El escenario se hace a veces un lugar frío, hostil, el público es un desconocido, al que los focos no permiten vislumbrar. El escenario en su jerárquica idiosincrasia separa al que habla y al que escucha, al artista, que sabe hacer, de la gente común, que no sabe hacer. Buscando la ruptura de la visión elitista que se tiene del arte y del actacte, bajamos a la platea para poder comunicarnos direct
amente con cada una de las participantes de este acto ritual, que se construye entre todas. El lenguaje de la escena interpela directamente al público durante la función y a posterior, ya que al finalizar, compartir impresiones se está convirtiendo en un pilar importante para este proyecto. En la maleta quedan aprendizajes como los que Trasto Teatro con su “Teatro de la Decepción” otorgó. En aquel tiempo actuaba en un salón para 20 personas, y el debate era parte imprescindible de ese encuentro que cada fin de semana llevábamos a cabo. Continúo abogando por el arte que hurga en la herida, por el teatro como herramienta de reflexión y transformación social, de unión y empoderamiento colectivo. Los personajes son espejos de cada una de nosotras y nos acompañan para continuar entendiendo el complejo funcionamiento de las relaciones humanas. Los personajes no dan respuestas, hacen preguntas, desde sus hallazgos y miserias, la respuesta la encontraremos juntas, sin prisa, pero sin pausa.