Biblioteca Pública Municipal de Cuajinicuilapa 3527

Biblioteca Pública Municipal de Cuajinicuilapa 3527 Biblioteca Pública Municipal de Cuajinicuilapa, Gro., "Gral.

Francisco Atilano Santa María", colección número 3527 de la Dirección de Bibliotecas Públicas de Conaculta.

21/02/2026

PALABRAS DE NEGROS: LUIS G. INCLÁN DIALOGA CON ÁLVARO CARRILLO
(8 de octubre de 2024)

La primera novela mexicana la escribió un negro o, ¿debo decir “moreno”, “mulato”, “zambo”. “lobo”, “collote”, “pardo”, “prieto”? sureño; pero no “afrodescendiente” ni, mucho menos, “afromexicano”, ni, peor, “afromestizo”. Sobre la primera cosa que digo, cito, de segunda mano, a Carlos González Peña: «Nunca, y por manera tan espontánea, se ha reunido un repertorio tan vasto de palabras, locuciones y giros particularísimos del pueblo mexicano. Jamás novelista alguno nacional supo hacer hablar a sus personajes con la fidelidad y abundancia con que él lo hace; ni describió con tan nimio apego y vario colorido, mediante las peculiaridades del lenguaje, nuestros tipos y costumbres, nuestros paisajes, nuestras cosas nacionales y tradicionales». Por su parte, Victoriano Salado Álvarez escribió: «Lo que me cautiva y maravilla es su extraordinaria receptividad del lenguaje popular, al grado que no hay palabra, modismo o refrán o frase mexicanos que no se hallen en esta amena selva de nuestro desarrollo lingüístico, al través de nuestra historia de cuatro siglos». Ambos dos están copiados por este escribano del tomo I de la edición de Manuel Sol de la novela “Astucia. El jefe de los Hermanos de la Hoja o los charros contrabandistas de la Rama. Novela histórica de costumbres mexicanas con episodios originales”, del Fondo de Cultura Económica.
En la edición que hizo de esa novela, Salvador Novo sostiene: «Los personajes de Inclán son mexicanos. Él mismo es sus personajes. Porque habla su lenguaje; porque se ha impregnado en su forma, ha sido capaz de asimilar, y de polarizar, su espíritu… Inclán ejerció con valentía el concomitante derecho literario a emancipar el instrumento de su expresión, como, y al mismo tiempo que, emancipaba a sus sujetos de una dependencia española de la cual, en forma y espíritu, novela y personaje, lengua y caracteres, esencia y presencia, conservarían tan sólo aquello que en sangre y lengua España había aportado a la gestación de ese hijo suyo nacido en un nuevo mundo que era ya, igual y diferente, al mexicano».
Mestizaje del lenguaje, materializado en ese momento en la novela Astucia: del castellano-arábigo-andaluz (en la dominancia), pasando por el sustrato del náhuatl (lengua franca, utilizada por los colonizadores para hacer entender lo suyo) y otras lenguas originarias hasta el español novohispano, y, al final, el “dialecto” mexicano que acompañó el movimiento de independencia (territorial, jurídica, política, económica e ideológica, cultural e idiomática, etc.) de lo que se llegó a llamar la América Mexicana [«El movimiento insurgente, antes de 1814, no daba mucho crédito al nombre de México. “América” era el término más empleado, sin embargo, el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, sancionado en Apatzingán el 22 de octubre de 1814, además de ser el primer código constitucional y declarar la absoluta independencia respecto a España, delimitó y nombró una entidad formada por las provincias de México, Puebla, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán, Oaxaca, Michoacán, Querétaro, Guadalajara, Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Sonora, Coahuila, Nuevo León y la nueva provincia de Tecpan, llamándola la “América Mexicana”, dicen los INHERM]». Lenguaje mestizo y amestizándose por siglos… hasta nosotros. No sé si esta novela la leyó el moreno Rubén Mora, pero en la obra de éste hay, digamos, reflejos de aquel. O si la leyó el negro Álvaro; pero, bueno, en unos más párrafos abordaremos a este padre costeño nuestro, tata Álvaro.
En lo segundo, quienes han estudiado esta novela refieren que la madre de don Luis Gonzaga Inclán era la «mulata sureña» (precisa Salvador Novo) María Rita Goicochea, quien vivía en Tlalpan, a mitad del siglo xix. Y, de don Luis se menciona «su color moreno», que era «moreno de color», según testimonio de González Peña, citado por Novo. Esta novela, de un montón de páginas, extensa, es, a mi juicio, una primera piedra negra (valga la expresión) en el mestizaje novohispano que derivó en lo mexicano, en lo de uno y en lo de todos nosotros, y cuyos hechos sustanciales siguen siendo, existiendo, teniendo continuidad, por ejemplo, en la obra del costeño ¿negro? Álvaro Carrillo Morales, el sureño negro de la Costa, también hijo de una “mulata” o “morena” o “negra” o “prieta”, bunitilla, de “color quebrado”, nativa de Fuchitán, de nombre Candelaria Morales.
