24/07/2026
Hace 11 años dejé Argentina y llegué a Tenerife con una valija llena de cosas… y una cabeza llena de preguntas.
Pensaba que emigrar era simplemente cambiar de país. Encontrar una casa, aprender nuevas costumbres, conseguir trabajo y acostumbrarme a vivir lejos.
Pero no.
Emigrar también es despedirse de versiones de uno mismo.
Es perderse cumpleaños, abrazos, domingos en familia y momentos que no se repiten. Es aprender a sonreír cuando alguien te pregunta si extrañás, aunque por dentro tengas un n**o difícil de explicar.
Dicen que emigrar te quiebra. Y es verdad.
Pero también te repara.
Te obliga a reconstruirte con lo que tenés. Te enseña a pedir ayuda, a empezar desde cero, a convertir desconocidos en amigos y a encontrar un hogar en un lugar que, al principio, sentías ajeno.
Tenerife me recibió hace 11 años. Y aunque una parte de mí siempre va a estar en Argentina, otra parte ya pertenece a esta isla, a sus paisajes, a su gente y a la vida que fui construyendo acá.
Por eso creo que emigrar es para siempre.
Aunque algún día vuelvas. Aunque cambies otra vez de país. Aunque hayan pasado tres años o veinte.
Porque después de emigrar, nunca volvés a ser exactamente la misma persona.
¿Hace cuánto llegaste a Tenerife y qué fue lo que más te cambió de vivir lejos de Argentina?
Compartilo con esa persona que sabe perfectamente lo que significa empezar de nuevo.