Ing. Soledad Solís Córdova

Ing. Soledad Solís Córdova “Yo sueño con un mundo de luces solamente..” ❤️‍🔥

25/03/2026

Pensamiento crítico

- Brasil Acosta Peña

Recientemente, el ingeniero Aquiles Córdova Morán, en su discurso de clausura de la exitosa XXII Espartaqueada Deportiva Nacional del Movimiento Antorchista, llamó a los jóvenes, a la audiencia y a los tecomatecos a desarrollar el pensamiento crítico. Dio muestras de su gran entendimiento de la filosofía dialéctica y señaló que, para comprender un fenómeno que se nos presenta como algo exterior y que conocemos parcialmente, por ejemplo, “un borrego”, que es para nosotros un concepto abstracto: creemos que sabemos todo del borrego porque conocemos algunas de sus características generales; sin embargo, no lo conocemos a profundidad, sólo superficialmente. Quienes consideran que con ese conocimiento basta y creen que con ello es suficiente, caen, la inmensa mayoría de las veces sin saberlo, en lo que el filósofo marxista Karel Kosík llamó “seudoconcreción”.

En su obra Dialéctica de lo concreto, Karel Kosík revela que el mundo puede construirse a partir del pensamiento común, la práctica utilitaria y la “fijidez” de las formas. Efectivamente, el pensamiento común no está habituado a cuestionarse el origen de las cosas, de dónde provienen, por qué son como son, etc.; asimismo, la práctica utilitaria permite el conocimiento de las cosas sin necesidad de comprender el motor de su funcionamiento; en el día a día se usan objetos, como la licuadora, sin que se comprenda su funcionamiento interno y sin que sea necesario comprenderlo; simplemente se aprieta un botón y el aparato licúa y eso es lo relevante para fines prácticos. Finalmente, en el terreno de la “fijidez” de las formas, podríamos relacionarlo con lo que Engels explica como “la metafísica”, es decir, se consideran los fenómenos como si fueran fijos, como estáticos, como si no tuvieran cambios ni desarrollo histórico.

El fenómeno, es decir, lo que se manifiesta inmediatamente, en el ejemplo que puso el maestro Aquiles Córdova, el borrego, lo vemos y creemos conocerlo porque sabemos que bala, que de su pelo puede extraerse lana, etc.; sin embargo, desconocemos la esencia, es decir, las leyes internas y la estructura de las cosas, en este caso, el funcionamiento del organismo completo del borrego, su sistema digestivo, cómo se alimenta de sangre el cerebro, cómo se produce la leche que beberá el crío, etc.

Entonces, para alcanzar la totalidad concreta, es decir, comprender la esencia del fenómeno, debemos destruir la seudoconcreción. Para ello debemos partir del análisis, es decir, tomar al fenómeno y separarlo en sus partes para conocerlas detalladamente; y el paso clave para la comprensión científica del fenómeno es la síntesis que implica la unidad dialéctica de una serie de determinaciones que nos llevan a reconstruir mentalmente la estructura real de la cosa. En ese sentido, “la destrucción de la seudoconcreción significa que la verdad no es inaccesible, pero tampoco es alcanzable de una vez y para siempre, sino que la verdad misma se hace, es decir, se desarrolla y realiza” (Kosík, 1967).

Por lo tanto, para que los jóvenes, los antorchistas y los tecomatecos comprendan la realidad más profundamente, de forma correcta y sin prejuicios, tienen que aprender a analizar la realidad, conocer el funcionamiento interno del fenómeno y, finalmente, reconstruirlo mediante la síntesis, la unidad de la diversidad de las determinaciones y así comprender este fenómeno a fondo. Una vez que se alcanza tal capacidad de análisis y de síntesis con un cerebro que va más allá de las simples condiciones que la naturaleza nos otorga y que nos han permitido vivir hasta ahora sin necesidad del análisis y la síntesis, entonces, el ser humano crece, sube de nivel, comprende los fenómenos, entrena al cerebro y, antes de creer en algo que le dicen, aprende a razonar, a cuestionarse las cosas y, sobre todo, a no ser manipulado, a no ser prejuicioso, a ver la conexión entre los objetos y comprender con exactitud cómo suceden las cosas.

