27/08/2026
Ya lo tenemos. El libro que nos habíais pedido sobre la minería del carbón y cómo se fraguó el imperio de Victorino Alonso.
El plan para poner fin a la minería del carbón, uno de los sectores industriales más importantes del pasado no tan lejano, no fue una desamortización. Ni siquiera una reconversión. El protocolo para descarbonizar la economía que se proyectó a finales de los años 80 significaba en realidad desmantelar las cuencas y uno de los gremios más reivindicativos del movimiento obrero. Hoy solo queda el hierro oxidado de los castilletes, un océano de galerías sumergidas y ruinas de todo tipo, en un territorio de paraísos naturales devastados, una despoblación imparable y una descomposición social sin precedentes. Por el camino , sin embargo, se quedaron miles de millones de euros de dinero público en el reparto de todo tipo de ayudas a las empresas y los planes del carbón.
“Cuando yo era un ingenierillo cualquiera…” Así se refería EL SEÑOR, a veces, a sus primeros pasos en el carbón frente a los representantes sindicales para decirles implícitamente que, cuando se lo estaba diciendo, ya era bastante más.
“Victorino Alonso llegó como un empresario con dinero, muy ponderado política y sindicalmente. Abierto a la gente, invitando a los periodistas más cercanos, al comité de empresa… Era una forma de acercarse, de marcar. Me di cuenta de que era un trepa y que venía a lo que venía, a cerrar”.
“Cuando la Interpol comenzó a investigar, EL SEÑOR ya había dejado de ser el hijo de su padre. Pero, a pesar de que hasta entonces era casi un desconocido, se había preocupado de vivir rápido. A la altura de su flamante cuarentena ya se había casado en dos ocasiones, engendrado cuatro hijos y establecido todo un entramado financiero internacional que fue revelado a causa de su turbulenta vida personal. Para 1996, las máscaras ya se habían caído y la acusación de abandono familiar de su exmujer había demostrado que la precariedad económica de la que presumía no era más que otro disfraz para mantener su capacidad económica al resguardo de Hacienda”.
“En el marco de otras actuaciones, la Agencia Tributaria hizo una inspección a Coto Minero del Sil y detectó la posible existencia de un delito de defraudación tributaria. La lupa se ponía entre 1994 y 1997, período en el que la empresa había surgido a raíz de la fusión de Antracitas de Gaiztarro y Victoriano González”.
“La oferta, explotación a cielo abierto o cierre, fue puesta también sobre la mesa por la empresa Combustibles de Fabero (Cofasa). En 1986, la junta vecinal de Fabero convocaba un referendum para que los vecinos se manifestaran sobre la autorización o no de dos nuevas explotaciones que pretendía. La consulta pública encrespó los ánimos. La empresa lanzó la idea de que, si se le denegaba el permiso, cerraba”.
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