22/01/2026
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ᴄᴜᴀɴᴅᴏ ᴛᴀᴘᴀʀ ɢʀɪᴇᴛᴀꜱ ꜱᴀʟᴇ ᴄᴀʀᴏ: ᴇʟ ᴀꜱꜰᴀʟᴛᴏ ᴇɴ ᴄᴜᴇʀᴀ́ᴍᴀʀᴏ ᴄᴏɴ ᴘʀᴇᴄɪᴏ ᴅᴇ ᴄʜᴀᴘᴀ ᴅᴇ ᴏʀᴏ
CUERAMARO.- En Cuerámaro, el cierre de año se presumió con “grandes obras”, aunque en la práctica se trató de revestimientos y parches sobre una de las calles principales. Según la cifra oficial, la inversión fue de $3,906,681 pesos para 9,104.90 m² de carpeta asfáltica. El dato duro es inevitable —y revelador—: cada metro cuadrado costó aproximadamente $429 pesos. Para dimensionarlo, hablamos de un precio que suena más a alfombra nueva que a maquillaje vial.
Las imágenes muestran lo que la ciudadanía ve todos los días: grietas selladas, capas delgadas y un trabajo que no cambia la vida útil de la vialidad. No es reconstrucción, no es sustitución de base, no es solución estructural; es bacheo con traje de gala. A ese ritmo, la obra luce más como mantenimiento correctivo elevado a épica que como una intervención integral que resista lluvias y tráfico pesado.
La narrativa oficial —impulsada por el alcalde Alberto “Beto”— presume el cierre del año con resultados, pero la pregunta incómoda persiste: ¿qué se compró exactamente a $429 el metro cuadrado? Porque cuando el presupuesto se va en parchar lo que ya estaba parchado, la obra termina siendo cosmética, y la factura, premium.
En Cuerámaro, la ironía es simple: la gravilla con asfalto salió cara, y la durabilidad, barata. Si estas son las “grandes obras”, el riesgo no es el bache visible, sino el bache de planeación. La calle se tapa hoy; la duda se queda mañana.