Como ejemplo práctico del uso del análisis y la síntesis en los tiempos en que vivimos, durante la inauguración de la XXII Espartaqueada Deportiva, el ingeniero Aquiles Córdova explicó a profundidad lo que estaba sucediendo en el mundo. Señaló que el único responsable de los conflictos que se viven en el mundo es el imperialismo, que pretende hacerse con el mundo, después de intentar hacerlo de muchas maneras: colonialismo, liberalismo, globalización, monetarismo, neoliberalismo, etc., ahora, dado que ya no es posible seguir haciéndose con el mundo como antes, pues en ese proceso le salieron dos gigantes con los que no contaba: Rusia y China.

La prensa informó que Estados Unidos (EE. UU.) había entrado a Venezuela para combatir al Cártel de los Soles, “peligroso cártel de las drogas” y a su cabeza, el presidente Nicolás Maduro Moros. La realidad mostró que se trató de una invasión ilegal de los marines enviados por Trump, pues violentando todo el derecho internacional extrajeron a un presidente que tiene inmunidad por su investidura; la fiscal que acusó a Maduro de ser la cabeza del Cártel de los Soles, reconoció que tal figura no existía. Entonces, en el fenómeno, parecía que se trataba de una intervención “justa”; la realidad demostró que no era el combate al narcotráfico lo que interesaba a Trump, sino el petróleo de Venezuela, la mayor reserva del mundo.

Una vez que se asegura el abastecimiento del petróleo de Venezuela para su país, pues se le está vendiendo a EE. UU. fundamentalmente, entonces Trump procede a atacar Irán; y ¿por qué?, ¿cuál es su justificación? Trump anuncia que Irán no debe tener armas nucleares. Éste es el fenómeno, ¿cuál es el fondo? Con ese pretexto ataca a Irán y se genera un freno en el flujo de este energético a países estratégicos, a los que realmente pretende debilitar Trump, en especial a China, pues el 40 por ciento del petróleo que China recibe proviene de Irán. El problema es que esas actitudes superimperialistas repercuten también en el pueblo de México, por ejemplo, resulta que el 18 de marzo, aniversario de la expropiación petrolera, la gasolina Premium y el diésel cuestan de dos a tres pesos más por culpa de Trump. El incremento es consecuencia del aumento a los precios del petróleo y México importa gasolinas porque no refina; y resulta que la Refinería Dos Bocas se quemó y mató al menos a cinco trabajadores. Ese incremento de precios de los combustibles elevará los precios de los productos básicos y, por ende, viene una escalada inflacionaria que pegará a las familias más humildes de México por culpa de Trump.

Pues bien, en conclusión, la acción de Trump se nos presenta, aparentemente, como una lucha contra causas “justas”; pero realmente se trata de apoderarse del mundo y de debilitar a los oponentes: primero, apoderándose del petróleo venezolano y, después, frenando el suministro a China, fundamentalmente del petróleo de Irán, para frenar el desarrollo económico de uno de sus más peligrosos competidores.

Una vez entendido así el problema, entonces, sólo nos queda unirnos y organizarnos para luchar por la construcción de un mundo más justo y mejor: es la hora de los pueblos, advirtió el ingeniero Aquiles Córdova. Aprendamos a pensar críticamente y comprender que el pensamiento crítico representa un arma de liberación. Pensando así defenderemos a México y defenderemos a Tecomatlán.

25/03/2026

🔴 | Cablebús Puebla: ¿Solución de movilidad u “obra emblemática” de siete mil millones? 🚡💰

A tres meses de iniciada la construcción del Cablebús en esta capital, se ha incrementado el rechazo a esta obra porque su ruta excluye a los barrios periféricos marginados, amenaza “los pulmones” de la ciudad y los expertos cuestionan si responde a una demanda real de la población.

