Recordando Gandia con Paco Martí

Recordando Gandia con Paco Martí Historia de Gandia y La Safor, relatos de Historia académica y popular, vida y costumbres de época, foto vintage, reflexiones, biografías, personajes públicos.
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CUANDO EL PRADO TODAVÍA ERA TIERRA, ÁRBOLES Y FUTURO.Hubo un tiempo en que la Plaza del Prado no era plaza, ni mercado, ...
04/06/2026

CUANDO EL PRADO TODAVÍA ERA TIERRA, ÁRBOLES Y FUTURO.

Hubo un tiempo en que la Plaza del Prado no era plaza, ni mercado, ni tampoco el corazón bullicioso que hoy conocemos.

Allí donde generaciones enteras han comprado, paseado o simplemente se han detenido a conversar, existían huertos, caminos de tierra, árboles frutales y algunas construcciones dispersas junto a los límites de la vieja Gandía.

Aquellos terrenos, repartidos entre las partidas de l’Assoch y les Portetes, pertenecían en buena parte a familias influyentes como los Vallier, protagonistas involuntarios —o quizá muy voluntarios— del nacimiento de la nueva ciudad que comenzaba a abrirse más allá de las antiguas murallas.

La Gandía de finales del siglo XIX empezaba a mirar hacia afuera. Las viejas limitaciones urbanas resultaban insuficientes para una población que crecía y aspiraba a modernizarse. Comenzaron entonces reuniones, acuerdos, cesiones de terrenos, expropiaciones, proyectos y también maniobras políticas.


Porque el progreso, como tantas veces ocurre, nunca llegó solo: vino acompañado de influencias, pactos y personajes decisivos.

Y ASÍ NACIÓ EL ENSANCHE.

En 1882 comenzaron oficialmente aquellas obras que transformarían para siempre esta zona de la ciudad. Se abrieron nuevas calles, se proyectaron conexiones entre barrios y surgió la idea que cambiaría el futuro de este espacio: construir una gran plaza destinada al mercado que sustituyera al antiguo Prado del sur.

La figura de Josep Rausell aparecería pronto ligada a aquella transformación. Su importante aportación económica, renunciando al cobro de importantes cantidades derivadas de expropiaciones, contribuyó decisivamente a impulsar unas obras que el Ayuntamiento difícilmente podía afrontar. Con el paso del tiempo, su nombre quedó unido para siempre al relato del progreso gandiense.

La fotografía que contemplamos pertenece precisamente a aquel tiempo intermedio: cuando el Prado todavía no era mercado. Se observan caminos sin pavimentar, enormes árboles alineados, espacios abiertos como la reciente apertura de las calles Vallier, Rausell y Morand Roda (este último patricio fundador de la Beneficencia), para la unión de las calles con el futuro Prado y dando vida al Paseo Germanías.


La apertura del Carrer de la Sequia (acequia que cruzaba todo el centro histórico), para unirla a la Calle Mayor, fue otra de las ampliaciones que se realizaron. La intención era comunicar la calle Mayor con la plaza de San José y ahí nació y cambió su nombre a la posterior calle Vallier.

También se quiso proyectar una calle desde la plaza del Prado y unirla a la plaça del Segó, pero los hnos. Vallier se opusieron ya que su proyecto de la futura Casa de la Marquesa estaba en sus intenciones y el terreno era de su propiedad; con ello, en noviembre de 1893 se negaron ante el Ayuntamiento a dicho proyecto.

Una sensación difícil de explicar de una ciudad que aún estaba construyéndose a sí misma.

Resulta curioso observar esta imagen antigua. Porque quienes caminaron por aquel Prado probablemente jamás imaginaron que aquel espacio abierto acabaría convirtiéndose en uno de los lugares más reconocibles y queridos de Gandía.

Hoy, cuando cruzamos apresurados la plaza del Prado, quizá olvidamos que bajo cada paso siguen descansando aquellos huertos, aquellas hanegadas, aquellos proyectos y aquellas decisiones que hicieron posible la ciudad que heredamos.

Porque antes de ser plaza… el Prado fue simplemente tierra, árboles… y futuro.

