28/05/2026
El negro y el escuadrón de la muerte; entrevista etnológica
Lejos de constituir un grupo oculto o invisible, es posible identificar con claridad a un conjunto de personas que cohabitan la estación de ferrocarriles en Ciudad Victoria Tamaulipas y sus alrededores, quienes se autodenominan “escuadrón de la muerte”. Esta denominación, asumida por sus propios integrantes, da cuenta de un sentido de pertenencia construido a partir de prácticas compartidas, entre las que destaca el consumo colectivo de alcohol como eje de sociabilidad.
Su presencia se extiende tanto dentro del territorio de la antigua estación ferroviaria como en distintas áreas de la colonia Héroes de Nacozari, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, configurando una ocupación constante del espacio.
Entre sus integrantes se encuentran personas con trayectorias laborales diversas, incluyendo pensionados de Ferrocarriles Nacionales de México, así como trabajadores en ocupaciones informales, como labores de vigilancia nocturna o servicios en comercios locales (abren la puerta del Oxxo).
La información presentada se construye a partir de testimonios de actores cercanos al entorno de la estación, particularmente de las familias de las vendedoras de alimentos, así como del propio Inés, integrante del grupo.
El señor conocido como el negro, nacido alrededor de los años cincuenta es un miembro activo del escuadrón de la muerte según cuenta tuvo dos hijos, uno asesinado siendo estudiante del Tec y otra que con orgullo refiere campeona esta tal de futbol y egresada de la carrera de Trabajo Social, según cuentan las vendedoras de comida de la estación no acudió al funeral de su hijo debido al alcohol y este hecho hizo que cayera aún más fuerte en el alcohol y se hiciera miembro activo del escuadrón, ya que refieren el señor Ines solo se juntaba con gente de los alrededores y termino viviendo ahí debido a este triste suceso.
Mantener una conversación “regular” puede ser un poco frustrante debido a que una cualidad de este grupo de personas es el contante estado de ebriedad y su calidad de indigentes.
Al tener una participación activa en la estación un comentario que se escucha frecuentemente es que la estación no es un lugar seguro por las noches, ya que los miembros del escuadrón de la muerte se desplazan libremente por el territorio, pero al preguntar por ejemplos de casos delictivos que hayan presenciado por parte de estas personas, reconocen no haber sido testigos de nada, cosa que se le puede atribuir a la discriminación y el estigma que puede generar una persona en estado de indigencia.
El negro o black demon, portando una playera con un mensaje sobre perreo con la que lo observe desde hace tres días, se rompe en lágrimas al casi mínimo tiempo de comenzar nuestra conversación, esto debido a que ha sido testigo de la muerte de sus amigos, por congestiones alcohólicas, pelas o insolaciones; el cebolla, el marquez, el manco, el trailero, entre otros, fueron solo algunos de los que vio morir, el mismo movió algunos de los cadáveres esperando recibir una respuesta, pero el hecho que es aún más doloroso es el comentar que nadie reclama esos cuerpos, nadie acude a un funeral, si llega a haber una muerte son las señoras trabajadoras de la estación las que llaman a las autoridades para auxiliar el proceso de los difuntos.
El negro solía trabajar en la distribuidora Carta Blanca, siendo repartidos y llevando el inventario, esto hasta que integro el escuadrón de la muerte hace treinta años.
Las viviendas del escuadrón de la muerte son al igual que muchas casas de la colonia héroes de Nacozari, hechas con materiales de las vías del tren, como maderas de la vía, vigas, (cosas para tapar el paso cuando pasa el tren), estas casas comunitarias se encuentran a la orilla de la vía del tren, en donde según comentan solo hay colchones en el piso y no cuentan con baños y aunque estas casas comunitarias construidas por ellos mismos existen, podemos encontrar durmiendo a los miembros del escuadrón de la muerte afuera del hospital civil, en las antiguas bodegas de la estación ferrocarrilera, o como refieren en donde los agarre el sueño.
La relación entre las vendedoras de alimentos y los miembros del llamado “escuadrón de la muerte” se configura como un vínculo ambivalente, atravesado tanto por prácticas de cuidado como por tensiones cotidianas. Por un lado, las vendedoras asumen, en ciertos momentos, un rol de acompañamiento informal, proporcionando alimentos, bebidas o incluso remedios tradicionales a base de hierbas, como la valeriana, utilizada para mitigar estados de ansiedad entre los integrantes del grupo.
Sin embargo, esta relación no está exenta de conflicto. De acuerdo con los testimonios recabados, también se presentan situaciones de fricción, como la apropiación de productos sin pago o interacciones percibidas como despectivas por parte de algunos miembros del grupo hacia las vendedoras.
Esta dualidad evidencia la existencia de una relación compleja que oscila entre el cuidado, la tolerancia y la negociación constante, configurando una forma particular de convivencia en el espacio de la estación.