16/05/2026
El 16 de mayo de 2020 murió Julio Anguita, político, maestro e historiador, que fue coordinador general de Izquierda Unida y del Partido Comunista de España en las décadas de los 80 y 90, que ejerció también como alcalde de Córdoba entre 1979 y 1986.
Nacido en Fuengirola en 1941, en el seno de una familia de militares, se alejó de la tradición familiar al realizar estudios de Magisterio y, posteriormente, licenciarse en Historia en la Universidad de Barcelona. Maestro de profesión, en 1972 se afilió al entonces clandestino Partido Comunista de España, y en 1977 accedió al Comité Central del partido en Andalucía. En las elecciones municipales de abril de 1979, se presentó como candidato a la alcaldía de Córdoba, logrando ser el más votado, aunque quedó lejos de la mayoría absoluta —el PCE obtuvo 8 de los 27 concejales en juego—. Anguita decidió formar un Gobierno de concentración junto al resto de fuerzas políticas (PSOE, UCD y PSA), por lo que fue elegido regidor municipal. De este modo, se convirtió en el primer y único alcalde comunista de una capital de provincia.
A pesar de la crisis económica que atravesaba la ciudad y de los problemas que atravesaba el Gobierno municipal, destacó por su austera y eficaz gestión y su popularidad entre la población cordobesa siguió siendo bastante elevada. En las elecciones municipales de 1983 fue reelegido como alcalde, pero esta vez por mayoría absoluta. Tras este aplastante triunfo se le empezó a conocer como el «Califa Rojo». Defendió la autonomía municipal y respetar la ley del suelo vigente en ese momento para impulsar un modelo urbanístico sostenible en contra de la especulación.
El estrepitoso fracaso del PCE en las elecciones generales de 1982 llevó a que se planteara un serio proceso de reorganización interna. En febrero de 1988 fue elegido secretario general del PCE y al año siguiente se puso al frente de Izquierda Unida, obteniendo su escaño en el Congreso de los Diputados durante las elecciones de 1989. Bajo su dirección, la coalición IU alcanzó sus mayores éxitos electorales, superando ampliamente los dos millones de votos en las generales de 1993 y 1996, alcanzando en este último año más de un 10 % de los votos y 21 diputados. Su periodo al frente de Izquierda Unida se distinguió por la exigencia de concretar acuerdos programáticos y el rechazo a la corrupción. Antes de su marcha IU inició una fase de declive en las elecciones municipales y autonómicas de 1999, en las que se perdieron cerca de la mitad de los concejales y diputados autonómicos. En el año 2000, abandonó sus cargos y su vida en la primera línea política para volver a su trabajo como profesor de Historia de Instituto.
Separado de la política activa por una afección cardíaca, Julio Anguita continuó participando en diferentes actos, quejándose amargamente del actual estado de la política española:
“Nosotros éramos gente firme en nuestros principios, pero que al mismo tiempo éramos personas educadas y correctas. Por desgracia en la cultura política de hoy hay mucha gente que cree que la firmeza consiste en el exabrupto, el insulto o en la descalificación ad hominem. Precisamente los convencidos no necesitan chillar. Creo que en muchos casos los decibelios sustituyen la falta de convicciones firmes.”
Fue uno de los pocos dirigentes en oponerse al Tratado de Maastricht. Criticó a la Unión Europea, a la que calificó como el IV Reich alemán: "¿Cómo puede ser que la Unión Europea tenga más poder para decidir las políticas económicas, el presupuesto, los mecanismos de control presupuestario, y monetario, las políticas sociales, las políticas comerciales que los Estados? Y, ¿cómo puede ser que, sin embargo, no podamos decidir en Europa sobre todo eso? ¿Cómo es posible que ahora quieran imponer de la noche a la mañana y sin posibilidad de debatirlo un tratado comercial con los Estados Unidos, el TTIP, que va a intensificar todavía más esas contradicciones?".
También se opuso a la guerra de Irak, donde perdió a su hijo, que era corresponsal de guerra en Bagdad. Recibió la noticia de la muerte de su hijo cuando iba a intervenir en un acto público, visiblemente emocionado, dijo su famosa frase:
"Malditas sean las guerras y los canallas que las apoyan", frase que ha quedado como una expresión popular antibélica en España.
Falleció a los setenta y ocho años de edad. Un año después de su fallecimiento, le fue entregado póstumamente el título de Hijo Adoptivo de la Ciudad de Córdoba, que había sido votado unánimemente por todos los grupos municipales.