24/12/2025
NOCHEBUENA No faltan más que unas horas, y las voy a pasar como me gusta hacerlo, en casa y en la mejor compañía, aunque este año los míos anden un poco desperdigados. No sé por qué me ha venido el recuerdo de algunos amigos de mi infancia, tristones por estas fechas, que no celebraban la Navidad. Cuando preguntábamos por qué, se nos respondía que porque sus padres eran librepensadores, y nosotros, o al menos yo, nos quedábamos sin entenderlo. ¿Qué tendría que ver una cosa con otra? Después, o acaso entonces ya, pero no aquí (aquí, hasta en eso, vamos siempre con retraso), se inventó la fiesta laica y el mito algodonoso de Papá Noel, que permite nadar y guardar la ropa, y que como todo lo laico carece de olor, color y sabor, como que no viene de lo hondo, de ninguna raíz ni necesidad, sino tan sólo de una conveniencia comercial y psicológica. Ahora, por lo que veo y leo, se vuelve a hablar del «Natalicio del Invencible», eslogan que se aplicaba al Sol y a su dios Mitra, y que después se trasladó a Jesús, cuando a la fiesta pagana se superpuso la religiosa y se llevó a cabo la operación más inteligente de todos los tiempos, la de cristianizar los mitos, la de dar nombres de santos y de santas a los genios de los ríos y de las fuentes, la de poner a San Andrés de Teixido en el mismo lugar en que mis tatarabuelos los ártabros adoraban a la Luna o a un dios fálico, no lo sé bien. Sería terrible para los hombres que una decadencia (pasajera, se supone) del cristianismo dejase el campo libre al espíritu laico, artificial y ciudadano, cicatero y moralista, sin sangre en el rostro ni pulso en el corazón, un mundo cuya sola imaginación me aterra, como conducente a la dictadura de la razón por encima de la libertad y del espíritu; por eso tales brotes de paganismo me tranquilizan en cierto modo, pues lo pagano es lo que queda de verdad en el mundo cuando se le arrebata lo sobrenatural. ¿Habrá cosa más razonable que celebrar el renacer del Sol y esa conmoción profunda de la Tierra que se opera estos días? Todos los mitos de la fertilidad y de la vida, agostados, recobran nueva savia, y un hilillo de vida los penetra. El sol es invencible. (Torre del Aire, Navidad 1978)