, ¿verdad o mito? que cada quien decida.
Lalo Canchola.
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