17/08/2026
CUANDO SE CIERRA LA CASA DE LOS ABUELOS 👵🏽👴🏽
SE CIERRA UNA PARTE DE LA HISTORIA DE NUESTRO PUEBLO.
Uno de los momentos más tristes llega cuando se cierra para siempre la puerta de la casa de los abuelos.
Porque en nuestros pueblos, una casa de abuelos nunca fue solamente una casa.
Era el lugar donde se volvía siempre en vacaciones, donde se reunía la familia, donde siempre había una silla más, una olla de café preparada, comida y una puerta abierta para quien llegara. Era el lugar de los tíos, los primos, los nietos, los hermanos, los vecinos y de todos aquellos que, de una manera u otra, formaban parte de nuestras vidas.
En Pujerra, muchas de esas casas guardan todavía el eco de las voces de quienes nos precedieron. De aquellos hombres y mujeres que levantaron sus familias con esfuerzo, que conocían a todos por su nombre y que hicieron pueblo desde lo más sencillo: una conversación en la puerta, un café compartido, una visita inesperada o una comida alrededor de una misma mesa.
Cerrar la casa de los abuelos es cerrar una puerta, pero también es despedirnos de una forma de vivir que poco a poco va desapareciendo.
De aquellas tardes noches interminables en las que el tiempo parecía no existir. De las reuniones familiares en Navidad. De las mesas que siempre tenían sitio para uno más. De los vecinos que entraban sin llamar en aquellas casas siempre abiertas. De los niños jugando por las calles. De los mayores sentados al fresco, contando historias que hoy forman parte de nuestra memoria.
Y llega un día en que uno vuelve a pasar por aquella puerta y ya no escucha aquellas voces.
La casa permanece, pero sus habitantes ya no están.
Entonces comprendemos que aquellos momentos que parecían cotidianos eran, en realidad, algunos de los momentos más importantes de nuestra vida.
Porque los abuelos no solo nos dejaron una familia; nos dejaron raíces y la esencia de nuestro Pujerra.
Nos enseñaron el respetar, nuestras costumbres, nuestras palabras, nuestras fiestas, nuestros caminos y el significado de pertenecer a un lugar.
Por eso, cuando una de aquellas casas se cierra para siempre, no deberíamos pensar únicamente que se marcha una familia.
Se va una parte de la historia de Pujerra.
Se apaga una luz de una casa, pero queda encendida en nuestra memoria.
Quedan sus nombres, sus historias, sus fotografías, sus consejos y todos aquellos recuerdos que algún día contaremos a nuestros hijos y nietos para que sepan quiénes fueron las personas que hicieron posible el pueblo que hoy conocemos.
Porque mientras recordemos a nuestros abuelos y a aquellas personas que nos precedieron, sus casas podrán quedar cerradas, pero sus puertas seguirán abiertas en nuestra memoria.
POR TODOS ELLOS. POR NUESTROS ABUELOS. POR NUESTROS MAYORES. POR LA GENTE DE ANTES Y LA DE AHORA QUE AÚN LO SIENTE. POR PUJERRA Y POR SU HISTORIA. QUE NUNCA PIERDA SUS RAICES Y SU ESENCIA.❤️
Porque un pueblo no solo se construye con casas y calles. Se construye con las personas que con amor las llenaron de vida.