Escuchando las chilenas de don Álvaro, le parece a uno que está en el mismo mundo de don Luis Gonzaga, que hay una accidentada continuidad en los tiempos (años, siglos) transcurridos en este territorio nuestro: aunque la mayoría de las peripecias de su novela las ubica en Michoacán, éstas pertenecen al ámbito sureño, que incluye parte de ese estado (Tierra Caliente), más el de los actuales Morelos, Guerrero y Oaxaca, zona de intenso y extenso mestizaje afroindio (uso esta palabreja actual —neologismo de uno— por no encontrar otra que se le acomode, la que ha sido y es y está siendo y será la sustancia —si fuera válido tal término, y no sólo término, sino sitio de paso— de lo “sureño” o lo “costeño”). Esta zona fue escenario importante en la lucha de los negros novohispanos por la libertad (no, a la esclavitud; ni al sistema de castas —no, al racismo, dicho esto en términos actuales) y por la independencia (la creación de un nuevo país, la América Mexicana, sin pertenecer ni estar siendo sojuzgada por la élite de la España: la Corona y la Iglesia Católica, Apostólica y Romana), encabezados los independentistas por los negros José María Morelos, Vicente Guerrero y Juan Álvarez, entre otros, quienes inicialmente impulsaron la creación de un territorio independiente y autónomo (con la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan, por decreto de Morelos, el 18 de abril de 1811) para los afroindios aquellos, que también somos nosotros. Anoto aquí, de pasadita, al mixteco-negro amestizado Juan del Carmen, de Rancho Cuanachinicha, lugarteniente del negro Vicente.
La trayectoria de este mestizaje la canta, la subsume, la concentra, por ejemplo, en esta chilena, don Álvaro: « Éntrale, negra bonita,/ que te quiero ver bailar/ esta linda chilenita/ que te vengo a dedicar,/ pero cuida tu boquita,/ no te la vaya a besar.// Ándale, chiquita, que te quiero, mamacita;/ Ándale, preciosa,/ cachetes color de rosa.// Soy el negro de la Costa/ de Guerrero y de Oaxaca,/ no me enseñen a matar,/ porque sé cómo se mata,/ y en el agua sé lazar/ sin que se moje la riata.// Cierto, que echo mis habladas,/ pero Sóstene’ me llamo./ A mí nadie me hace nada,/ como quiera yo las gano;/ y no hay ley más respetada/ entre todos mis paisanos/ que un machete entre mis manos.// Mi padre fue gavilán y yo nací ticos-tico;/ soy como el tarran-tan-tan/ que ‘ondequiera pego el pico:/ la polla que a mí me gusta,/ yo le echo el ala y la piso».
Los personajes centrales de “Astucia” son así: diestros en guerrillas, armados con machetes, de a caballo, temerarios, guapos y valientes, indómitos, autónomos, diestros vaqueros o “charros”, justicieros, cuyos antepasados guerrearon como independentistas (los protagonistas, al lado de los Rayón), afectos a los fandangos (músicos, bailadores y verseros), a las peleas de gallos (“palenque”, término éste ligado a la pulsión de los negros africanos esclavos por huir de la esclavitud y refugiarse en zonas inaccesibles), al rodeo (m***ar vaquillas y torear toros, mostrar sus habilidades en el manejo de la reata y el caballo, etc.), enamorados, y más.
Al describir al protagonista Lorenzo Cabello en su identidad del charro “Astucia”, quien encabeza el grupo de —digamos— autodefensa de los vecinos del Valle de Quencio para combatir a los delincuentes que los asuelan, ante la autoridad estatal que lo busca para que le rinda cuentas, el propio “Astucia”, fingiéndose otro, se auto describe así: «…es teniente coronel efectivo con grado de coronel, soldado viejo que ha ganado sus ascensos con su sangre, todo su cuerpo está lleno de horrorosas cicatrices; fue desde la insurrección el dedo chiquito del general Guerrero y es un verdadero liberal». Y, líneas después, precisa: «…es un hombre muy campechano, nada patarato y, como bueno sureño de los de por allá abajo, pocas palabras y machetazos de derecha e izquierda». Pero el reconocimiento y la admiración que Inclán, a través de sus personajes, manifiesta hacia el negro Vicente Guerrero continúa: El gobernador de Michoacán, una vez que lo enteraron de los hechos anteriores, exclama: «Pues entonces ya merece más atención; basta que sea de la escuela del general Guerrero, porque ése fue el mejor liberal de buena fe y firme defensor de nuestras garantías». A pesar de ello, quienes han estudiado esta novela aseguran que Inclán no se metía en política. Pa’ mí que era un liberal y federalista. Sigamos.
