31/05/2026
Orgullo camino a casa💚🌟
ARENILLA
CARTA A MARIANA, CON UNA ESCRITORA
Querida Mariana: es una foto de privilegio, pero la acompaño con algunos comentarios. Estoy con Ana Sophia Ruiz Morales, niña de ocho años de edad, que es actriz de teatro y escritora. ¿Mirás por dónde andan sus vuelos de pajarita? Tiene ocho años de edad y, sin problema, trepa a escenarios y actúa. Debo contarte que Ana Sophia es nieta de Lety Ogando, directora de teatro, quien, desde hace muchos años, está metida en el ajo del arte.
Hace algún tiempo me enteré de la presentación de su primer libro “Mi mascota es un crimen” y quise tenerlo. ¡Ya se me hizo! Una de estas tardes me llamó Marisol, su mamá, y dijo que Ana Sophia tenía un ejemplar para mí. Llegaron a la oficina de Arenilla y ahí tuve el gusto de conocer a ambas, platicamos un rato. Como supondrás estuve contento. Ella (salvo alguien que me desmienta) es la primera niña comiteca que publica un libro. Ana Sophia estudia en el “Centro Educativo Integral Camino a Casa”, espacio donde el maestro Keneth Aminadí de la Cruz Trujillo alienta al estudiantado a leer y a crear textos. Al final del libro de Ana Sophia, Keneth dice, entre otros conceptos: “…al leer estas páginas, no sólo descubres una historia, sino que apoyas el crecimiento de una nueva generación de escritores…”. El mensaje, como mirás, es luminoso, porque, en efecto, al leer el libro de Ana Sophia disfruté la historia que ella creó (las ilustraciones son realizadas por la propia autora; es decir, no sólo es actriz y escritora, además es dibujante) y también advertí que Ana Sophia ya es parte de una nueva generación de escritores. Vos sabés que a mí me da mucha alegría constatar que al árbol de la creación comiteca le aparecen renuevos. Todos venimos de la tradición, reconocemos el trabajo creativo de los mayores, pero, de igual manera, sabemos de la necesidad de regar los gajos recientes para que crezcan sanos.
Desde que me enteré de la aparición de su libro, estuve tras las pistas. No fue necesario hacer más esfuerzos, porque me llegó de mano propia. Fue un privilegio. En la noche de esa tarde leí con atención la historia, la historia de un gato travieso que se llama Garfield y que un día tiene una idea no muy agradable: robar comida a los vecinos. Y por ahí se va la historia, no te la contaré. Es breve, pero tiene elementos sutiles muy interesantes. Tal vez por ahí está a la venta el libro. Aplaudo la motivación que el instituto da a sus alumnos y reconozco el apoyo que la familia le da a Ana Sophia, porque el ejercicio creativo no se queda en un mero divertimento, sino que avanza en la publicación y luego en la presentación. Como Ana Sophia tiene ya experiencia de actuar frente a públicos también se mueve como pececita en el agua en la presentación de su propia obra. Posee muchos dones, mismos que comparte. Celebro esas infancias maravillosas, sobre todo en una época donde la pantalla domina la visión de niños y niñas, Ana Sophia ya presentó su primer libro impreso, lo hizo con una historia sencilla, con dibujitos también naturales, espontáneos.
Ana Sophia ya puso la muestra, ya habló en nombre de su generación, las niñas y niños comitecos continúan la tradición cultural del pueblo. Somos un pueblo culto, luminoso, creativo, así lo confirma el acto que Ana Sophia realizó.
En todas las actividades que realiza el ser humano aparece la consolidación de ideas. El primer paso para cambiar el entorno es la concepción de ideas, pero éstas necesitan dar el siguiente paso y luego trepar otro escalón hasta llegar donde nadie lo imagina. Muchos niños y muchas niñas realizan trabajos escolares de creación que se quedan a dormir eternamente en las libretas que las consume el tiempo. Ana Sophia, con apoyo de sus cercanos, rescató el texto de la libreta y lo volvió libro (un libro con una edición muy fina, muy presentable, hecho a “la comiteca”; es decir, ¡bien hecho!). ¿Imaginás lo que sería el mundo comiteco si existiera un movimiento que fomentara la edición de libros infantiles, escritos por las criaturas talentosas de este pueblo? Ana Sophia ya comenzó. Cuando platiqué con ella vi en sus ojitos que ella sabe que su primer libro es apenas el inicio de una carrera que, sin duda, será exitosa. Vos y yo hemos platicado que las vocaciones se apuntalan con la observación, cuando una niña ve leer a un adulto y se topetea con muchos libros comienza a integrar estos objetos culturales a su día a día. ¿Es necesario que aparezcan sólo libros y se extingan las pantallas? ¡No! Es labor imposible en estos tiempos. Lo deseable es que en medio de la avalancha de pantallas, necesarias en la vida del siglo XXI, también estén en la canasta básica los libros impresos.
Posdata: sabés que procuro no usar palabras gratuitas, procuro que cada palabra sea justa. En este caso me siento orgulloso porque una pequeña paisana haya dado este paso en el territorio de los libros. Ojalá que algún día, por venir, esté en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, al lado de los más grandes creadores literarios.
¡Tzatz Comitán!