01/03/2026
📌Fomentar el hábito lector no es tan fácil como se pinta.
Observo con preocupación que se han instalado prácticas reiterativas en torno a la lectura, en especial a la literaria. Se asume que proponer una actividad gráfico-plástica o lúdica después de la lectura de un cuento (por ejemplo) equivale a formar lectores. Y no es así.
Pedro Cerrillo (2005) lo expresa con claridad: “Cuando nos proponemos promover o animar la lectura, debemos recordar que leer no es un juego, sino una actividad cognitiva y comprensiva enormemente compleja, en la que intervienen el pensamiento y la memoria, así como los conocimientos previos del lector”. La competencia literaria no surge de manera espontánea ni por simple exposición ocasional. Se construye mediante el contacto sostenido con textos de calidad y la intervención consciente del mediador.
Cuando la lectura literaria se convierte en pretexto para manualidades, dramatizaciones apresuradas, coreografías o una sucesión de actividades, el texto pierde su lugar central y, con él, la posibilidad de una formación literaria profunda. El entretenimiento puede ser legítimo, pero resulta insuficiente si sustituye el tiempo que requiere comprender e interpretar lo leído. Esa profundización no nace de la acumulación de dinámicas, sino de la conversación atenta, de preguntas abiertas que inviten a pensar y de devoluciones cuidadas en un clima de confianza sostenido por la preparación y el criterio del mediador.
Este es el núcleo sobre el que desarrollo procesos de formación: revisar prácticas, fortalecer la lectura en voz alta, recuperar la conversación literaria y devolver al texto el lugar que le corresponde en miras de consolidar el hábito lector.
Si tu escuela, biblioteca o institución desea profundizar en una formación sólida en torno a la cultura escrita, conversemos.
Porque el hábito lector no se logra con espectáculo ni concursos. Se construye con prácticas fundamentadas y profesionalismo.
Angélica Ortiz.