Hermosa vista aérea donde podremos divisar la Cúpula del Edificio de las Escuelas Pías, El Torreón del Pino a la derecha...
29/05/2026

Hermosa vista aérea donde podremos divisar la Cúpula del Edificio de las Escuelas Pías, El Torreón del Pino a la derecha junto a la Avda. de Beniopa y en el centro de la imagen el Cine El Pino con el almacén de Cítricos de Porta detrás.

El "gallinero" del Cine, a la derecha, encierra y se soporta por la antigua Muralla que llegaba al Torreón ya desaparecido situado al final de la Calle Alcira.

Todo el solar del Cine hoy está ocupado por la nueva ampliación del Patio y Colegio de Los Escolapios.

Todo ese terreno que años atrás ocupaba Una Plaza de Toros, el mencionado Cine y variedad de demostraciones gimnásticas de los alumnos de Gandía, así como sesiones de hípica realizadas por el hermano del Alcalde Lorente......Pero.....¿ y su historia anterior?.....


Nos remontamos a 1547 cuando San Francisco de Borja quiso construir (aprovechando aquella época en que el Padre San Ignacio de Loyola, había fundado la Compañía de Jesús), un Colegio en los terrenos del hoy Colegio llamado "Las Escuelas Pías" y patio de recreo, y con la finalidad explícita de dar educación a los hijos de los moros y judíos que residían en Gandía y de esa manera convertirlos en una nueva generación católica, y a la vez que concurrieran como apóstoles de los no convertidos desde los tiempos de la conquista por Jaime I y que jamás quisieron abandonar sus creencias.

Además de impartir la Doctrina Cristiana, las primeras letras y lo propio de un Colegio, proyectó el construir dentro del Edificio una Universidad para impartir la mayor parte de las facultades y Grados hasta llegar al Doctorado, petición que hizo llegar al Papa Paulo III y le fue concedida.

Al poco tiempo pasó a convertirse en un proyecto de amplio calado que se convertiría en una Universidad. Iniciada con modestia, utilizando edificios ya existentes, será nuevamente a comienzos del siglo XVII cuando se produzca una importante reforma de ampliación de las instalaciones iniciales.

Se escogieron unos terrenos extramuros de la Ciudad para hacer el Colegio y adosados a la Puerta de las murallas por la entrada Norte a la Vila, conocida por la Puerta de Valencia. En concreto se emplazó el nuevo Colegio en terrenos anexos a la existente entonces Iglesia de San Sebastián junto a la Puerta mencionada.

Dicha Iglesia era propiedad de la Villa de Gandía, la cual hizo donación a petición del Santo, con la condición de que el futuro Colegio llevara el nombre de Colegio de San Sebastián.
El proceso constructivo se inicia con la compra, por parte de Francisco de Borja, futuro general de la Compañía de Jesús, de la ermita de San Sebastián, dedicada por la ciudad a su santo protector en tiempo de pestes.

Esta pequeña iglesia, inicialmente extramuros, quedará englobada dentro la ampliación de las murallas impulsada por el mismo Francisco de Borja. Este nuevo lienzo arrancaba del llamado torreón del Ángel, situado junto al portal de entrada de la calle mayor, hasta el torreón del Pino, único elemento de las antiguas murallas conservado en la actualidad.

El solar escogido para la construcción del Colegio no contaba con bastante terreno ya que éste huerto tan solo llegaba hasta el final de la Calle Villanueva del Trapig.

Pero la última de las casas y huerta de dicha calle (propiedad del Duque Carlos II), sesgaba la llamada Villanueva del Trapig, en su tramo final que llegaba hasta la muralla (la de la calle Alcira), por lo que el solar quedaba cortado, y con una fábrica de curtidos allí existente de D. Jayme Ordóñez a lo que el Duque Carlos II hizo donación de la casa y dicho trozo de calle al Colegio el 8 de Junio de 1605, para conseguir el suficiente terreno para cubrir las necesidades de la construcción de la futura Iglesia, así como para ampliar la superficie de las huertas que iban a ser ocupadas en parte para el cuerpo del templo. y entre las condiciones que impuso ante tal donación era el darle sepultura cuando ocurriera su fallecimiento en la misma Iglesia.

A pesar de la oposición de varios vecinos que no querían una calle cerrada por los muros de la Iglesia, los Jurados de la Villa dieron su consentimiento, y el 26 de Junio de 1604 se estableció protocolo para la colocación de las primeras piedras para los cimientos de la nueva Iglesia.

