28/04/2017
CASTILLO DE ORIHUELA
Las ruinas de esta importante fortaleza se encuentran coronando las estribaciones de la sierra de Orihuela, a una altitud máxima de 240 metros. Sus muros descienden desde la alcazaba hasta el río, formando una unidad el castillo y la ciudad.
El emplazamiento es de gran importancia estratégica al controlar toda la Vega del Segura y el paso entre Murcia y Alicante y el mar. En el punto más alto de la roca se detecta un recinto irregular, de mampostería en los paramentos, que podría tratarse de la antigua alcazaba. En su interior se aprecian una serie de habitaciones, distinguiéndose un aljibe de bóveda de medio cañón en mampostería, de unos 6 metros de largo, con orificios superiores, bien conservado; a este aljibe se le añaden al norte un conjunto de alhanías con ingresos de medio punto de ladrillo, enterrados hoy hasta la altura de los salmeres, quedando al descubierto los arcos.
De este recinto superior parten dos lienzos de murallas de facturas distintas; hacia el este, una de mampostería de un metro de espesor, en aparejo “opus incertum” y con marcada gallonadura; éste desciende bordeando la cresta de la sierra hasta quebrarse al este en un cubo circular de sillería del que arranca otro lienzo en sentido contrario, que enlaza con los cubos del amurallamiento inferior, por este lado.
Estos dos lienzos se insertan en el vistoso amurallamiento inferior, compuesto por cinco marcados torreones en saliente, con una altura de hasta 4 metros en algunos, con factura de mampostería, compuesta por hiladas paralelas separadas por pequeñas piedras, y en el vuelo, obra de tapial, de 90 cm. de altura y 1,35 m. de espesor, cerrando toda la construcción un encadenado de sillería.
Los otros dos torreones del este presentan pronunciada zarpa de mampostería y una notable inclinación respecto de la vertical, con esquinas redondeadas y marcando al exterior la factura del tapial, pero al interior son de mampostería y vaciados. Estos dos torreones presentan al interior orificios circulares, distribuidos en los ángulos y dos en la cara mayor, a un mismo nivel, a un metro de la cornisa de la torre, y que podría ser la estructura de un saledizo que hiciera el papel de un camino de ronda.
De este recinto interior arranca un lienzo de muralla que desciende hacia la ciudad por la cresta natural de la roca, siendo de factura de tapial, de 90 cm. de altura y un metro de espesor. A mitad de camino aparece una torre de base cuadrada, también de tapial, y unos 6 metros de altura. Desde aquí deberían arrancar dos cortinas en direcciones divergentes hasta la ciudad pero no se conservan. Sí son detectables algunos de los torreones, siendo el de la vertiente este de mampostería, con refuerzos de sillería, mientras que algunos torreones próximos al Seminario presentan en su base mampostería y tapial en la altura.
Cronológicamente el punto de arranque del castillo sería el siglo IX, cuando aparece citado por vez primera a raíz del ataque normando a Orihuela el año 859: “... Pusieron (los normandos) en fuga a los habitantes de Tudmir y penetraron en el castillo de Orihuela”, aunque es dudoso que existiera la fortaleza en esta fecha.
Las fuentes árabes nos hablan del castillo a partir del siglo X, a raíz de las campañas llevadas a cabo por Abd al-Rahmán III contra las coras rebeldes de Murcia y Valencia. Hay una segunda cara, formada por los tres torreones orientados al mediodía del amurallamiento inferior, en tapial, fechables en época almorávide dentro del primer cuarto del siglo XII.
Una fase intermedia podría ser la de la construcción de la muralla de tapial que, arrancando del recinto inferior, desciende hacia la ciudad. Este tramo podría ser del período taifa, siglo XI. Durante época cristiana el castillo, junto con el de Alicante, tenía una gran importancia estratégica, dada su situación frontera entre Aragón y Castilla, a pesar de lo cual sufrió notables daños en las guerras de la época, sobre todo la de los dos Pedros, y en general su estado de conservación fue bastante deficiente. En la actualidad está arruinado y sólo quedan restos de muros y algunos cubos muy deteriorados.
(R. Azuar Ruiz, Catálogo de monumentos, I, pp. 665-671).