05/09/2026
Hace más de 20 años yo también comencé mi propio camino: la universidad, mis viajes como cooperante a Guatemala, conocer a mi marido, construir una familia, crecer profesionalmente y seguir creciendo como persona.
Ahora le toca a mi hijo.
Y quizá en momentos como este entendemos mejor para qué servían tantas pequeñas situaciones del día a día que entonces parecían enormes: una rabieta, un límite, los juguetes sin recoger, una discusión, un enfado. Todo era parte del entrenamiento para la vida.
Cada conflicto acompañado, cada conversación, cada dificultad superada, cada error y cada reconciliación fueron poniendo ladrillos en su casa interior.
Pero mientras educamos también nos equivocamos. Si quedaron heridas o situaciones dolorosas, también podemos reparar: pedir perdón, escuchar, reconocer nuestros errores, poner palabras y sanar cuando sea posible.
Eso también educa.
Eso también construye y mantiene el vínculo afectivo sólido.
Y ahora solo deseo que se lleve en su maleta todo lo bueno que hemos aprendido juntos: valores, experiencias, amor, confianza, raíces… y alas para volar lejos.
Que viva.
Que descubra.
Que se equivoque.
Que aprenda.
Que construya su propia historia.
Y nosotros, mientras tanto, tendremos que aprender una nueva manera de quererlos: confiando y dejándo que hagan su camino independiente de forma libre.
Porque soltar también es una forma de cuidar. ❤️
Leticia García Larrea
www.padresformados.es