Además de contar con los terrenos de la Iglesia, el Santo Duque compró entre otros solares, una almazara de aceite que tenía un patio enfrente de la Ermita de San Sebastián al Sr. de Daimuz D. Juan Ros, y a la vez la Vila le cedió al Duque una casa llamada la "Escola Nova", también adyacente junto a la Puerta de Valencia.

El Santo Duque aparte de querer participar en la construcción y fundación del Colegio, su intención era el dotarlo de rentas futuras para el sustento de los padres educadores, alumnos y los gastos comunes del Colegio.

Para ello el Duque también hizo donación de varias tierras con objeto se dispusieran para su venta, y con los ingresos obtenidos financiar tal obra de envergadura. Entre las tierras que donó se encontraban: una partida de secado situada en el término de Castellón de Rugat, una viña de 40 anegadas en la Partida de Benieto de Gandía, (antes plantada de olivos y conocida por "El Olivar de San Borja).

Además de dos campos con 47 hanegadas plantados de almendros en el término del Real de Gandía; así como un molino harinero situado en Castellón de Rugat.

Una vez vendidas dichas fincas donadas por el Santo Duque, éste pidió donaciones a su familia y amigos y entre todos pudo recoger también un total de 15.915 libras, que junto a las Rentas de la Rectoría de Denia dirigida por el Padre Andrés de Oviedo, (quien fue rector del Colegio de Gandía en 31 de Marzo de 1549), obtuvo el importe suficiente para la construcción y mantenimiento del Colegio.

Con la aportación monetaria por parte de San Fco. de Borja y la petición al Reinado que hizo el mismo duque y que le fue concedido, y no estando todavía terminadas las obras hizo la donación a La Compañía de Jesús del Edificio en escritura el 29 de Febrero de 1548, ante el Notario Onofre Pérez de Culla.

Quedaba por construir en la parte exterior del Edificio y junto a la Iglesia los patios contiguos en los terrenos que mediaban hasta la muralla, (lo que hoy es el patio del Colegio), que incluía la casa molino de aceite que había adquirido al Sr. de Daimuz y un huerto contiguo al Edificio que el Duque había adquirido al Sr. de Terrateig y de éste modo unirlo al Colegio.

La Universidad continuó funcionando hasta que fue extinguida en 1772, y los edificios destinados a usos educacionales. Convertida en colegio de Escolapios fue totalmente remodelada a comienzos del siglo XIX.

En el año del 1883 al 1884 se habilitó el local que existía al testero de la Sacristía para capilla de comunión con su entrada por la puerta de testero del templo que antiguamente daba al huerto, Foto nº 2..

Esta Iglesia estuvo cerrada al culto por espacio de cuarenta años, desde la expulsión de los Padres Jesuitas hasta la ocupación del Colegio por los Padres escolapios".

LA SITUACIÓN SANITARIA DESDE MITAD DEL SIGLO XX EN GANDÍA.En los años de la posguerra, Gandía sufrió una falta generaliz...
27/05/2026

LA SITUACIÓN SANITARIA DESDE MITAD DEL SIGLO XX EN GANDÍA.

En los años de la posguerra, Gandía sufrió una falta generalizada de medicamentos y una estructura farmacéutica precaria, situación que palió en parte la gran profesionalidad de los especialistas sanitarios, como médicos, analistas, dentistas, y farmacéuticos.

Algunos de ellos como los reunidos en la fotografía con el Notario D. José Iranzo, (foto nº 1): con Fortunato Ortí, Carmelo París, Vicente Deltoro, Salvador Carbonell, Jesús Fuster, Francisco Fuster, Enrique Terol y otros..

A los citados había que sumarles los Doctores: Pastor Mulet, Peñín, Ortí, Ribes, García Soldevila, Martínez, Rubio, Vicente Pellicer, Rico etc.

Los farmacéuticos: Trilles, Peña, García. Morell, y los Dentistas: Borja, Bellver y Olagüe.

La primera clínica con quirófano la instalaría a principios de los 40 el Dr. Carbonell en 1952, Angel de Diego abrió su clínica del Pilar, después la del Dr. Mut en la Calle Mayor y en 1961 en Pintor Sorolla, (foto nº 2 y 3 el día de su inauguración).

