18/05/2025
*"Hispanidad para salvar Europa"*: el manifiesto de Alfonso Galdón para una civilización al borde del abismo.
Como si de una última proclama desde el corazón del naufragio se tratara, Alfonso Galdón, presidente nacional de Valores, ha lanzado un grito de combate que reverbera en los pasillos cada vez más desorientados del viejo continente. El manifiesto, con título inequívoco — *Hispanic to Make Europe* —, no es una declaración tibia ni un informe técnico: es una llamada a las armas culturales, un aldabonazo a las puertas de una Europa que, en palabras del propio autor, “ha dejado de saber quién es y de dónde viene”.
*Galdón no se esconde.* Sostiene con firmeza —con esa lucidez temeraria que hoy escasea en la política europea— que Europa está siendo desmantelada desde dentro por la trinidad oscura del nihilismo contemporáneo: el liberalismo salvaje, el multiculturalismo suicida y un marxismo decadente. "Un continente sin Dios", advierte, “se convierte en una civilización sin destino”.
En el corazón del manifiesto late una idea poderosa y, para algunos, provocadora: la hispanidad como salvación de Europa. Lejos de fórmulas economicistas o gestos políticamente correctos, Galdón propone una relectura radical de la inmigración: no desde la ingenuidad burocrática de Bruselas, sino desde Santo Tomás de Aquino, Aristóteles, y el Evangelio.
Según el texto, Europa debe recuperar el criterio de "afinidad moral y cultural" para definir su política migratoria. Es decir, dejar de fingir que toda inmigración es igual y apostar decididamente por el vínculo natural con Hispanoamérica: “comparten nuestra lengua, nuestra fe cristiana, nuestra visión del hombre, y nuestros valores civilizatorios”, escribe Galdón. La receta es clara: “una inmigración integradora y no segregadora, una inmigración que sume, no que fracture”.
El documento no rehúye lo polémico. Denuncia sin complejos la creación de “naciones paralelas islámicas” en el corazón de Europa y reivindica el derecho de los Estados a proteger el bien común, incluso con medidas firmes de control migratorio. “No es racismo —subraya en tres idiomas—, es responsabilidad”.
Apoyado por el *European Christian Political Party* (ECPP), el nuevo nombre del movimiento paneuropeo cristiano, Galdón aspira a que esta visión se traduzca en acción institucional. No se trata solo de nostalgia. Se trata —y esta es la fuerza política de su mensaje— de construir una alternativa real a la deriva decadente de las élites globalistas.
La apuesta es audaz: una Europa rejuvenecida por una inmigración culturalmente afín, liderada por España y Portugal, y sostenida sobre el humanismo cristiano que alguna vez iluminó el mundo desde Salamanca, París o Roma. En una frase que podría firmar Donoso Cortés o Unamuno, Galdón cierra el manifiesto con una imagen que resume toda su propuesta: “Una Europa sin hijos, que pide a gritos ser fecundada por los valores que la hicieron luz del mundo”.
En tiempos de confusión moral y de algoritmos que gobiernan sin alma, la voz de Alfonso Galdón resuena como una advertencia profética… o como el inicio de una reconquista cultural.