01/03/2026
El 29 de febrero de 1504 Cristóbal Colón, utilizando el Almanaque perpetuo del sefardí Abraham Zacuto para saber que esa noche se produciría un eclipse total de Luna, predice a los nativos de Jamaica un eclipse lunar ante el asombro y el pavor de los nativos.
En su cuarto y último viaje a América y después de haber perdido dos de sus barcos, arribó al norte de la isla de Jamaica donde tuvieron que varar los otros dos ya que tenían muchas vías de agua por estar infestados por gusanos marinos. Mientras algunos de los hombres capitaneados por Méndez marcharon en canoas rumbo a La Española para buscar ayuda, Colón y el resto de los hombres permanecieron en Jamaica.
La relación con los indígenas fue empeorando y aunque durante unos meses les suministraron agua y comida a finales de 1503 dejaron de hacerlo. A medida que el tiempo pasaba y no había noticias de Méndez la situación se iba haciendo desesperada.
Colón, que contaba con un almanaque marino, observó que en las primeras horas del 29 de Febrero de 1504 iba a producirse un eclipse total de Luna. Invitó a los caciques a bordo de su nave y les dijo que los españoles estaban allí por mandato divino y que Dios estaba tan enfadado con ellos por como los trataban que los iba a castigar con hambre y enfermedades, pero les iba a dar una última oportunidad mediante un aviso que consistiría en oscurecer la Luna llena.
Algunos de los caciques no creyeron a Colón y se burlaron de él pero a medida que la Luna se iba oscureciendo todos se arrodillaron y le suplicaron que intercediera por ellos. Colón no cedió inmediatamente, para conseguir un efecto mayor se retiró a su cabina y solo salió poco antes de que el eclipse comenzase a remitir para decir a los caciques que después de consultar con Dios le había persuadido de que no los castigase si renovaban el suministro de agua y provisiones mientras durase su estancia. Los caciques aceptaron inmediatamente y Colón hizo un gesto con su mano para que la Luna se descubriese, cosa que efectivamente hizo poco después. Colón era un genio del engaño y esta era una idea salvadora, reforzando la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado ante la falta de hospitalidad.
Hasta el 28 de junio de 1504 que fue cuando zarparon camino del puerto de Santo Domingo, en la nave de rescate que enviaron, no ceso el suministro de agua y comida por parte de los caciques.