Lee más: https://buzos.com.mx/noticia/cablebus-puebla-solucion-de-movilidad-u-obra-emblematica-de-siete-mil-millones

22/03/2026
22/03/2026
17/03/2026

LA GUERRA IMPERIALISTA Y SUS CAUSAS

Omar Carreón Abud

Trataré de exponer algunas de las formas en las que aparece la crisis actual por la que atraviesa el planeta entero y, por supuesto, como una parte integrante, nuestro propio país. Me ocuparé de la más notoria, brutal y peligrosa de ellas, la agresión de Israel y Estados Unidos a la República Islámica de Irán. Uno de los sabios revolucionarios más citados, Carlos Marx, escribió unas palabras premonitorias sobre la Guerra Franco-Prusiana que quedaron para la posteridad en el Segundo Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la Guerra Franco-Prusiana (1870) y que son las siguientes: “La espantosa guerra actual (sería) sólo el anuncio de nuevos conflictos internacionales todavía más mortíferos y (conduciría) en todos los países a nuevos triunfos de los señores de la espada, de la tierra y del capital”. Y así ha sido hasta ahora. La agresión a Irán es otro conflicto “todavía más mortífero”, es una guerra imperialista en toda la extensión de la palabra. El imperialismo, desde que hizo su aparición en la sociedad humana a fines del siglo XIX cambió radicalmente al mundo. No tiene a la guerra como un episodio sino como su forma permanente de existir con ciertos momentos de relativa paz que utiliza para prepararse y continuar haciendo la guerra. Ya Carlos Marx no veía aquel enfrentamiento como una desavenencia pasajera sino como la esencia funesta del capital.

El modo de producción capitalista por el que atraviesa actualmente la humanidad, existe porque una escandalosa minoría de individuos se apropia del trabajo de inmensas masas de seres humanos manteniendo como su propiedad privada exclusiva los medios de la producción, es decir, las materias primas que ofrece la naturaleza a todos y los instrumentos para transformarlos que han sido creados por el esfuerzo y la inteligencia del género humano.

En virtud de que la riqueza sólo la produce el trabajo, a la exigua minoría privilegiada le interesa particularmente poner en acción a la fuerza de trabajo y pagarle su valor, o sea, entregarle a cambio sólo lo que necesita para sobrevivir y reproducirse, pero eso no significa que no la explote ya que lo que produce la fuerza de trabajo, es un valor mucho mayor que lo que ella misma cuesta. Esa diferencia, no pocas veces inmensa, es la ganancia del capitalista (que los especialistas llaman plusvalía) y constituye también la forma de acrecentar su capital invertido (que los especialistas llaman acumulación).

¿Cuándo se detiene este proceso? Nunca. Si se interrumpe, el capitalista desaparece. Ni siquiera se puede frenar o hacer más pequeño porque el capitalista en cuestión sucumbe ante la competencia de los capitales que sí crecen incesantemente. Como se deduce de lo dicho, la necesidad de disponer de fuerza de trabajo en abundancia es constante y es vital, lo mismo sucede con las materias primas y las condiciones (tierra, agua, etc.) que proporciona la naturaleza, pero como todo esto en los Estados-nación que existen está limitado, la urgencia de apropiárselos por la fuerza, es condición básica de sobrevivencia del capital y lo empuja a su etapa imperialista.

¿Qué pretende, pues, la embestida de los capitalistas de Israel y Estados Unidos a la República Islámica de Irán? Uno. Recursos naturales, principalmente petróleo y gas natural; Irán tiene el 10 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y el 15 por ciento de las de gas natural y es inmensamente rico en cobre, hierro, zinc, plomo, carbón, cromo, manganeso, azufre, oro, etc. Dos. Fuerza de trabajo; la población actual de Irán es de 92.3 millones de habitantes y hay 64.7 millones de personas en edad de trabajar (de 15 a 64 años) que, según lo dicho, para el capital, puestos a trabajar son una inmensa cantidad de plusvalía para devorar. Tres. Población que es también para el capital y sus intereses una masa inmensa de consumidores que puede mejorar sustancialmente la posibilidad de hacer realidad la plusvalía contenida en las montañas de mercancías que produce diariamente el capital.

No es todo. Irán tiene una ubicación extremadamente importante en el mundo para hacer posible, barato y rápido, el movimiento de las materias primas, los medios de producción, las mercancías terminadas y las tropas que cuidan los intereses de los imperialistas. Se encuentra entre el occidente por un lado, y Asia y el extremo oriente, por el otro; en la salida por tierra de China (el gigantesco competidor del imperialismo) hacia Europa, en la moderna ruta de la seda; Irán está al sur de Rusia (otro gran competidor del imperialismo), muy cerca de Turquía y el Cáucaso; se encuentra también -estrecho mar de por medio que se conoce como el Golfo Pérsico- frente a importantísimos países productores de gas y petróleo que surten a diario a los países capitalistas y cuyos grandes buques tienen que transitar por el Estrecho de Ormuz, angosto paso de unos cuantos kilómetros de ancho. Irán es pues una joya geoestratégica.

