30/03/2026
🏫 𝗖𝗨𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗟𝗔 𝗘𝗦𝗖𝗨𝗘𝗟𝗔 𝗢𝗟𝗩𝗜𝗗𝗔 𝗣𝗔𝗥𝗔 𝗤𝗨𝗘́ 𝗘𝗫𝗜𝗦𝗧𝗘
𝘜𝘯𝘢 𝘳𝘦𝘧𝘭𝘦𝘹𝘪ó𝘯 𝘪𝘯𝘤ó𝘮𝘰𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘢
Hay algo que duele especialmente en lo que ocurre en muchos bachilleratos, y es que la escuela, que debería ser el lugar donde se modelan valores como la justicia, a veces funciona como su contraste más perfecto.
El docente que llega con energía, con vocación, con iniciativa, rápidamente aprende una lección que nadie le enseñó en la normal ni en la universidad: 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗲𝘀𝗳𝘂𝗲𝗿𝘇𝗼 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼, 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱, pues quien menos hace, menos carga; y esa verdad no aparece en ningún plan de estudios, pero se aprende en el primer ciclo escolar.
Lo que se ha perdido en muchos espacios directivos no es la capacidad de gestión, es más bien 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗿𝗮𝗷𝗲. Es decir, la valentía de decirle al compañero que no está cumpliendo con sus responsabilidades éticas y académicas, porque confrontar cuesta, y exigir al compañero comprometido no cuesta nada. Entonces la institución se organiza, poco a poco, alrededor de la comodidad del directivo y no alrededor de los derechos y necesidades de los estudiantes.
Y ahí está 𝗲𝗹 𝘃𝗲𝗿𝗱𝗮𝗱𝗲𝗿𝗼 𝗲𝘀𝗰á𝗻𝗱𝗮𝗹𝗼 é𝘁𝗶𝗰𝗼: los que pagan el precio de esa cobardía administrativa no son los docentes negligentes ni los directivos cómodos; en realidad son los estudiantes; esos jóvenes que merecen clases preparadas, presencia real, un maestro comprometido que llegó porque quiso estar ahí, no porque el reloj lo obligó.
La pérdida del profesionalismo y de la ética docente no ocurre de golpe, va ocurriendo en silencio, acuerdo a acuerdo, tolerancia a tolerancia, mirada esquivada a mirada esquivada, hasta que 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗼𝗰𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝘃𝗲𝗿𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮 𝘆 𝗰𝗼𝗺𝗶𝗲𝗻𝘇𝗮 𝗮 𝘃𝗲𝗿𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗹𝗮 𝗻𝗼𝗿𝗺𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱. Y lo más peligroso no es el docente que ya se rindió, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼 𝘃𝗶𝗼 𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝗿𝘀𝗲 𝘆 𝗻𝗼 𝗵𝗶𝘇𝗼 𝗻𝗮𝗱𝗮.
𝗣𝗲𝗿𝗺í𝘁𝗮𝗻𝗺𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼: el conformismo no es paz, 𝗲𝘀 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗼 𝗱𝗶𝘀𝗳𝗿𝗮𝘇𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗽𝗿𝘂𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮. De modo que la mediocridad institucional no es un estilo de gestión, 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘀𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼𝘀𝗮 contra cada estudiante que entra al aula esperando algo mejor.
Recuperar el rumbo requiere algo más que reformas curriculares y capacitaciones constantes; de verdad se requiere que quienes lideran las escuelas vuelvan a hacerse la pregunta que algún día los trajo aquí:
¿𝗣𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂é 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘆 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿?¿𝗔 𝗾𝘂ié𝗻 𝗹𝗲 𝘀𝗶𝗿𝘃𝗲 𝗺𝗶 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗵𝗼𝘆?
Si la respuesta no incluye a los estudiantes en el centro, entonces 𝗻𝗼 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗺á𝘀 𝗱𝗶𝗮𝗴𝗻o𝘀𝘁𝗶𝗰𝗼𝘀; 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗺á𝘀 𝗵𝗼𝗻𝗲𝘀𝘁𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘆 𝗺𝗲𝗻𝗼𝘀 𝗲𝘅𝗰𝘂𝘀𝗮𝘀.
La verdadera reforma educativa no llega desde arriba ni desde los documentos oficiales; empieza cuando un directivo decide 𝘀𝗲𝗿 𝗷𝘂𝘀𝘁𝗼 𝗮𝘂𝗻𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗮 𝗶𝗻𝗰ó𝗺𝗼𝗱𝗼, y cuando un docente decide 𝗱𝗮𝗿 𝘀𝘂 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗲 𝗮𝘂𝗻𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗮𝗱𝗶𝗲 lo este supervisando..
Porque al final del día, la escuela no es el edificio, ni el horario, ni los indicadores. 𝗟𝗮 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗲𝗹𝗮 𝘀𝗼𝗺𝗼𝘀 𝗻𝗼𝘀𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀. Y lo que somos dentro de ella, es lo que les enseñamos a los estudiantes 𝘀𝗶𝗻 𝗽𝗮𝗹𝗮𝗯𝗿𝗮𝘀.
🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭 🧭