06/02/2026
En Santa Brígida sabemos bien que la política municipal no va de grandes discursos, sino de confianza, de cercanía y de respeto a quienes cada día conviven, trabajan y participan en la vida del municipio. Por eso resulta especialmente doloroso cuando un cargo público confunde el acta de concejal con una propiedad personal y no con lo que realmente es: una responsabilidad prestada por la ciudadanía.
La negativa a devolver el acta tras el cese no responde a un vacío legal, sino a un vacío ético. No hablamos de lo que la ley permite, sino de lo que la democracia local exige. Porque aquí, en un municipio como el nuestro, todo se sabe, todo se ve y todo se siente más cerca.
En este contexto, la presencia del concejal cesado en el pleno del pasado jueves 29 refleja una forma de entender la política que se aleja de la idea de servicio público que defendemos en ANDO: estar sin representar, ocupar sin asumir responsabilidades y convertir un mandato vecinal en un interés individual.
Es cierto que la ley permite conservar el acta. Pero también es cierto que no todo lo legal es justo ni ético. Cuando se antepone el interés personal al colectivo, se rompe el vínculo con los vecinos y vecinas de Santa Brígida que confiaron en un proyecto común y en una manera diferente de hacer política.
Desde ANDO creemos en una política municipal honesta, transparente y cercana, donde los cargos se ejercen con humildad y responsabilidad. Y creemos que, cuando esa responsabilidad se quiebra, lo coherente es dar un paso a un lado.
Conviene preguntarse, con franqueza: ¿a quién beneficia esta obstinación? Desde luego, no a Santa Brígida ni a su gente. Más bien alimenta el desencanto y el descrédito de la política local.
La regeneración democrática empieza en lo cercano, en lo municipal. Y a veces empieza con un gesto sencillo: devolver el acta y respetar a la ciudadanía.
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Santa Brígida