Con algunos de estos datos a la mano, ¿quién creería a Donald Trump cuando en una entrevista telefónica publicada el 27 de febrero en el diario Washington Post, dijo: “Todo lo que quiero es libertad para esa gente (el pueblo iraní)… Quiero un país seguro" y, a la luz del tiempo trancurrido en la guerra y los acontecimientos que se han podido conocer, tampoco van resultando creíbles las declaraciones que hizo cuando dijo que se trataba de "una pequeña excursión" para "deshacerse de gente malvada" y que "si hacen algo malo, sería el fin de Irán y nunca más se volvería a oír su nombre". ¿Quién va ganando la guerra? Muy difícil decirlo en estos momentos porque la censura de la información es severísima, casi sólo se difunde la versión triunfalista de los medios occidentales. Se sabe que Irán ha sufrido pérdidas espantosas, su líder máximo, el Ayatolá Alí Jamenei y buena parte de su familia y de los altos dirigentes iraníes, fueron asesinados por proyectiles de precisión disparados a distancia y, entre otros crímenes horrendos, alrededor de 180 personas, en su mayoría niñas de entre 6 y 12 años, además de varios maestros, fueron masacrados en su escuela también por otro proyectil. Más crimenes norteamericanos de una larguísima lista.

Pero, según ha trascendido, Irán resiste. Arrasó las bases militares de Estados Unidos en buena parte de los países del Medio Oriente y su personal tuvo que ser reubicado, mantiene cerrado el tráfico de barcos petroleros en el Estrecho de Ormuz y, por tanto, los precios del petróleo en el mercado mundial han subido de manera preocupante, así como el precio de la gasolina que se vende en las estaciones de servicio de Estados Unidos.
La guerra ha costado ya a los contribuyentes norteamericanos, sólo en la primera semana, más de 11 mil 300 millones de dólares, según informes del Pentágono al Congreso y, según los columnistas Jeffrey Feltman y Mara Karlin del New York Times, está claro que Washington no esperaba la magnitud de la respuesta de Irán a la agresión en su contra. Consecuencia negativa inevitable (entre otras): buena parte de la población norteamericana está en contra de la guerra y la posición de Donald Trump se deteriora cada día que pasa.

¿Qué circunstancias han orillado a Estados Unidos a adoptar una política más agresiva contra varios países, incluido el nuestro, que tiene hasta ahora como su máxima expresión la agresión armada contra Irán? La dinámica del capital, la compra de fuerza de trabajo por debajo del valor que produce y la necesidad ineludible de ampliar constantemente esta brecha, lo han obligado a introducir cada vez más maquinaria y tecnología en las empresas para aumentar la productividad. Sólo que esto implica necesariamente la disminución de los obreros empleados y ahora cada vez menos obreros tienen que generar una ganancia mayor por unidad de capital invertido, lo cual ha sido posible durante un tiempo, pero no se puede llevar a cabo indefinidamente.

La ganancia con relación al capital constante (maquinaria y equipo) está descendiendo de manera imparable. Le urgen al imperialismo materias primas y recursos energéticos más baratos o robados (como los de Groenlandia, de Venezuela o Irán), le urgen obreros baratos (como los mexicanos del nearshore) o que trabajen hasta doce horas o las dos cosas (como los de Argentina) y que consuman mercancías (por eso las ayudas para el bienestar y los aranceles y las prohibiciones a los productos chinos). Por eso el recrudecimiento de la violencia en nuestro país y por eso los ataques a la ya deteriorada democracia como el intento fallido (hasta ahora) de reformar la ley electoral. Suenan en los palacios imperialistas las alarmas en defensa de la ganancia, del aborrecible tiempo de trabajo no pagado, de los hombres que se enriquecen escandalosamente a costa del trabajo de otros hombres. El capitalismo está en su fase degenerativa o terminal, como usted guste, lo que no significa que su muerte sea inminente. De ahí sale la crisis, la política agresiva y la guerra. Organízate, defiéndete, lucha. No existe ninguna otra alternativa.