En ese juego de “Astucia” para entompetear al gobierno, hay en personaje menor, “El Chango”, que lo acompañará en el transcurso de las acciones de la última parte de la novela hasta el final; incluso, Inclán transmuta sus papeles, sus identidades, los hace cuates, es decir, gemelos: el uno es el otro, y viceversa, como parte de ese juego. La filiación que dan a la autoridad como de “Astucia”, es la de “El Chango”: «…un hombre de más de cincuenta años, nacido por el rumbo de Acapulco, cargado de hombros, con el pescuezo muy corto, chaparrón, cojo de la pierna izquierda, pelo crespo, cerdoso y cano; frente muy estrecha, ojos enchilados, nariz aplastada y de anchas ventanas, boca grande, con labios carnosos amoratados, barba poca, color trigueño oscuro, con algunas manchas de pinto azul y sumamente hoyoso de viruelas». Seré muy imaginativo, pero en varias de esas señas se parece a tata Álvaro. También, a Amparito, quien, a la postre será la mujer de “Astucia”, le mera mención de éste «le llamó la atención, chocándole el tal nombre de Astucia, suponiéndolo como sureño, un negrote de esos medio desalmados y ladinos». Después, al padre de ésta, nombrado ya gobernador, cuando pregunta «¿Qué casta de hombre será ese coronel?», le responde “Astucia”, quien se finge otro y se disfraza ante él, sin ser identificado, a pesar de ya haberlo visto antes: «Un sureño de esos macheteros que todo lo componen a tajos y puntazos, según nos han dicho». En acción, el filoso machete costeño.
A “El Chango”, Inclán le da el oficio de cocinero de su jefe y su familia; antes, fue arriero bajo el mando de los charros traficantes de tabaco, y guerrillero como ellos: «Mientras que Amparo cuidaba a su esposo, El Chango fregó sus trastes y acomodó su recaudo y demás cosas para no dejar nada olvidado». En algún momento, invitan a comer al gobernador: «El gobernador llegó cansadísimo al cerro de la Culebra, tirándose a descansar en la cama que halló dispuesta, donde se durmió un buen rato; de modo que no sintió cuando llegó El Chango muy cargado de botellas y recaudo: Luego luego tiró la cotona y se puso a cocinar, disponiendo la comida». Después de “taquear”, el invitado indaga por el cocinero; le dice Simón quién es: «No es extranjero, es criollo… De por Oaxaca». O séase que se es, paisano de uno. También, más tarde, el papá de Amparo habrá de pedir: «…que le vayan dando nueces encarceladas a los guajolotes para tomar el mole de manos del Chango, que para eso se escupe la mano y uno se chupa los dedos».
Además, Inclán lo pondrá de pilmamo: «El Chango lavaba sus pañales, planchaba su ropita y desempeñaba de pilmama…». Y, tanto “El Chango” como Simón (otro leal servidor de “Astucia” y de su familia) enseñaban al niño, a quien apodaron “El Changuito”, a ser «un buen charro de a caballo» y a manejar el machete: Su mentor lo instruía así: «…échale un corte a ese bicho, Changuito —y el niño meneaba su bracito como si tirara un machetazo—; dale un puntazo —y también hacía el movimiento o, si le daban algo con que ofender, lo hacía de veras—». Y, en eso del machete como arma, incluso, llega Inclán a aludir a “un corte costeño”.
Hay otros tópicos de nuestro mestizaje en esa novela, como las mujeres de a caballo, ahombradas, machorras, marotas, diestras en el uso del caballo y otras actividades presuntamente masculinas. Recuerdo aquí los versos de don Álvaro, en Canto a Costa Chica: «amo el simulacro de las capitanas», esas mujeres que suelen m***ar en la fiesta de Las Capitanas, en la que se amestizan el oficio de vaquería de los negro-indios costeños y el catolicismo en la figura de ese hombre que m***a a caballo y carga machete y aniquila a sus contrarios, el Santiago “Matamoros” o “Mataindios” traído de la Península Ibérica, pero, ahora, asumido como propio, de uno, nuestro, nosotros mismos. Pero, ésas son otras señas de nuestro mestizaje, que veremos después. Por el momento, habrá que leer ese poema de don Álvaro y, por supuesto, como dice Salvador Novo acerca de la novela Astucia: todo mexicano debe leerla.