Durante los 60 el Dr. Espí inaugura la clínicas de La Paloma y en 1972 un grupo de profesionales de la sanidad lo hacen con La Clínica Sagrada Familia.

En 1946 se inaugura el primer ambulatorio de la Seguridad Social de Gandía, en la calle San Fco. de Borja, (foto nº 4), pasa a ocupar sus instalaciones sanitarias a la Calle San Rafael (foto nº 5 Edificio Seat). Y posteriormente se trasladó la Sanidad al nuevo Hospital San Fco. de Borja del Paseo, foto nº 6 en su inauguración..
Finalizando en el Polígono Sancho Llop,

DOS GRANDES COMERCIANTES VECINOS Y SUS CASONAS EN LA CALLE SAN FRANCISCO DE BORJA. LA PRIMERA LA DEL ALCALDE D. JOSÉ RAU...
19/05/2026

DOS GRANDES COMERCIANTES VECINOS Y SUS CASONAS EN LA CALLE SAN FRANCISCO DE BORJA. LA PRIMERA LA DEL ALCALDE D. JOSÉ RAUSELL Y ADOSADA A LA MISMA, LA DE D. ANTONIO BAÑULS "El Tio Colom".

A finales del Siglo XIX en la Villa Nueva convivían las viviendas más lujosas de la parte alta con las más corrientes de la parte baja. Las parcelas de mayores dimensiones correspondían a las clases ricas, localizadas fundamentalmente a la calle Mayor, la Villa Nueva del Trapig, de Vicaris o de En Sanç.

Sus casas derivaban formalmente de las arquitecturas barrocas de impronta aristocrática, donde las fachadas reflejaban el estatus social y económico del propietario.

Vamos a recordar dos de ellas, propiedad de dos acaudalados comerciantes-propietarios: El Alcalde D. José Rausell, (foto nº 1) y D. Antonio Bañuls "El Tío Colom". Vecinos pared con pared.

La primera la construyó el Sr. Moran Roda, de los O'Morand de origen irlandés. Gran fortuna amasaban la familia y terrenos como "El Hort de Roda", hoy El Prado, la urbanización de La Plaçeta del Segó y sus calles adyacentes y también fue el que puso a disposición de la Ciudad La Beneficencia.

Esta herencia al fallecer el 28 de Mayo de 1874 contaba todavía con treinta y seis hanegadas más en la partida de la Assoch, hacia Benicanena, y veintiuna que formaban una larga hilera de terrenos en el que habían sido los cementerios de las murallas.

Toda esa fortuna pasó después a su hijastro, D. José Rausell, y en 1932, sus herederos la vendieron a FOMENTO. Fomento era una entidad asociativa que se aproximaba al que diríamos hoy un ‘lobby’ o grupo de presión de cariz empresarial, pero muy diverso por el que hace las opciones ideológicas y políticas. “Todos” cabían; y estaban, de hecho.

Predominaba, eso sí, la burguesía más progresista y de ideas avanzadas. Su primer Presidente fue Didac Morell.

La foto nº 2 de 1885 es la casa donde todavía vivía el Alcalde Sr. Rausell y familia, (foto nº 3) donde asoma al portal una señora con delantal blanco, seguramente una empleada de servicio, de las dos que tenían, aparte de chófer, jardinero etc. según (foto nº 4).

Completa su fachada con tres balcones cerrados con rejas. Los cambios más notorios se encuentran en las ventanas enrejadas que llegan hasta el nivel de la calle. Llama la atención que actualmente son más cortas y que a partir de una de ellas se abrió una puerta para acceder a la cafetería de los bajos, decisión que en los su tiempo cuando fue de Fomento comportó cierta polémica.

Justo al lado en el otro portal se observa una persona. Es del que acaba de salir supuestamente el hombre del b***o después de descargar sus mercancías. Era el Almacén del Sr. Antonio Bañuls "El tío Colom", importante exportador de fruta que empezó su negocio a finales del siglo XIX. Aún vivían en ambas casas el Sr. Rausell y el mencionado vecino Sr. Bañuls "El tío Colom".

