23/06/2026
EL "HERRADOR" DEL PUEBLO: "MANUEL ANTONIO MARTÍNEZ RODRÍGUEZ"
Este es un pequeño tributo, para aquel hombre que con su oficio, contribuyó notablemente, al desarrollo de Pueblo Nuevo Viñas, relatada en una historia.
EL DIA QUE SEBASTIAN SANTOS LLEVÓ SUS BESTIAS AL TALLER DE DON MANUEL:
Sebastián Santos se despidió aquella mañana de su esposa, después de desayunar huevos tibios, frijoles con apazote y una taza de café amargo. De sus hijos, que aún estaban pequeños, lo había hecho en la noche, antes de que se acostaran.
Las sombras de aquella mañana, aún permanecían de luto riguroso, puesto que eran las tres, y con un candíl se alumbraban en el lugar que usaban para comer. Y con ese mismo candíl, se fueron a una galera donde pasaban la noche un caballo pinto y una mula parda, que usaría
para realizar el viaje.
Apenas un par de gallos habían cantado. Ensilló el caballo, y a la mula le colocó un aparejo, y sobre este, un costal con un poco de frijol.
No hubo besos de despedida, sino que Sebastiàn se concreto a decirle:
Hay te cuidás pué Gabriela. Te encargo a los patojos. Y así ella lo vio partir, mientras que con la mano derecha le echaba la bendición.
Y con el caballo por delante y la mula por detrás, empezó el largo recorrido hacia la cabecera municipal de Pueblo Nuevo Viñas por los escabrosos caminos de aquellos años, con su linterna en la mano, se iba alumbrando mientras el caballo y la mula, acostumbrados a hacer el recorrido iban sin ningún problema, por aquellas subidas y planicies.
Para no perder tiempo, del morral que iba en el fuste de la silla, agarraba unos chuchitos de flor de izote cuando sentía hambre. Y si la sed lo atormentaba bebía también agua de un tecomate. Cuando venía por el camino, se encontró a doña Nesh por el cerro de Miramundo, que llevaba sus bestias cargadas con sacos de Urea y triple quince para abonar sus cultivos. Platicaron un rato, y antes de seguir su camino, doña Inés le regaló un pedazo de bocado de reina, que había comprado en la panadería de Rolando Morales.
Y así cabalgando por aquellos caminos solitarios, vio asomarse las primeras casas de la orilla del pueblo, y cuando vino a sentir ya estaba saludando a don Celso Fajardo, porque llevaba sed y entró a su tienda, a comprar una gaseosa.
_ ¿Y que aires te traen por acá?.
Le dijo don Celso
_ Pues vengo a donde don Manuel Martínez. Traigo este par de bestias que ya quieren cambio de herrajes, y voy a ver si tiene tiempo para atenderme.
Se tomó la gaseosa, y agarrando por la calle principal, llegó hasta donde don Meme. Allí estaba aquel hombre espigado en su taller de herradura, con su gabacha de cuero puesta, cuando se apareció Sebastián con los dos animales.
_ ¡Buenas tardes don Manuel!
Dijo el recién llegado.
_ ¡Te dejaste venir!
Le respondió el herrador.
_ ¿ Que tal por la Gavia ?
_ Todo bien don Meme, mientras desamarraba del aparejo, el costal con frijol que traía.
_ Este año no estuvo muy buena la cosecha, pero aunque sea un poco le traje.
Y don Manuel, recibiendo el costal le dio las gracias. En la fragua el fuego ardía con todo vigor, riéndose con una llama de color azul.
_ Vengo a que le ponga herrajes a mis animales, porque ya están gastados y necesitan relevo.
_ ¡Pues para luego, es tarde!
Don Manuel le pidió a Sebastián que tomara el caballo de la brida, y lo caminara en el patio de la casa, para ver su forma de andar y luego de eso le dio una palmada en el lomo, y empezó con su trabajo.
Con una tenaza, empezó a quitarle los clavos al herraje, de una de las patas traseras, mientras el animal mansamente movía la cabeza.