AÑIDIDO:
El Imperio azteca era principalmente un Estado joven que no había integrado las ciudades y etnias conquistadas (La única acción consciente para integrar las ciudades conquistadas era la llamada «hipogamia», una política de alianzas matrimoniales que consistía en dar como mujer al soberano de la ciudad conquistada una princesa de linaje real.) y que tenía enemigos hostiles, en ocasiones muy bien aguerridos, como, por ejemplo, las ciudades del Valle de Puebla, los señoríos huaxtecas, el Imperio tarasco y los reinos de Tututépec, Metztitlan y Yopitzinco.
(Tomado de “La verdadera visión de los vencidos”, de Antonio Aimi.)

21/02/2026

El habla del negro costeño

El habla nuestra (criolla de la Costa Chica) oscila entre lo payo y lo físico. La calificación de payo en el hablar se refiere a que se habla de modo directo, sin adorno, de manera rústica, espontánea y directa; habla de vaquero, de campesino, de pescador, de gente que vive en cuadrilla o en el monte, de personas que no tienen instrucción de escuela. Por lo contrario, hablar físico se refiera al modo en cómo algunas personas pretenden “corregir” el hablar payo, por considerarlo un mal hablar, de gente atrasada, rústica, ignorante; es una ultracorrección en el hablar, la que consiste en gran medida en la sustitución de la “j” por la “s” en muchas palabras presuntamente pronunciadas de manera incorrectas; incluso, la “s” se utiliza en exceso, agregándola a palabras que no la tienen, con fines de hablar bien, con el que se pretende neutralizar el uso generalizado y cotidiano del hablar payo.
Aguirre Beltrán distingue dos formas dialectales en nuestro modo de hablar, poniendo de relieve el hablar de negros, que él caracteriza como habla rural:
«El empleo de estos vocablos y de las formas dialectales cuileñas son propias tanto del 'sermo urbanus', como del 'sermo rusticus'; sin embargo, en el habla rural, particularmente en la lengua que usan para su comunicación los habitantes de las pequeñas cuadrillas, las diferencias respecto al español europeo y mexicano son mayores».
Para don Gonzalo, el sermo rusticus era predominante a mediados del siglo en Cuijla o Cuajinicuilapa; de él dice que «es una forma dialectal del español», y precisa que es muy similar al español nuestro de cada día: «El español de Cuijla, en verdad, no se aparta demasiado del lenguaje corriente en el resto del país y tiene grandes semejanzas con las formas dialectales descritas en las regiones de México y de América Latina donde el predominio de la población africana influyó decisivamente sobre el idioma de los Conquistadores».
Pero, por otro lado, reconoce que también tiene diferencias, las que consisten en: «variaciones significativas y bastantes para sorprender a todo aquel que establece comunicación con los integrantes de la comunidad». Significativas, y esto lo sabe uno, sobre todo cuando sale de su territorio e ingresa a comunidades urbanas, donde suelen hacerlo notar y calificarlo como parte de un mal hablar, de falta de cultura, de ignorancia, de atraso. Habla de negros. Discriminación, racismo.
