16/06/2026
Ha sido un honor asistir a un acto emotivo y necesario: la nominación del edificio que alberga la Asociación de Vecinos de Cacería de Montijo con el nombre de Clemente Arco Liñan, quien fuera su presidente hasta su reciente fallecimiento.
Fue un homenaje merecido; sencillo en sus formas, pero profundamente emotivo y cargado de afecto. Un reconocimiento a toda una vida dedicada a sus vecinos, a su barrio y al bien común.
Yo conocí a Clemente en 1997, un año que quedó grabado en la memoria de nuestro barrio. El 29 de septiembre, un coche cargado de explosivos fue abandonado por los terroristas de ETA en la barriada, sembrando el miedo y la consternación entre los vecinos. Fueron momentos muy difíciles, en los que, sin embargo, también afloraron la solidaridad, la entereza y el compromiso de muchas personas. Y entre ellas estaba Clemente, siempre cercano, siempre dispuesto a ayudar y a trabajar por su gente con serenidad, valentía y una profunda vocación de servicio.
Desde entonces pude comprobar su extraordinaria calidad humana, su compromiso cívico y su capacidad para unir a las personas desde la cercanía, el diálogo y la generosidad.
Clemente fue de esas personas que dejan huella. Su legado no se mide únicamente por las iniciativas que impulsó o por los años que dedicó a la asociación vecinal, sino también por el cariño y el respeto que sembró entre quienes tuvieron la fortuna de conocerle.
Además, guardo un recuerdo muy especial de su confianza y de su amistad. Fue él quien me propuso ser el pregonero de las fiestas del barrio cuando ya desempeñaba la responsabilidad de Defensor de la Ciudadanía de Granada. Compartimos muchos proyectos sociales y muchas iniciativas encaminadas a mejorar la vida de los vecinos y a hacer de Cacería de Montijo un barrio cada vez más cohesionado, más solidario y con mayores oportunidades para todos. Siempre encontré en él a una persona generosa, comprometida y dispuesta a sumar esfuerzos en favor del bien común.
Que su nombre permanezca desde hoy en ese edificio es mucho más que una placa: es la expresión de la memoria agradecida de un barrio entero y el mejor ejemplo para las generaciones futuras. Porque mientras perdure su recuerdo, también perdurarán los valores que guiaron su vida: la entrega a los demás, la solidaridad y el amor por su barrio.