15/02/2022
AMOR en ACCIÓN
Por Carla de Morán
La capacidad de amar es otro de los aspectos que nos hacen diferentes a los animales, y es que el AMOR no es un sentimiento, es UNA DECISIÓN que produce en nosotros emociones y sentimientos al ponerlo en práctica. Y la mejor forma de explicarlo la encontramos en 1a Corintios 13:4-7. En ese capítulo Dios nos enseña, a través del apóstol Pablo, todas las acciones que se presentan al AMAR. Y es que la capacidad de dar amor en el ser humano se activa una vez que se conoce el verdadero amor, una vez que se conoce a Dios, pues Él es amor (1 Juan 4:8). Cuando Adán y Eva pecaron, su relación con Dios se vio interrumpida, se dañó, y su capacidad de amar se vio obstruida por el pecado produciendo egoísmo, celos, injusticia, presunción, orgullo, manipulación e irritación entre ellos. Con razón necesitábamos que Dios nos explicara cómo es el verdadero amor, pues además de nuestra condición humana caída, existen tantos conceptos y tantas ideologías que alientan el egocentrismo y nos dicen que el verdadero amor es aquel que te hace feliz, que te da momentos bellos, que te consiente, te hace sentir cosas bellas, en otras palabras, yo quiero, yo deseo, yo, yo, yo; pero eso no es lo que leemos en la Biblia, pues el AMOR requiere acción, es dar y aceptar al otro como es.
CADA QUIEN en SU PROCESO
A través de mis casi veintinueve años de casada, y de muchos momentos de frustración, he aprendido que no puedo poner la responsabilidad de mi felicidad y de sentirme bien en manos de otra persona, sólo Dios puede hacer eso; por lo que pretender que mi esposo, mis hijos, mis padres u otra persona importante en mi vida, me hagan feliz es imposible e injusto.
Por otro lado, me he dado cuenta de que me “siento” bien cuando doy a los demás, cuando acepto a las personas como son, cuando confío en que Dios tiene el control de la situación y cuidado de esa persona a la que amo, cuando descanso depositando mis angustias, decepciones y quejas en Él. Al final de cuentas lo importante no es ganar la discusión o tener la razón, lo importante es poder caminar juntos, ayudándonos, aceptándonos como somos, reconociendo que cada uno está el proceso de perfeccionamiento en el que Dios nos tiene (Efesios 4:13) y que al enfocarme en mi proceso dejando que Dios actúe en mí, entonces mi entorno será transformado por la influencia de Dios a través de mi vida.
CEDIENDO NUESTROS DERECHOS a DIOS
Amar a mi esposo ha sido el reto más grande que he enfrentado, y no, no me malinterpreten, él ha sido paciente, bueno, gentil, caballeroso y muy amoroso conmigo. El reto ha sido vencer mi egoísmo, el deseo de controlar todo, los celos, las expectativas ilógicas, la necesidad de manipular las cosas para que todo fuera como yo lo creía correcto. Gracias a Dios porque en su infinito amor y misericordia, trajo a mi vida el compañero perfecto, que decidió amarme como soy, con paciencia y bondad, me ha perdonado vez tras vez, me ha enseñado a luchar por nuestro matrimonio, y a darme cuenta de que al ceder mis derechos a Dios, entregándole a Él todas mis expectativas, encuentro la paz y fortaleza que se necesitan para continuar.
Sé que eso de “ceder tus derechos” no es algo muy popular, al contrario, está de moda luchar para que tus ideas, tus razones y tus expectativas sean las que predominen y puedas tener éxito, obtener la posición que buscas y poder ser feliz. Sin embargo, es importante aclarar que el matrimonio NO es una lucha entre los sexos, no es un ring en el que se verá quién es el que manda o el que lleva el timón, y pareciera que ese es el concepto que tenemos en la actualidad de lo que es una pareja. Por cuestiones de espacio y tiempo no podemos hablar sobre lo que sí es el matrimonio, pero sí puedo decirles que un ingrediente esencial para que una pareja se fortalezca es dejar a un lado tus ideas para buscar juntos lo que a ambos y a la familia le conviene, es hacer planes para el bien de ambos y no solo para el bien personal, es entender que se trata de “nosotros” y no de “mí”, en pocas palabras es ceder mis derechos.
FE, ESPERANZA y AMOR
Hoy puedo ver la importancia de no darme por vencida, de no perder la fe, de mantener la esperanza y estar firme a pesar de las circunstancias. Agradezco a Dios por el compañero de vida que me dio, pero sobre todo le agradezco a Dios porque Él es el hilo perfecto de este cordel, el hilo que no se rompe y permanece Fiel dándole fuerza a nuestro matrimonio (Eclesiastés 4:12). Tú también puedes experimentar el verdadero amor, puedes amar y ser amado, solo recuerda que para ello necesitas conocer la fuente del amor, conocer a Dios, entrégale tu vida y dejarlo dirigirla, ordenarla y restaurarla.
Carla Morán es Ing. Industrial en Producción y tiene un Diplomado de Teoterapia del Instituto de Consejería Cristiana Internacional. Vive en México con su esposo Jaime y juntos tienen 6 hijos.