27/08/2025
🕯 Acompañar hasta el último respiro: lecciones de una auxiliar de ayuda a domicilio 🕯
Lo que voy a compartir no es una historia inventada ni un relato para conmover.
Es mi experiencia real como auxiliar de ayuda a domicilio, acompañando a una usuaria en sus últimos días de vida.
Un testimonio duro, lleno de aprendizaje, que me ha hecho reflexionar profundamente sobre el perdón, el dolor y lo que significa llegar al final de la vida sin sanar el alma.
🌿Quiero compartir la experiencia que estoy viviendo como auxiliar de ayuda a domicilio, acompañando a una usuaria hasta su último respiro.
No es fácil...
Hace un año que presto ayuda a domicilio a una usuaria. Ella tiene Alzheimer, demencia y momentos de lucidez, en los que deja ver su gran carácter. Su temperamento es totalmente hostil: puede decirte “guapa” y “te quiero” mirándote a los ojos, y en el mismo instante, cuando das la espalda, soltarte todas las palabrotas que están fuera del diccionario 😅.
Tiene una frase muy especial para ella, que repite mirándote fijamente a los ojos:
“¡Ojalá te mueras!”
A veces no sé si habla la demencia a través de su boca o si es ella misma, porque tiene momentos de lucidez. Simplemente no tiene filtro: dice lo que piensa y ya está.
Es violenta: intenta pegarte, morderte, empujarte, darte patadas, codazos, e incluso te escupe. Además, es muy mentirosa; llora y asegura que le has pegado. Tiene mucha fuerza en los brazos y en las manos, por eso con ella siempre hay que andar con cuidado.
Y así pasan los días con esta señora. A pesar de todo... le he cogido cariño. Más del que jamás creí que le tendría.
Ahora está en cama, con muchas úlceras de nivel 4, sin poder caminar, sin comer, respirando mal.
La veo marchitarse en la cama del hospital... y es realmente triste.
Está sufriendo, y lo peor es que es consciente de todo.
Ella misma ha tirado la toalla.
Ya no hay vuelta atrás, salvo un milagro. Está en su recta final, y yo, como su asistente, sigo a su lado. Mientras la acompaño, no dejo de observar y reflexionar sobre este trabajo.
Es una situación realmente especial: la estoy acompañando hasta que deje de respirar. Los médicos ya la han desahuciado, pero hay algo que la retiene todavía.
¿Será una cuestión espiritual?
¿Será un karma que está pagando?
Dicen que cuando era más joven, y aún no estaba enferma, era una mujer realmente mala con los hijos, y especialmente con un nieto…
Un nieto está lleno de rencor y no le perdona todo lo que dice haber sufrido por ella. Su hijo solo recuerda lo amargo; está cargado de traumas, y el reproche no cesa.
Ahora, esta señora yace en una cama de hospital, esperando la muerte. Recibe escasas visitas, por no decir ninguna. Y en este momento, nada tiene importancia:
ni el dinero,
ni la casa que compró,
ni los años de trabajo y ahorro…
Este es su final, y no hay amor, compasión ni perdón.
Está sola.
Cuando estoy ahí, me siento a su lado y le hablo:
le digo que puede estar tranquila, que puede descansar, que tuvo una buena vida.
Le recuerdo que trabajó muchos años, que se jubiló, que ahorró su dinero, que compró su casa, que sus hijos ya están criados.
Le digo que no les debe nada y que puede irse en paz.
Ella me mira, y parece entender cosas que yo apenas alcanzo a comprender. Está en un nivel profundo de introspección antes de la muerte.
Y no hay paz. Solo hay una piel fría, un cuerpo frágil sostenido por la insulina y el dolor calmado a medias.
Está sola…
Y yo, aprendiendo de toda esta situación.
Pienso…
Echo de menos cuando me insultaba, cuando intentaba pegarme, cuando me deseaba la muerte.
Era una señora singular.
Seguramente forjada en muchos traumas, que luego trasladó a la crianza de sus hijos.
Sé que quiere decirme algo, pero ya no recuerda cómo ponerlo en palabras.
Y yo… soy, por fuera, la auxiliar de ayuda a domicilio;
pero por dentro, soy una mujer que observa con sus propios ojos el resultado de la falta de perdón.
En los seres humanos que no buscan ayuda para sanar su dolor,
aunque sea de las manos de un Dios que puede curar su alma.
Esto no es una historia inventada.
Es lo que estoy viviendo ahora mismo, en carne propia.
📝 Observación personal:
Las auxiliares de ayuda a domicilio estamos muy mal pagadas e infravaloradas.
Es una profesión de vocación, pero muy maltratada por el sistema.
Acompañamos a las personas hasta que nos necesiten, o hasta que surjan cambios por cuenta ajena o situaciones laborales.
La precariedad no nos da estabilidad, y sin embargo entregamos el corazón en cada cuidado.
© Leomaria Mendes ✍