25/05/2026
La calle Carmen de Écija quedó unida a una ausencia difícil de explicar. Ángel V. G., de 84 años, fue visto por última vez el viernes 22 de mayo de 2026 en esa zona de la localidad sevillana. Había llegado desde Marinaleda para hacer unas gestiones, una salida cotidiana, de esas que no deberían romper nada. Pero el día avanzó, su nombre empezó a repetirse entre familiares, vecinos y cuerpos de seguridad, y lo que parecía una mañana normal terminó convertido en una búsqueda urgente por la edad y la vulnerabilidad de un hombre al que todos necesitan encontrar cuanto antes. En pocas horas, dos pueblos dejaron de mirar solo sus calles y empezaron a mirar también caminos, cunetas y alrededores. Esa es la medida real del miedo.
En el momento en que se perdió su rastro, Ángel vestía pantalón vaquero azul y una camisa de rayas azules y blancas. Es de complexión normal y tiene el pelo blanco o canoso, rasgos sencillos que ahora se vuelven enormes porque pueden marcar la diferencia en una calle, un camino o una zona de campo. La última referencia lo coloca en el entorno del Carmen, dentro de Écija, pero la incertidumbre se abrió enseguida hacia los alrededores. Cada hora sin verlo hizo crecer la preocupación y convirtió esos detalles de ropa y aspecto en la forma más directa de mantenerlo presente. A veces una desaparición se sostiene en señales mínimas: el color de una camisa, una edad, un trayecto que parecía claro y dejó de serlo.
La búsqueda no se quedó solo en el casco urbano. Durante el fin de semana se organizaron batidas por caminos y zonas rurales cercanas al recinto ferial de Écija, con Policía Local, Policía Nacional y vecinos intentando cubrir terreno. También se pidió apoyo de personas con todoterrenos, quads o motos de campo para llegar a puntos donde un coche normal no entra con facilidad. Canal Sur añadió que la búsqueda se estaba realizando por tierra y también desde el aire con drones, una imagen que resume la amplitud del dispositivo y la urgencia de mirar cada rincón. No es una búsqueda de despacho: es gente saliendo al campo, repartiendo zonas y tratando de que ningún punto quede fuera. Todo cuenta cuando el reloj avanza.
El caso duele especialmente por su edad. A los 84 años, una desaparición no pesa igual: cualquier desorientación, caída, golpe de calor o noche fuera de casa puede convertirse en un riesgo mucho mayor. Por eso Écija y Marinaleda han quedado unidas en estas horas por la misma preocupación. Ángel no es solo un nombre en un cartel: es un vecino que salió a hacer algo común y no volvió al lugar donde lo esperaban. La ropa que llevaba, la zona donde fue visto y los caminos que rodean la ciudad se han convertido en piezas de una espera que nadie quería vivir. Detrás de cada batida hay una familia imaginando escenarios y aferrándose a la posibilidad de una llamada buena. Y esa espera se vuelve más dura al caer la noche.
Mientras su nombre recorre la comarca, la esperanza está puesta en que alguien recuerde un cruce, una conversación breve, una figura caminando por una carretera secundaria o un detalle que en su momento pareció insignificante. En desapariciones así, el tiempo pesa, pero también pesa la memoria colectiva de un pueblo entero mirando hacia los mismos caminos. Ángel V. G. sigue siendo el centro de esa búsqueda: un hombre mayor, visto por última vez en Écija, cuya familia necesita que la tarde del 22 de mayo no sea el último punto conocido de su historia. La camisa de rayas azules y blancas, el vaquero azul y la zona del Carmen son ahora las marcas de una ausencia que todavía puede encontrar respuesta.