01/09/2026
En este vídeo os quiero mostrar algo muy sencillo, pero que muchas veces pasamos por alto.
El agua que veis en este recipiente es agua de red, agua del grifo, totalmente apta para beber. De hecho, como os muestro en el vídeo, la bebo.
¿Qué ocurre cuando tenemos una alcalinidad alta? Podemos utilizar un ácido, como el salfumán, para conseguir reducir el pH y, al mismo tiempo, ir modificando la alcalinidad.
Pero ojo: si partimos de una alcalinidad baja, tendremos que hacer justamente lo contrario. Y aquí os muestro un ejemplo muy sencillo: bicarbonato sódico, en este caso comprado en Mercachona —ese sitio al que va todo el mundo a pie 😂—. Un kilo, 1,45 €, y además certificado para consumo humano.
¿Y qué quiero demostrar con esto?
Que podemos modificar determinados parámetros del agua utilizando productos muy sencillos. Pero la clave no está en echar productos a ojo.
🥊 Aquí entra el ensayo y error.
Si trabajamos siempre sobre el mismo recipiente, hacemos una aportación determinada, esperamos, medimos y volvemos a medir cada 24 horas, empezamos a obtener nuestros propios datos.
Y aquí es donde el fotómetro se convierte en nuestro mejor aliado.
Anotamos cada lectura, sabemos cuánto hemos aportado y observamos cómo ha evolucionado el agua. Con el tiempo, ese registro nos permitirá saber exactamente qué cantidad necesitamos para conseguir el valor de pH y de alcalinidad que buscamos, tanto para subirlos como para bajarlos.
Porque al final, medir, registrar y aprender de nuestras propias mediciones es mucho más fiable que trabajar a ciegas.
🥊 Y como siempre digo: ¡ensayo, medición y aprendizaje!
Y ahora sí… ¡VIVA LOS DEPORTES DE CONTACTO! 🥊💪