17/03/2026
16/03/2026

Guerra y matanzas: necesidad orgánica del gran capital
Por Abel Pérez Zamorano

La ideología dominante promueve la falsa creencia de que las guerras obedecen a causas subjetivas: ideológicas, religiosas o a desarreglos mentales de sus promotores; por ejemplo, hay quienes explican la Segunda Guerra Mundial por las fobias o complejos personales de Hi**er. Ciertamente, muchas guerras adquieren formas religiosas, como las cruzadas o la lucha de Juana de Arco contra los ingleses; incluso hoy se envuelven en una retórica religiosa, como la argumentación bíblica de Israel para masacrar al pueblo palestino. Pero las guerras tienen un origen esencialmente económico. En la comunidad primitiva, las tribus luchaban por territorios y recursos naturales, por un hábitat para sobrevivir; y aunque en la época imperialista esos motivos aún subsisten, fundamentalmente los conflictos son impulsados por la apropiación de plusvalía: su naturaleza es capitalista, clasista.

Cuando nació la propiedad privada y se escindió la sociedad en clases, surgió la lucha entre ellas y apareció el Estado, dispositivo político cuyo fin es proteger a la minoría privilegiada contra la mayoría desposeída y hambrienta. Es un error frecuente y un espejismo que el Estado tiene como misión velar por el desarrollo de toda la sociedad. No es así. Como dijo Marx: “El poder político del Estado moderno no es más que un comité que administra los negocios comunes de toda la burguesía”. Es un instrumento del poder económico.

Y nació así la política: la lucha entre clases sociales o sectores de clase por conquistar y preservar el poder: el control del Estado, propiamente del poder político, para gobernar a toda la sociedad, imponer y aplicar leyes, controlar las fuerzas armadas y la burocracia. También el erario y su distribución, todo guiado por un interés de clase. Si los ricos gobiernan, el presupuesto se distribuirá en su provecho, precisamente como hoy ocurre en la mayor parte del mundo; si los trabajadores controlan el Estado, los recursos públicos se distribuirán, principalmente, en su beneficio. Sin clases sociales no existirían ni el Estado ni la política.

Pero la lucha de clases trasciende las fronteras de cada nación. Se impone en las relaciones internacionales, donde los países ricos someten a los pobres. Y así como dentro de cada país, cuando fallan los medios de control político, el Estado capitalista reprime con las armas a las clases oprimidas, igualmente entre países, los más poderosos someten mediante la guerra a los débiles para saquearlos. “La guerra es sólo la continuación de la política por otros medios”, dijo Carl von Clausewitz.

Así que hoy, decir que a Donald Trump le mueven motivos personales, su megalomanía, su espíritu vengativo o el chantaje de los sionistas, es ocultar el verdadero motivo de sus agresiones, concretamente: el saqueo de materias primas de países débiles y la búsqueda de nuevos y más amplios mercados. Y es que en éstos se realiza la plusvalía, mediante la venta, y si ésta no ocurre, la plusvalía permanecerá en potencia en las mercancías. Esto motiva todas las agresiones de Estados Unidos (EE. UU.), con Trump y sin Trump.

El imperio aduce mil y una excusas para atacar otros países, a Venezuela por los supuestos cárteles, o a Irán con el invento de que fabrica armas nucleares. Cualquier alegato sirve. Su veracidad no importa. Anteriormente, los demócratas en Washington pretextaron que en Irak, Hussein poseía armas de destrucción masiva; o que en Afganistán se destruía la cultura; o en general, que tal o cual país no es democrático, caso de Libia, donde el coronel Gadafi era dibujado como cruel tirano que merecía ser asesinado. EE. UU. lo hizo, hundiendo al país en el caos, como describe el periodista John Lee Anderson en su libro Crónica de un país que ya no existe: Libia, de Gadafi al colapso. A todos esos países EE. UU. debía llevarles “su democracia”, aunque fuera chorreando sangre y montada en un misil.