En el solar del que fue su casa-almacén se construyó un Edificio Comercial, donde en los bajos se instaló la discoteca Capri y en lo alto el Cine Colom en honor a su apodo, (foto nº 5).

El Tío Colom fue un gran propietario tanto de tierras de cultivo como de fincas urbanas. Cabe mencionar que también fue dueño del inmueble del Salón Texas, que estuvo arrendado, donde la juventud de los 60 íbamos a jugar al futbolín y tomar café, (foto nº 6).

Su gran empuje comercial le llevó a instalarse en el Mercado de Marsella, no sin antes haber regalado a la población de Beniopa, terrenos donde después se instalaría el Campo de Fútbol "La Bañosa".

EL CINE COLOM:

Inaugurado el 6 de Octubre de 1961 con la película "Ha llegado un Ángel", de la nueva estrella infantil Marisol. El local se anunciaba como "el más elegante, moderno y confortable de la provincia". Foto nº 7.

El cine estaba arriba, las entradas laterales son escaleras para subir al salón con aforo de 532 butacas y pantalla panorámica donde se proyectaban buenas películas de estreno y contaba con el aposentador como era habitual, el Sr. Morant. El último empresario del Colom fue Vicente Ferrer Sigalat y tras 44 años de andadura el cierre se produjo en 2005. Prospectos de Cines.

Pero había algo más en esos cines de invierno que los hacía únicos. Eran como cápsulas del tiempo, refugios de nostalgia que nos conectaban con las generaciones que nos precedieron.

Cada butaca parecía tener su propia historia que contar, como si el tiempo se desdibujara y yo fuera parte de una tradición que trascendía décadas.

Los tráileres previos al gran momento eran como de costumbre muy variados, su Nodo como publicidad de los logros franquistas y los spots de anuncios de comercios locales precedían a la película .

LA DISCOTECA, SALÓN SOCIAL Y DE EVENTOS "CAPRI":

El inmueble tenía una distribución un tanto atípica: la planta baja CAPRI estaba dedicada a cafetería-bar, sala de juegos, banquetes de bodas, comuniones. Y con una sala de baile-discoteca con el firme-solado donde se bailaba estaba compuesto por bloques de cristal de colores que le daba color y ambiente al local.

En la actualidad los bajos del edificio está ocupados por una gran perfumería, (foto nº 8).

DEL ESPLENDOR A LA RUINA... Y DE LA RUINA A LA MEMORIA RECUPERADA.El Palacio Ducal de Gandía es un edificio que se remon...
11/05/2026

DEL ESPLENDOR A LA RUINA... Y DE LA RUINA A LA MEMORIA RECUPERADA.

El Palacio Ducal de Gandía es un edificio que se remonta al siglo XIV. Para su construcción, se eligió el emplazamiento más elevado de la villa de Gandía, el “Tossal”, y fue Alfons El Vell primer duque real de Gandía, quien se encargó de definir la configuración arquitectónica del palacio en época medieval. Con la llegada de la familia Borja a raíz de la compra del ducado de Gandía por parte del cardenal Rodrigo de Borja, el edificio se verá ampliado y modificado.

El Palacio Ducal de Gandía en el ocaso de los Osuna y su recuperación por la Compañía de Jesús.

Hubo un tiempo en que el Palacio Ducal de Gandía dejó de ser residencia de poder para convertirse en un edificio sin alma, abandonado a su suerte por una nobleza que ya no podía sostener su herencia.

Tras la extinción de la línea directa de los Casa de Borja en 1740, los estados de Gandía pasaron, por enlaces familiares, a la poderosa Casa de Osuna, encabezada por los Téllez-Girón. Aquella acumulación de títulos y dominios convirtió a los Osuna en uno de los grandes patrimonios nobiliarios de España.

Sin embargo, ese inmenso legado comenzó a resquebrajarse a lo largo del siglo XIX.

El máximo esplendor de este linaje tuvo lugar en el siglo XVIII. María Josefa Pimentel y Téllez-Girón (1750-1834), la condesa-duquesa de Benavente retratada por Goya, anexa a su casa, y a través de su matrimonio con su primo Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, el ducado de Osuna y todo su patrimonio. Es entonces cuando la familia reúne el mayor número de títulos y propiedades en una única persona en toda la historia.

