13/11/2025
"ABANDONO PATERNAL... el monstruo que no fue amado”
Guillermo del Toro ha dicho que su versión de Frankenstein no trata sobre el horror, sino sobre la soledad. Detrás de la criatura marginada y del creador ausente se esconde una metáfora profundamente humana: la del abandono paternal. Cuando un hijo crece sin la mirada que lo reconozca, sin la presencia que lo sostenga, puede sentirse como un experimento fallido: hecho de retazos de historias, buscando desesperadamente un lugar donde ser visto sin miedo.
Desde la psicología familiar, Bowen (1978) explica que las heridas del abandono atraviesan generaciones, dejando una huella en los vínculos y en la capacidad de confiar. El niño no sólo pierde a un padre, sino también un espejo donde mirarse con pertenencia.
En psicoterapia —especialmente desde un enfoque familiar sistémico—, se trabaja la reconstrucción del relato personal: resignificar el dolor del abandono, explorar los modelos masculinos internalizados y permitir al paciente integrar una figura paterna simbólica desde el adulto que hoy es. Solo así puede surgir una nueva narrativa: la del ser humano que, sin padre, aprende a ser su propio sostén.
En psicoterapia humanista, acompañamos ese proceso no desde el juicio, sino desde la comprensión profunda: ayudando a la persona a reconstruir su propia identidad, reconociendo el dolor y transformándolo en significado.
En la psicología humanista y existencial, el abandono se traduce en una profunda carencia de validación y sentido, que puede derivar en enojo, vergüenza o dificultad para confiar. El psicoterapeuta Carl Rogers (1961) señalaba que la persona necesita un entorno de aceptación incondicional para poder reconciliarse con su historia y dejar de definirse por sus ausencias.
El verdadero renacimiento no ocurre cuando el “monstruo” deja de doler, sino cuando puede mirarse con ternura y entender que nunca fue el error… sino la ausencia la que falló.