11/08/2026
¿Sabías que Santa Clara no fue para Madre Trinidad solo una santa de devoción, sino una luz decisiva para entender el camino de las Esclavas de la Eucaristía?
Nuestra querida Madre Trinidad, reconocía que Santa Clara le había abierto las puertas de sus monasterios desde niña: primero en Santa Inés, como educanda, y después en San Antón, donde abrazó la vida capuchina. Pero hay un momento especialmente hermoso y poco conocido: el 21 de noviembre de 1935, en Asís, después de recibir en Roma orientaciones que le pedían encauzar la Obra como una Congregación con vida de adoración y apostolado, Madre Trinidad quedó llena de dudas.
Entonces se detuvo ante el sepulcro de Santa Clara.
Allí pasó tres horas de oración y lágrimas. Y allí comprendió que la fidelidad no consistía en aferrarse a una forma exterior, sino en obedecer a la Iglesia sin perder el fuego primero: la adoración a Jesús Sacramentado, la pobreza, la humildad y el amor a las almas.
Por eso, en las Constituciones, las Esclavas somos llamadas un “renuevo del añoso árbol de las Clarisas”. No nacimos sin raíz. Venimos de una savia antigua, clarisa, franciscana y eucarística, que Madre Trinidad recibió y dejó florecer en una misión nueva.
Santa Clara custodió la pobreza.
Madre Trinidad recibió de ella, el valor para custodiar la Eucaristía y acercar a los pequeños al Amor que no es amado.