30/05/2026
Mario Brito
"LAZOS DE MADERA Y SAL"
Mural realizado por Mario Brito
"Don Carlos Aguilera: Forjador de Barcos y
Doña Carmela Vera Pérez "La primera mujer constructora de barcos en la Isla del Carmen".
En la arena fina de Carmen,
donde el viento salobre canta,
y el mar besa a los astilleros
con su espuma que nunca descansa,
nació un varadero legendario,
de esfuerzo, madera y esperanza.
Don Carlos Aguilera Castillo,
con temple, saber y mirada franca,
Ingeniero Naval de corazón curtido,
levantó con sus manos la ancha
estructura viva de un taller marino
donde el alma del barco se abalanza.
Junto a la congeladora Ramírez,
en la calle 20 con calle 33,
rugían sierras, golpeaban martillos,
y el eco del deber se dejaba ver.
Diez calafates, carpinteros y ayudantes
seguían su mando con firme proceder.
Tres camas de reparación,
tres nidos para barcos heridos,
que mes con mes, como un ritual,
volvían al mar, fuertes, renacidos.
El Varadero Aguilera, enclave vital,
de la época dorada que hemos perdido.
En los años sesenta y setenta,
el camarón era oro en la red,
y Carmen, con flota grandiosa,
vivía de mar y de fe.
Varaderos, muelles y fábricas de hielo,
tejían la vida en un mismo laurel.
Doña Carmela Vera Pérez, su esposa,
cocinera de hogar y firme bastión,
tras la partida de Carlos en el 69,
tomó el timón con determinación.
Primera mujer entre hombres de acero,
fue capitana de su propia misión.
Junto a Angelita y Carmita, sus hijas,
navegó mares de sudor y valor.
Mujer pionera entre astillas y cuadernas,
en un mundo que exigía ardor.
Su historia, escrita entre trozos de madera,
es símbolo eterno de entrega y amor.
Y mientras una nueva generación de la familia Aguilera jugaban, los niños
entre montañas de aserrín y sol,
se forjaban también los sueños
de una Carmen con alma y control.
Casas de tejas marsellesas,
calles de arena, historia y rol.
Hoy que el petróleo reina en la isla,
y la pesca es un eco lejano,
recordamos a Don Carlos y su obra,
a esa familia y su empeño temprano.
Pues sin varaderos, ni barcos, ni esfuerzo,
no se escribe el alma del sueño carmelita.
Con las manos de los hombres de aserrín y sal,
que dieron nacimiento a muchas embarcaciones,
se forjó un tiempo glorioso de pesca inmortal, donde Ciudad del Carmen en forma de mujer, sostiene en su mano La Perla del Golfo, distintivo de nuestra historia, mientras un ocaso del día laboral se engalana de estrellas
tejiendo las más hondas tradiciones.
Porque en cada tabla, clavo y costilla de mar,
vive el pulso noble de sus generaciones.