Al terminar de quitarle todos los clavos, tiró el herraje viejo, a un tonel de desperdicios. De alli empezó a limpiar la superficie del casco hasta dejarla plana y lo mismo hizo con la
la ranilla.
Después de esto, le colocó uno de los herrajes nuevos para calcular si era el indicado. Luego lo metió a la fragua, y cuando ya tenía color rojo intenso, lo puso en el yunque y lo adaptó para su colocación, martillándolo en el yunque.
Cuando ya lo tuvo listo, procedió a clavar el herraje en el casco con su ma****lo y los clavos salidos los dobló. Después de eso, con una esponja hidrató el casco, y lo lijó para dejarlo presentable.
Sebastian solo miraba a don Manuel, como hacía su trabajo, y como de su frente caían gruesas gotas de sudor.
La labor de ponerle herrajes al caballo pinto, y a la mula parda, le llevó toda la tarde, pero tanto Sebastian como don Manuel, quedaron satisfechos al ver que los animales, se miraban contentos con sus nuevos herrajes.
DATOS BIOGRÁFICOS
NOMBRE: Manuel Antonio Martínez Rodríguez.
FECHA DE NACIMIENTO:
21 de noviembre de 1,933.
PADRES:
Gertrudis Martínez Ortíz
Lina Rodríguez de Martínez
ESPOSA:
Petrona Gómez Pumay
HIJOS: 10 en total.
Siete (7) Vivos:
Teresa, Julio, Olga, Mynor, Edy, Maria,
y Alberto.
OFICIO:
Herrador
VIDA LABORAL:
Su oficio de herrador, lo aprendió de su señor padre, y lo realizaba en su taller que tuvo en su domicilio, pero también iba a donde eran requeridos sus servicios, por mencionar las fincas: EL PRADO, ARGELIA, SAN JUAN, LA PASTORÍA.
Para llegar a esos lugares,lo hacía a pie o a caballo, recorriendo varios kilómetros de distancia. Podría decirse que era un hombre de siete (7) oficios y catorce (14) necesidades, porque también soldaba con estaño trastos de peltre que le llevaban las amas de casa, capaba cerdos y destasaba vacas en las carnicerías de don Quique Mejía, Sheno Roldàn y don Alfonso Lutin.
Aparte de eso, también le dedicaba tiempo a la agricultura, a la crianza de gallos de pelea y también realizaba trabajos de albañilería.
AFICIONES:
Cuando era la feria del pueblo, (20 de enero) organizaba en el patio de su casa, palenque de gallos y junto a sus amigos, degustaban de un par de buenos tragos de INDITA QUETZALTECA o DE VENADO ESPECIAL, entre bromas y buenos chistes que les despertaban sonoras carcajadas.
Entre sus dichos en esas peleas de gallos, le gustaba decir las frases:
¡ Ahí va la iguana!
!A cochinada!.
Como parte del folclor pueblerino.
Además otra de sus aficiones, era la cacería, y con júbilo se internaba en los montes con sus amigos, y siempre llevando sus perros sabuesos.
VIDA FAMILIAR Y COMO VECINO:
Don Manuel Martinez siempre fue un esposo y padre responsable, que se preocupó porque no faltara el sustento en su hogar, y también porque sus hijos fueran a la escuela, dándoles a todos, la educación primaria, para que tuvieran las armas necesarias para enfrentar la vida, y que no fuera tan dura como a él le toco vivir. Quiso para todos, dejarles un legado de honradez y trabajo.
Como vecino siempre se caracterizó por ser un tipo colaborador, dadivoso y honrado, con calidez humana, ganándose así, la simpatía de todos.
SUS ULTIMOS DIAS:
La vida de don Manuel Martinez, se apagó en un confuso incidente, el 26 de Agosto de 1,993 en la Finca Santa Ana de su tierra natal, cuando realizaba trabajos de albañilería.
Se agradece a la familia, por la información, para recordar a un hombre merecedor de estas líneas.
JUAN JOSÉ RUANO RODRÍGUEZ.