Los jóvenes duques vivían con todo lujo, aunque semejante ritmo les hacía estar permanentemente endeudados. Tenían más de un centenar de personas a su servicio, entre administradores, mayordomos, lacayos, cocineros, jardineros… Además, estaban quienes se ocupaban de las casas del campo. Contaban con un peluquero francés que acompañaba a la duquesa en todos sus desplazamientos y otro para el duque, que también peinaba a los pajes de librea.

El punto de inflexión llegó con la figura de Mariano Téllez-Girón (1814–1882), considerado uno de los aristócratas más ricos de su tiempo… y también uno de los más endeudados. Su fastuoso tren de vida en Madrid y París, unido a la pérdida de ingresos tradicionales tras la abolición del régimen señorial y las transformaciones liberales, precipitó la ruina de la Casa.

Ante esta situación, se ordenó la elaboración de inventarios detallados de sus propiedades. En este contexto se sitúa el encargo a técnicos y administradores —entre ellos “Castellanos”, probablemente un perito o administrador patrimonial— para documentar los bienes en tierras valencianas y alicantinas con vistas a su venta.

En Gandía, a mediados del siglo XIX, el patrimonio era ya muy reducido: El Palacio Ducal, La Alquería del Duc y algunas fincas rústicas dispersas. La Alquería del Duc, también llamada alquería de Alonso, es una construcción rural fortificada medieval ligada, en su origen, al cultivo de la caña de azúcar, y que los Borja utilizaron como residencia de verano.

Una prueba de la belleza que llegó a tener el paraje es que en 1666 fue merecedor de la visita de toda una emperatriz, en concreto Margarita de Austria, hija de Felipe IV, esposa del emperador de Alemania y protagonista del cuadro «Las meninas», de Velázquez.

La entonces duquesa de Gandía María Ponce de León –viuda del IX duque Francisco de Borja y Doria-Colonna– preparó para la emperatriz un idílico recorrido por el marjal que rodeaba la alquería. Siete barcas pasearon a la emperatriz y a su séquito por las mansas aguas de las lagunas, mientras que un grupo de músicos amenizaba el momento.

Muy lejos de la riqueza que había caracterizado a los Borja, los Osuna dejaron un palacio fragmentado y alquilado.

Durante este periodo, el Palacio Ducal de Gandía dejó de cumplir cualquier función representativa. Y aquí está uno de los aspectos más importantes y a menudo menos conocidos: el palacio fue parcialmente arrendado.

La documentación de la época y los estudios posteriores coinciden en que: Se alquilaron dependencias como viviendas particulares, ocupadas por varias familias. Algunas áreas se destinaron a almacenes agrícolas, aprovechando su amplitud.

No se descarta el uso de ciertos espacios para actividades artesanales o de servicio.

Este uso múltiple tuvo consecuencias graves: Compartimentación de grandes salones históricos. Desaparición de elementos decorativos. Falta total de mantenimiento estructural.

Las imágenes nº 1 y 2 son testimonio de ese momento: un edificio aún en pie, pero profundamente degradado, sin unidad ni cuidado, reducido a una función puramente utilitaria.

Tras la muerte de Mariano Téllez-Girón en 1882, la situación se volvió insostenible. La Casa de Osuna entró en un proceso de liquidación patrimonial supervisado judicialmente.

Entre las propiedades vendidas se encontraban: El palacio condal de Oliva, fincas en distintas regiones y, finalmente el propio Palacio Ducal de Gandía, por 70.000 ptas. Era el final definitivo de la vinculación entre Gandía y los Osuna.

La boda de los últimos herederos de los Osuna, Ángela María Téllez-Girón y Duque de Estrada, duquesa de Osuna, Gandía y Uceda, entre otros títulos, con Pedro de Solís-Beaumont y Lasso de la Vega, se celebró el 27 de octubre de 1946 en la localidad cordobesa de Espejo, fue uno de los acontecimientos sociales del momento por ser la novia heredera de algunos de los títulos con más solera del Reino y estar emparentada con lo más granado de la nobleza española, Fotos nº 3-4 y 5.

Del patrimonio actual, tanto de la fallecida duquesa, Ángela María Téllez-Girón, como su primer marido, Pedro de Solís Beaumont, todavía dejaron trabajo, dinero e ilusiones para recuperar casas y fincas, arreglarlas, restaurarlas y mantenerlas en condiciones.

