26/08/2026
169 AÑOS DEL AS*****TO DE DON MANUEL ÁLVAREZ
Fue Don Manuel Álvarez hombre de gran aceptación en el Colima del siglo XIX. Personaje acaudalado, nacido el 20 de septiembre de 1800, ocupó numerosos cargos públicos: Regidor, alcalde, Administrador de Rentas, Comandante del Batallón Militar, Jefe Político del Territorio y primer gobernador del Estado, dejando huella por su filantropía y su desprendimiento.
Había participado desde muy joven en el bando liberal y eso le concitó la enemistad de algunos conservadores. Tenía pocas semanas como gobernador, cuando al mediodía del 26 de agosto de 1857, -hace 169 años hoy-una sedición encabezada por Mariano Véjar y José Guadalupe Rubio, produjo enorme desorden en la ciudad de Colima, sublevando la Guardia del Hospital y doblegando tras breves disparos a algunos miembros del Batallón Comonfort, que se sumó al motín.
De acuerdo a las crónicas y documentos de esos años, a la una de la tarde de ese día, que llovía pertinazmente, el General Manuel Álvarez se había retirado del Palacio del Gobierno a su residencia en el cruce de las Calles 5 de Mayo y de la República -¿hoy Venustiano Carranza?-, y hallábase comiendo con su familia cuando escuchó los primeros balazos. Alarmados, algunos vecinos acudieron a avisarle al gobernador lo acontecido, quien sin dilación llamó a los empleados de la Aduana Marítima -que insólitamente estaba en Colima-, y montando su caballo se dirigió hacia el Palacio.
Para ese momento, los amotinados habían puesto libres a más de cien reos peligrosos de la cárcel de la ciudad y se parapetaron en las columnas del Portal de Brizuela. A caballo, el mandatario avanzó rumbo a la Plaza de Armas -hoy Jardín de la Libertad-, acompañado de decenas de voluntarios dispuestos a someter a los sediciosos. Sin embargo, al desembocar en la calle, sonó una descarga cayendo mu**to el gobernador en la esquina que forman las actuales rúas de Madero y Venustiano Carranza -justo en la esquina occidental del hoy Hotel Ceballos-, en el Portal Medellín.
El doctor Miguel Galindo relata en su libro "Colima en el espacio, en el tiempo y en la vida", que testigos del hecho le describieron la dramática escena: "Una "bala de onza" atravesó el pecho del señor Álvarez, cuyo cadáver quedó a media calle inundada por el agua de la lluvia, que lamía la sangre de la herida y la arrastraba corriente abajo".
Mu**to el valiente y queridísimo gobernante, los presos y los amotinados se lanzaron al pillaje aterrorizando la ciudad con sus desmanes.
Contradictoriamente entonces, un honrado conservador, Don José Washington de Velasco, organizó a casi un centenar de vecinos armados y sometió a los rebeldes devolviendo el orden y las garantías a la ciudad. Detuvo a los delincuentes y al tercer día fueron fusilados por detrás, como correspondía en ese tiempo a quienes atentaran contra el legítimo gobierno y contra la sociedad.
Por todo el país se lamentó la muerte del digno gobernante de Colima, que había sido uno de los artífices de la creación de nuestro Estado y que de sus recursos había hecho obras y donaciones muy importantes a la sociedad.
Fue, por tanto, el señor Álvarez un hombre muy estimado por su generosidad y su valor civil.
El señor Álvarez fue cabeza de una numerosa prole, siendo ejemplo de ello sus descendientes: la ex gobernadora Griselda Álvarez Ponce de León -su bisnieta-, el ilustre naturalista, botánico y zoólogo Miguel Álvarez del Toro, la distinguida abogada y notaria manzanillense Margarita Torres Huerta, el maestro Lucas Huerta Dueñas -ex alcalde y dos veces diputado por la capital del Estado-, el talentoso músico Federico Álvarez del Toro y el ex diputado federal y ex senador morenista, hoy Secretario de Educación, Mario Delgado Carrillo, por citar algunos.