Y estas guerras capitalistas en busca de más plusvalía las paga la clase trabajadora con dolor humano, pues quienes sufren los mayores efectos son los pobres: ellos son la verdadera carne de cañón (por cierto, en EE. UU. ha crecido en las redes sociales el reclamo de que el hijo de Trump se enrole en la guerra contra Irán).

El pueblo paga literalmente con sangre estas guerras, como ocurrió con el as*****to de niñas (con misiles Tomahawk) en una escuela primaria en Minab, al sur de Irán. Lo dice la prensa estadounidense misma: “Restos de un misil procedentes del mortífero ataque contra una escuela primaria iraní el 28 de febrero –que causó la muerte de 175 personas [debe decir niñas]– presentan las marcas de un arma estadounidense, informa The New York Times tras analizar unas imágenes del mismo […] Según concluyó NYT, los fragmentos contienen números de serie y otros datos coherentes con la forma en que el Departamento de Defensa de EE. UU. y sus proveedores clasifican y etiquetan las municiones” (RT, 10 de marzo). Y el crimen no se debió a un error. En palabras de la relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, Agnès Callamard: “No hay duda de que la escuela iraní fue blanco de un ataque de EE. UU. Esto constituye una violación absoluta del derecho internacional” (HispanTV, 11 de marzo).

Pero el pueblo también paga las guerras –en este caso el estadounidense– al verse privado de recursos que podrían mejorar su vida si se aplicaran con un criterio humanista. “Los costos iniciales y directos de la guerra contra Irán ya superaron los 10 mil millones de dólares para EE. UU. hace apenas unas horas” (HispanTV, 10 de marzo). Más lo que se acumule. Con ese dinero, cuántas viviendas podrían haberse construido para los estadounidenses sin casa; cuántos hospitales para atender a los más de 27 millones sin seguro médico. En lugar de gastar en potentes misiles, radares gigantes y portaaviones, podría progresar la investigación médica, o bien otorgarse becas para los 45 millones de estudiantes que adquirieron créditos para cursar una carrera, y cuya deuda total asciende a 1.7 billones de dólares.

En la Unión Europea, el pueblo pone también su cuota de sufrimiento para pagar la guerra de sus capitalistas. Por castigar a Rusia, Europa prohíbe la compra de gas y petróleo rusos, imponiendo a los europeos una fuerte inflación y más pobreza al pagar energéticos más caros impuestos por EE. UU. Hoy, el aumento en el precio del petróleo a más de 100 dólares por barril genera inflación, pues si suben los energéticos, sube todo; pero quienes terminan pagándola son los consumidores, pues los empresarios no absorben los altos costos: los trasladan al precio final de los productos.

Como conclusión, y volviendo a lo dicho al inicio, mientras haya clases sociales y países pobres y ricos, habrá guerras, acicateadas en el imperialismo por la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en los países ricos. Al emplear más tecnología aumenta la llamada composición orgánica del capital, pues desemplean trabajadores, únicos productores de valor (las máquinas no producen valor nuevo), y esto lo resuelve el capital, en parte, mediante guerras para obtener materias primas y energéticos más baratos, o buscando reducir costos por la fuerza, como en el cruce del Canal de Panamá en condiciones privilegiadas.

Tampoco se alcanzará la paz porque en EE. UU. en lugar de los republicanos gobiernen los demócratas. Está probado: ambos son las dos caras de una misma moneda, el imperialismo rapaz. Tan asesino es Trump como Biden u Obama. Todos cumplen el papel que el sistema les impone. En el fondo, el criminal de última instancia es el gran capital. Los otros son viles ejecutores, sus sicarios.

La paz imperará sólo cuando se eliminen las condiciones que hacen inevitable la guerra, a saber: la existencia de clases sociales con intereses antagónicos y la vertiginosa acumulación de la riqueza. El ansia creciente de acumulación no es tampoco cuestión de pura sicología de los grandes capitalistas: ellos sólo son operadores del capital, los sacerdotes de ese auténtico Moloch eternamente hambriento de plusvalía. Sólo en una sociedad equitativa, de verdaderos hermanos, sin pobres ni ricos, donde todos los seres humanos puedan satisfacer a plenitud sus necesidades, no habrá motivo que empuje a matar por riquezas o para comer. Sólo entonces el hombre ya no será lobo del hombre.

desde Buzos de la Noticia

16/03/2026

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