03/09/2026
Valladolid, agosto de 1602. El inventor navarro Jerónimo de Ayanz demostró ante el rey Felipe III, en el río Pisuerga, un equipo de buceo revolucionario para la época.
Hasta entonces las campanas apenas permitían tiempos cortos bajo el agua porque el aire no se renovaba bien.
Ayanz ideó un traje de piel de vacuno con dos conductos separados —uno para inspirar y otro para espirar— con válvulas, conectados a un fuelle en la superficie. Ayanz también diseñó campanas, trajes y hasta embarcaciones sumergibles.
El fin era rescatar tesoros de naufragios y recoger perlas, trabajos que entonces hacían buceadores sin equipo y con mucho riesgo.
En la prueba, un hombre se sumergió a unos tres metros y permaneció más de una hora sin problemas. Solo emergió porque el rey se aburrió y lo mandó salir; el buzo contestó que podía quedarse todo el tiempo que aguantara el frío y el hambre.
Está considerada la primera inmersión prolongada con respiración artificial de la que hay constancia.