También, don Gonzalo hace un recuento histórico de éste que llama fenómeno lingüístico, el cual se fundamenta en dos circunstancias, de entre todas las que que lo produjeron:
«Una, constituida por el aislamiento en que permaneció la zona desde los años de su doblamiento hasta muy reciente data. Otra, por la variabilidad de lenguas habladas por quienes fijaron su residencia definitiva en la planicie costanera. Desaparecidos los indios y el idioma quahutecas, a fines del siglo xvi, la repoblación se realizó a base de negros procedentes de muy distintos lugares de África y, en consecuencia, de muy diversas lenguas».
Es decir, el habla de negros, el habla criolla de la región data de siglos y tiene una base intercultural, siendo predominante el castellano:
«En vista de tales circunstancias, la imposición del idioma castellano debe haber tropezado con muy pocas dificultades. Ante el caos lingüístico de la Esclavonia, el español devino una lengua franca que permitió la fácil e indispensable relación entre blancos, negros e indios […] El contacto de lenguas de estructura distinta introdujo, desde el primer momento, modificaciones sustanciales en el idioma adoptado o impuesto como oficial. A medida que la situación local fue estabilizándose, al disminuir y cesar los aportes migratorios africanos, los cambios lingüísticos tendieron a la consolidación. Ello permitió a las nuevas generaciones recibir y transmitir un español modificado que ya no había de sufrir, en el transcurso de tres centurias, mayores alteraciones; según se infiere de la persistencia de formas verbales arcaicas que dejaron de tener uso en España en el siglo xvi y en la Nueva España en el xvii.
Esa base intercultural, manifestada en la mezcla y las transformaciones ocurridas a partir de las distintas lenguas, enriquecieron el castellano regional al favor de la adición de un cúmulo de vocablos de las lenguas indígenas —nahua, tarasca [sic], mixteca y africanas—. De estas últimas, ciertamente, en monto reducido». Esas voces, asimiladas a la fonética castellana, designan por lo común animales, vegetales e instrumentos de la tierra, o bien lugares habitados y otros accidentes geográficos.
Habla que alude a la tierra, al trabajo, al entorno ecológico, a las comunidades, a lo propio, a lo criollo, a lo nacido aquí, pues.
También, Aguirre Beltrán vaticina el probable devenir de esta lengua criolla, que conoció a mediados del siglo veinte:
«Los continuos contactos que a últimas fechas han venido tolerando los pueblos del municipio, con la penetración de la escuela y el establecimiento de blancos citadinos, está relegando y relegará cada vez más el habla local a un simple supervivencia. Cuando menos en aquellos aspectos del cambio idiomático donde las desemejanzas son aparentes».
Y ello ha estado ocurriendo en la Costa Chica en los últimos setenta años: el habla criolla, el habla de negros se ha ido relegando a comunidades de individuos adultos, viejos, que viven en localidades rurales, lejanas a las vías de comunicación, como la carretera y, ahora, el internet. Pero sus huellas, sus remanentes —ese índex— están superviviendo en la música de la región, a veces como palabras y expresiones antiguas y en desuso y otras, fosilizadas.

