07/01/2026
¿Sabías que hubo un tiempo en México en que tener televisión era un lujo y muy pocos podían dárselo?
Entre los años 50, 60, y 70, cuando alguien del barrio o del pueblo lograba comprar una televisión, su casa se convertía en punto de reunión.
Al caer la noche, las sillas salían, los niños se sentaban en el suelo y todos esperaban en silencio a que aquella televisión en blanco y negro se prendiera.
En algunas ocasiones se cobraban unos centavos, solo para ayudar con el gasto de la luz.
Otras veces, el dueño no cobraba nada. Abría la puerta y compartía la televisión simplemente por convivir con sus vecinos.
Cuando la pantalla por fin se encendía y aparecía la imagen, el silencio era total.
Aunque la señal fallara o la imagen no fuera muy clara, nadie se quejaba.
Ver moverse aquellas figuras era algo sorprendente, casi mágico.
Así se vivían las películas y los programas de aquellos años: juntos, con paciencia y emoción.
Hoy la televisión está en todas partes, pero hubo un México donde verla era todo un acontecimiento.
Porque hay recuerdos que el tiempo no logra apagar, aunque cambien las épocas.