EN 1889, EL PALACIO DUCAL DE GANDÍA FUE ADQUIRIDO POR LA COMPAÑÍA DE JESÚS:

La operación no fue casual. Los jesuitas, profundamente vinculados a la figura de San Francisco de Borja, vieron en el palacio no solo un edificio, sino un lugar cargado de significado espiritual e histórico.

A partir de ese momento se inició una gran intervención entre los años 1.890-1900: Se consolidaron estructuras dañadas. Se eliminaron muchas de las divisiones interiores introducidas durante su uso como viviendas. Se adaptaron los espacios para funciones educativas (colegio) y religiosas.

Aunque las obras no siguieron criterios modernos de restauración patrimonial, sí lograron salvar el edificio de una ruina casi irreversible.

La imagen nº 6 refleja ya ese cambio: un palacio recuperado, con una nueva unidad arquitectónica y una función definida incluido el muro de contención contra la avenida de aguas del rio Serpis, recompuesto y totalmente terminado, foto nº 7.

El Palacio Ducal de Gandía es, quizás, uno de los mejores ejemplos de cómo la historia no siempre avanza en línea recta.

Conoció el esplendor de los Borja, la distancia de los Osuna, la degradación del abandono… y, finalmente, la salvación gracias a un nuevo uso.

Hubo un tiempo en que sus muros dejaron de escuchar nombres ilustres para oír voces anónimas. En que sus salones se fragmentaron y su memoria pareció diluirse entre el polvo y el olvido. Pero la historia, caprichosa y persistente, le concedió otra oportunidad.

Y donde todo parecía perdido, el palacio volvió a levantarse. No como símbolo de poder, sino como testigo de resistencia.

LES BASSES DE LA DROVA.A los pies del interminable frontón cromado de la Aldaia rodeados de una vegetación exuberante y ...
06/05/2026

LES BASSES DE LA DROVA.

A los pies del interminable frontón cromado de la Aldaia rodeados de una vegetación exuberante y al lado del camino del Azagador, uno de los últimos tramos de la Cañada Real de Castilla, allá donde antiguamente bajaban las grandes manadas procedentes de tierras castellanas, se levantan unas antiguas balsas del siglo XVIII, de fuertes muros de piedra reforzados con contrafuertes, que dividían en dos mitades la misma familia de "xaloners" que se repartió el caserón de la Drova, antigua propiedad del Monasterio de la Valldigna, a raíz de la desamortización eclesiástica.

Durante el siglo XVIII tuvo lugar un crecimiento demográfico que provocó una serie de transformaciones agrarias y urbanísticas.

Asimismo El Monasterio decretó que en La Drova fueran plantadas 300 hanegadas de vid, con higueras, nogales y almendros; y que su explotación quedará bajo el control directo de los monjes mediante la contratación de jornaleros, por lo que La Drova volvía a convertirse en una granja.

En la segunda mitad del siglo XVIII, en La Drova, tuvo lugar la construcción de una balsa de agua, al lado del azagador, para convertir en regadío una parte de las tierras cultivadas.



“Les Basses de la Drova”. son unas balsas de agua construidas en el siglo XVIII por los monjes del monasterio de la Valldigna también para facilitar el riego en el Pla de la Drova.

IMAGEN ORIGINAL DEL CHALET DE LA FAMILIA "PARÍS", RODEADO DE UN FRONDOSO JARDÍN Y CERCANO A SU INDUSTRIA MADERERA, EN 19...
29/04/2026

IMAGEN ORIGINAL DEL CHALET DE LA FAMILIA "PARÍS", RODEADO DE UN FRONDOSO JARDÍN Y CERCANO A SU INDUSTRIA MADERERA, EN 1908 (foto n.º 1), TAL COMO LO CONSTRUYÓ EL PRESTIGIOSO ARQUITECTO VÍCTOR BELTRÍ.

El edificio tiene todos los ingredientes del estilo modernista de su arquitecto Víctor Beltrí Roqueta, como ornamentaciones vegetales, cabezas de león, quebradizo o cristales de colores en las ventanas (fotos varias). Se completaba con un jardín donde se plantaron árboles exóticos y dos araucarias que aún perduran. En 1974-2014 se complementó con edificaciones adjuntas para convertirlo en el actual Colegio ABC (foto n.º 2).