Algunas voces y expresiones criollas

A continuación se enlistan unas cuantas palabras, voces y expresiones del habla de negros de la Costa Chica, que están en pleno uso y se encuentran registradas en canciones relevantes de la cumbia y el bolero criollos, cuyos compositores y músicos utilizan como materia prima para sus letras, a través del cual convierten sus pensamientos, conceptos e imágenes en palabras, como puede verse en los conjuntos musicales Mar Azul, Los Magallones, Los Cumbieros del Sur, Los Donny’s de Guerrero y Los Karkik’s, por poner ejemplos harto evidentes, en expresiones como: Te fuijtej y me dejajtej, te juijtej y me dejajtej y te fijtej y me dejajtej; ¡Qué chulo!; tiró una risada; me echajtej al olvido; muda o cambia de ropa; por no saberse tantiar; arrancó corriendo; se ingre (de engreído); la cosa estuvo de que... En sustantivos y nombres propios como: ejcorpioncillo (reptil), tlachicón (árbol), cuinique (roedor), arrecho (eretizado), ranguñaso (por rasguño), defuensaj y dejuensaj (por defensas), guachoj y melitarej (por militares), na (contracción de nada), pedidor (el que pide a la novia), maroma y machincuepa (pirueta o voltereta), ramasama (botella), mama (por mamá), papa (por papá), cuchito (por armadillo), cumbiamba (fiesta), pa (contracción de para), maijtro (por maestro), embición (por ambición), Chejuita (por Chefita), fego (por fuego), corajudo (enojado), Pifanio y Pijuanio (por Epifanio), viernej (por viernes), fevej (por jueves), mañaj (por manías), fidicial (por judicial), Ometepet (por Ometepec), antonse (por entonces). Y en modos verbales como: garraron (por agarraron), feron y jueron (por fueron), volvido (por vuelto), fe y jue (por fue), guindar (colgar). Etcétera. Y en muchas más palabras y expresiones actuales, arcaicas y fosilizadas, que ahora no se incluyen, pero que se han recopilado.

El habla de negros, no sólo en la Costa Chica

Sobre el habla de negros en México, que el llama lenguaje afromexicano, John M. Lipski escribió:
«La población de origen africano en la mayoría de las principales ciudades mexicanas era considerable hasta vísperas de la independencia y en algunas ciudades—por ejemplo Acapulco, Mazatlán y Veracruz—la población negra era mayoritaria. Ya en el siglo xvi la población africana en México era considerable y para finales del xviii adquiría proporciones significativas en casi todo el país. Además de las importantes poblaciones africanas y afrodescendientes en las principales ciudades mexicanas, la Colonia contaba con las inevitables comunidades de cimarrones, algunas de las cuales han sobrevivido hasta la actualidad: Yanga, Mandinga, Cuajinicuilapa, aunque con poca presencia afromestiza. Las restantes comunidades afromexicanas se ubican en áreas geográficas poco visitadas en comparación con los grandes focos turísticos; se encuentran sobre todo en la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero y también en el interior del estado de Veracruz. Tal vez esto contribuye a la poca atención que ha recibido las características lingüísticas afromexicanas, en comparación con los estudios realizados en países más frecuentemente identificados con la diáspora africana: Cuba, Colombia, Venezuela, el Perú, etc. A pesar de la escasez de trabajos lingüísticos modernos existe un nutrido corpus de textos literarios que pretenden imitar el habla de los africanos en México desde el siglo xvii hasta comienzos del xx, que reflejan no sólo el habla del bozal —nacido en África, que hablaba poco español—, sino también la formación de variedades híbridas afrohispánicas adquiridas como lengua nativa en suelo mexicano. Por lo tanto conviene repasar el conjunto de representaciones literarias y manifestaciones contemporáneas del habla afromexicana, para situar las comunidades afromestizas mexicanas dentro del marco de la lingüística afroamericana».
Y precisamente hace eso, sitúa a comunidades negro-mexicanas dentro del marco de la lingüística afroamericana, aunque para el propósito nuestro, ya no es de interés inmediato. También se podrían incluir aquí las ideas del maestro García de León Griego, Antonio, contenidas en su libro El mar de los deseos. El Caribe andaluz, historia y contrapunto, porque también nuestra habla (de los habitantes de esta zona del Pacífico Sur) tiene que ver con ese Caribe. Pero, para ello, no hay ocasión.

