03/09/2026
La naturaleza está viva. Tan viva como la huella que deja Yayoi Kusama (1929–2026), una artista japonesa que nos encanta y que encontró, en los paisajes de su infancia en Matsumoto, mientras crecía en una familia que cultivaba y vendía semillas de hortalizas, escenarios para proyectar una mirada concreta y auténtica.
Desde niña, veía cómo el mundo se disolvía en redes de puntos y líneas repetidas hasta el infinito. Convertir esa percepción en pintura, cubrir una calabaza, una uva, su propio cuerpo o una habitación entera con la misma red, fue, según sus propias palabras, un ejercicio de autoborrado.Por eso una calabaza de Kusama no es un homenaje a la calabaza. Es la escenificación de una misma gramática visual (el punto, la red, la acumulación obsesiva) que aplicó a cuerpos, espejos y ciudades enteras. Hoy nos asomamos a su trabajo para aplaudirlo, recordarlo y ya de paso, recibir una nueva temporada de calabaza