Los industriales madereros Vicente (foto n.º 3 con su nieto) y Bautista París Morlá encargaron una vivienda familiar al arquitecto Víctor Beltrí Roqueta (foto n.º 4 ), que estaría ubicada junto a la serrería y los terrenos de su propiedad, para convertirlo en su residencia apartada de la ciudad.

Como anécdota familiar citaré que la familia París, durante la Guerra Civil, encargó la construcción de un refugio antiaéreo en sus instalaciones. Mi familia materna, con mi abuelo importante Autoridad en aquella Gandía (foto n.º 5) e hijos, eran íntimos amigos y vecinos y se refugiaban allí ante el aviso de las avionetas llamadas "La Pava", que, saliendo de las Baleares, bombardeaban Gandía y su puerto.

El arquitecto modernista Víctor Beltrí Roqueta, nacido en Tortosa, ganó una plaza municipal en Gandía a entre 1890 y 1893, pero tuvo que irse de la ciudad en ver que el Ayuntamiento de la época no autorizaba la ejecución de los proyectos que le encargaba; los consideraba demasiado avanzados a su tiempo. Decepcionado, Beltrí, considerado uno de los precursores del estilo burgués que impuso Salvador Gaudí, marchó a Cartagena, donde ha dejado un importante legado modernista. Sí pudo construir en GandÍa como obra privada el Palacete París, actual sede del colegio Abecé.

Se formó como arquitecto en Barcelona y obtuvo una plaza municipal en la ciudad natal. Paradojas de la vida, en 1890, Tortosa tuvo que suprimirla por falta de fondos, y Beltrí empezó su periplo hacia las tierras del sur. El mismo año gana por oposición una plaza en Gandía, y se instala en la capital de la Safor con su mujer y su hija, en el número 2 de la calle Alfaro.

La ciudad está en plena expansión, con la construcción del ferrocarril de Alcoy en el Puerto o el ensanche del Grao, pero aun así, Beltrí no encontrará en las tres alcaldes que en esos años pasan por el Ayuntamiento, un ambiente demasiado propicio para ver realizados sus encargos. Al ver los planos de proyectos como el matadero municipal, en las afueras de la ciudad tocando Beniopa, o un nuevo mercado para la plaza Mayor, las autoridades locales prefirieron modificarlos o aguarda los mismos en el cajón.

Cansado y decepcionado, Beltrí presenta en julio de 1893 su dimisión "por motivos de salud", al haber ganado una plaza como técnico en Murcia. Luego, en 1895, se trasladará a la vecina Cartagena, una ciudad inmersa en la reconstrucción después de la sublevación cantonal. A partir de 1897 se dedica al ejercicio libre de la profesión, haciendo encargos para los industriales mineros, hasta que se jubila, y muere en 1935.

Por otra parte, Víctor Beltrí también es recordado en GandÍa por su compromiso con los niños y los más desfavorecidos, que le viene por su firme convicción católica. Además, y en sintonía con la recuperación de oficios tradicionales y artesanales que supone el modernismo, fundó en Gandia clases gratuitas de dibujo para obreros, tallistas, escultores, carpinteros o forjadores, que procedían todos ellos de un extracto social más humilde.

1.En el interior llaman la atención dos bellas chimeneas de piedra artificial que imitan mármol de color rosado, magníficos suelos hidráulicos y algunos cristales grabados al ácido con motivos vegetales que todavía se conservan hoy en día. Dignos de mención también son los techos con profusión de adornos vegetales que, al estar ahora (originalmente debían estar coloreados) pintados de blanco, parecen menos destacables de lo que debieron de ser. Artesonados de madera en techo y paredes, así como frescos con pinturas de caza en uno de los salones, completaban la decoración interior.

En el jardín destacaban unos bancos de piedra artificial tipo “tú y yo” que reproducían el mismo adorno vegetal de la escalera, bancos corridos de trencadís y una enorme pajarera metálica, todo ello hoy desaparecido. Una bella y sencilla verja exterior completa el edificio.

Actualmente está ubicado en él el “Colegio ABC”, regentado por su familia que siguen conservando las instalaciones con cariño.1 CGB.

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