25/05/2026
📜EL DOCUMENTO DE LA SEMANA:
📏 MEDIR EL AGUA CON CUERDAS Y MULTAR CON MARAVEDÍS: La ley del campo en 1487 💧🐐¿Te imaginas a los concejales y alcaldes de hace más de 500 años saliendo al campo, no para pasear, sino para "cazar" a los vecinos que intentaban privatizar los recursos naturales? Eso es exactamente lo que custodia este impresionante documento de nuestro Archivo (carpeta 21/2).
El 1 de marzo de 1487, las altas autoridades de la ciudad de Chinchilla recorrieron los parajes de Jumenta, Pétrola, El Villar, Horna, Hoya Gonzalo, Higueruela, Corral-Rubio y otros. ¿Su misión? Una "visita de inspección" para blindar el bien más preciado de nuestra tierra: el agua y los pastos comunales. Lo que descubrieron y plasmaron en el papel es una lección viva de ecología y derecho medieval:
🌱 La Joya de "El Juncar": En las dehesas de la Jumenta, el terreno húmedo formaba un juncar (un valioso juncal natural). Para asegurar que los bueyes que araban los campos tuvieran siempre pasto verde y fresco, el Concejo prohibió tajantemente la entrada del "ganado menudo" (ovejas y cabras). Si a un pastor se le ocurría colar sus ovejas de noche... ¡la multa se duplicaba automáticamente por nocturnidad! se le incautaban dos reses.
📏 Autopistas de 120 pasos para el ganado: Al llegar al paraje de Alhama (cuyo nombre de origen árabe ya significa "fuente termal"), las autoridades quisieron evitar que los terratenientes locales estrecharan los caminos. Así que sacaron las cuerdas oficiales de medir y decretaron que la vereda de acceso para que los animales bajaran a beber debía tener "dos cuerdas de ancho", es decir, ¡120 pasos! Una impresionante vía pública de casi 100 metros de anchura para que los rebaños circularan holgadamente sin pisar los sembrados vecinos.
🛑 Mano dura contra la especulación (600 maravedís de multa): Los oficiales reales fueron implacables. Al ver que algunos propietarios habían plantado bancales y huertos ilegales pegados a las fuentes (como en la Fuente del Rincón), ordenaron su desalojo inmediato. El aviso para los dueños de las fincas colindantes quedó firmado "para agora y para siempre": quien osara labrar o invadir las veredas públicas del agua sería castigado con una descomunal multa de 600 maravedís.
Este libro nos demuestra que el paisaje que hoy vemos entre lagunas, llanuras y caminos no es fruto del azar, sino del empeño de nuestras instituciones históricas por proteger el agua pública frente a los intereses privados. ¡Cada mojón de piedra que hoy sobrevive en el campo es un trozo de nuestra historia!