29/01/2026
26/01/2026

, pero de 2014, falleció José Emilio Pacheco, poeta, narrador, ensayista y traductor fundamental de la literatura mexicana contemporánea, vinculado a la UNAM y al grupo Poesía en Voz Alta. Su obra reflexionó sobre el tiempo, la memoria y la fragilidad humana. Fue reconocido con el Premio Cervantes en 2009 y con el doctorado “honoris causa” por la UNAM en 2010.

Referencia: AGN, “La Jornada”, 27 de enero de 2014, Biblioteca-Hemeroteca Ignacio Cubas.
La Jornada

26/01/2026

💍✨ Bodas Colectivas en Cuajinicuilapa ✨💍

La Coordinación Técnica del Sistema Estatal de Registro Civil, en coordinación con el H. Ayuntamiento de Cuajinicuilapa Gro, que preside el M.C.E. Hildeberto Salinas Mariche, invita cordialmente a todas las parejas del municipio a participar en las Bodas Colectivas, una acción que busca fortalecer a las familias y brindar certeza jurídica a las parejas que decidan unir sus vidas de manera legal.

Este programa ofrece la oportunidad de contraer matrimonio civil de forma gratuita, en un ambiente de celebración y unión comunitaria, reafirmando el compromiso de las autoridades con el bienestar social y familiar.

👰🤵 Porque el amor merece ser celebrado y reconocido legalmente.

Para informarse y reflexionar.
24/01/2026

Para informarse y reflexionar.

La tinta, el libro y textos impresos son elementos patrimoniales extraordinarios y deben llevarse a las aulas para que las nuevas generaciones los conozcan, en especial porque cada vez menos gente lee, resaltó el académico de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza, España, Miguel...

23/01/2026

TIANGUIS AGRÍCOLA 🌱

El H. Ayuntamiento de Cuajinicuilapa, Gro que preside el M.C.E. Hildeberto Salinas Mariche
Te invita al Tianguis Agrícola, donde los Grupos sembrando vida del Municipio de Cuajinicuilapa, Gro, estarán ofreciendo plantas y árboles.

📅 Domingo 25 de enero de 2026
⏰ A partir de las 07:00 a.m.
📍 Plaza Cívica de Cuajinicuilapa, Gro.
✨ Habrá:
🌿 Plantas
🌳 Árboles
¡Ven, participa y apoya a nuestras comunidades rurales!

Sembrando Vida, sembrando futuro.

23/01/2026
«Así aquellos buenos varones, que tenían celos por las cosas de Dios y conforme a la razón, impusieron a las naciones de...
19/01/2026

«Así aquellos buenos varones, que tenían celos por las cosas de Dios y conforme a la razón, impusieron a las naciones de África una perpetua deportación y el durísimo yugo de la esclavitud»

Francisco Xavier Alegre.

19/01/2026

🌶️✨ ¡Aprende a elaborar chiles en escabeche! ✨🌶️

El H. Ayuntamiento de Cuajinicuilapa, Gro que preside el M.C.E. Hildeberto Salinas Mariche en coordinación con la Dirección de Diversidad Sexual y equidad de género te invita a participar en el curso de elaboración de chiles en escabeche, un espacio de aprendizaje, convivencia y fortalecimiento de habilidades productivas.

Durante el curso conocerás el proceso paso a paso, tips prácticos y técnicas tradicionales para preparar chiles en escabeche de manera artesanal y con gran sabor.

👉 Actividad dirigida a la comunidad en general, promoviendo la inclusión, el respeto y la participación igualitaria.

👨🏽‍🍳 Curso impartido por el Chef. Cesar Jose Herrera Herrera
📍 Cupo limitado
📌Requisitos:
▪️Copia del INE
▪️Copia de la CURP
▪️Copia del acta de nacimiento

👉 La inscripción es totalmente gratuita, únicamente cada participante deberá llevar su propio material para la elaboración.

📌 ¡No te quedes fuera y forma parte de esta experiencia!

Dirección

Cuajinicuilapa

Horario de Apertura

Lunes 9am - 3pm
Martes 9am - 3pm
Miércoles 9am - 3pm
Jueves 9am - 3pm
Viernes 9am - 3pm

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Biblioteca Pública Municipal de Cuajinicuilapa 3527 publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría