08/08/2026
EROSIÓN DE LA DEMOCRACIA:
Del silencio y el miedo a la captura del Estado.
La democracia no desaparece necesariamente de un día para otro. Muchas veces comienza a morir lentamente, cuando la ciudadanía deja de hablar, cuando la verdad es reemplazada por el miedo, cuando la corrupción se vuelve cotidiana y cuando quienes ejercen el poder dejan de rendir cuentas.
La erosión democrática es ese proceso silencioso mediante el cual el poder deja de estar controlado por las instituciones y comienza a controlarlas. El primer paso es el silencio. Una democracia necesita ciudadanos capaces de cuestionar, denunciar y exigir respuestas.
Pero cuando hablar tiene consecuencias, cuando criticar al poder genera miedo o cuando denunciar parece inútil, la verdad comienza a desaparecer del espacio público. El silencio sustituye la verdad por el miedo, y ese silencio termina protegiendo a quienes abusan del poder.
De ahí surge el ciclo de poder, corrupción e impunidad. Cuando el poder no tiene controles efectivos, puede ser utilizado para obtener beneficios particulares. La corrupción crece cuando quienes la practican saben que difícilmente serán castigados. Y la impunidad, al eliminar las consecuencias, fortalece nuevamente al poder que permitió la corrupción. Así, el ciclo se repite.
El problema se vuelve mucho más grave cuando la corrupción alcanza las propias instituciones y produce una captura del Estado. Ya no se trata solamente de funcionarios corruptos, sino de intereses particulares que consiguen influir o controlar decisiones públicas. Las instituciones que deberían proteger a la ciudadanía pueden terminar protegiendo a quienes tienen poder.
Es entonces cuando la erosión de la democracia se hace evidente. Porque una democracia no consiste únicamente en votar. También necesita libertad de expresión, instituciones independientes, justicia imparcial, transparencia, rendición de cuentas y ciudadanos libres para cuestionar al poder.
Lo más peligroso es que este deterioro puede avanzar poco a poco: una denuncia que se silencia, una institución que pierde independencia, un acto de corrupción que queda impune, una ciudadanía que comienza a tener miedo y un poder que aprende que puede actuar sin consecuencias.
La cadena es clara:
El miedo produce silencio; el silencio facilita la corrupción; la corrupción necesita impunidad para sobrevivir; la impunidad fortalece al poder; y cuando ese poder captura las instituciones, la democracia comienza a vaciarse desde dentro.
Romper esta cadena exige recuperar la verdad, proteger a quienes denuncian, fortalecer las instituciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.
Porque la democracia no comienza a morir cuando desaparece la última institución democrática. Comienza a morir cuando dejamos de defender las primeras. Y cuando la corrupción llega a controlar el Estado, el problema ya no es solamente la corrupción: es una democracia que está siendo capturada desde dentro.
Carlos Farías
Abogado de profesión; Especializado en Derecho Penal Federal.
Empresarial.
Ex Diputado.
Ex Fiscal Federal.
Ex Pje Com. Pjf
Ex Mil.