25/03/2014
Para hablar de esta práctica ritual ancestral hay que tomar en cuenta primero quienes eran nuestros ancestros, su cosmovisión y el significado de esta práctica vital.
Como es conocido los habitantes de la comuna de Cocotog descienden de los Quitu-Kara, este pueblo fue constituyéndose desde hace 1500 años antes de la era cristiana y los registros arqueológicos y los estudios antropológicos señalan que este pueblo se asentó desde norte del Ilaló, en toda la mesa del Guanguiltagua, el norte de Pomasquí, pasando el Guayllabamba hacia la provincia de Imbabura.
La comuna de Cocotog pertenecía a lo que antiguamente se conocía como el curacazgo de Zámbiza. Esta era una unidad de administración política que administraba el territorio de la meseta del Guanguiltagua.
Lo característico de este pueblo era el uso comunal de la tierra y aprovechamiento colectivo de los demás recursos naturales, compartían un idioma común: el chachipanu, que en la actualidad se mantienen algunas palabras: Tzanpiza (Zámbiza) Pichincha, Katelkillá, Ilalú, Itchimbía; esta lengua sobrevivió a lo largo de los años por tradición oral y aún se conserva en la comuna de Oyacoto en Calderón.
La religiosidad tenía una base astronómica de culto a los astros: Sol, Luna, Estrellas por ser elementos tangibles (visibles) que regulan los ciclos vitales (noche-día, siembra-cosecha, vida-muerte, espacio-tiempo) y a los elementos de la naturaleza que sostienen esos ciclos vitales (tierra, agua, fuego, aire) materializados en las montañas, ríos, bosques, etc.
Las relaciones que se establecieron para la convivencia social estaban muy ligadas a su religiosidad de respeto a los elementos de la naturaleza, por lo cual, se instituyeron relaciones de reciprocidad (si tomo algo lo devuelvo) en la interacción de humano a humano, de humano con su comunidad y de la comunidad con el entorno natural (pachamama). Estas relaciones se recreaban en distintas ceremonias y rituales como por ejemplo La Fiesta al sol en agradecimiento por la abundancia de la cosecha, peregrinaciones hacia cerros y centros sagrados llevando ofrendas y pidiendo salud para la comunidad, vivo ejemplo son las peregrinaciones al Quinchi y al Cerro Katelkilla que hasta hoy se mantienen.
El Mushuk Nina o Fuego Nuevo es también una de estas celebraciones que, dentro de esta cosmovisión de base astronómica del pueblo Quitu Kara, representa el año nuevo porque este día se experimenta un cambio del tiempo: estacional (de primavera a verano) y emocional (del tiempo de lo femenino al tiempo de lo masculino).
El Mushuk nina es la celebración del equinoccio de primavera que se experimenta cada 21 de marzo y que genera una alienación perpendicular del sol con el plano ecuatorial. Es decir, para esta fecha el sol se encuentra en línea recta con la tierra. Para los pueblos ancestrales de "Kitu" o tierra del sol recto esta es una fecha importante porque aquí se encuentra el centro (pupo del mundo) exactamente en el cerro Katekilla, en donde el sol llega al punto más cercano con la tierra y por lo tanto su energía es más fuerte (sagrada).
Nuestros pueblos antiguos tuvieron la sabiduría de hacer ritual de estos movimientos astronómicos para armonizar los cambios naturales (el vivir), sociales (el hacer) e individuales (el sentir) que estos cambios cósmicos generan.
Hay que tener en cuenta que estas prácticas rituales sagradas se mantienen a pesar del proceso de colonización que sufrieron nuestras poblaciones antepasadas. Pero estas prácticas fueron catalogadas desde la racionalidad occidental-capitalista y la ideología (religión) juedeo-cristiana como ritos paganos y demoníacos. Esto sucedió así como un correlato de justificación del despojo de los recursos naturales: tierra y agua, las formas de explotación y control del trabajo indígena: mita, yanapa, pago de tributo, etc., y la violencia ejercida hacia la manera como los indígenas desarrollaban su vida: sociabilidad, creencias, ritos y religiosidad. De esta manera se logro imponer una economía basada en la propiedad privada, El Estado Nacional Moderno como única forma de posible de organización política, una racionalidad instrumental que mira a todo como objeto a explotar en función del lucro y la ganancia, la religión católica como única forma de espiritualidad, el individualismo y la competencia como únicas formas de relacionamiento social.
Mas los pueblos y su sabiduría han sabido resistir a lo largo de los siglos y en estos tiempos de revalorización y aceptación de la valides científica de la Cosmovisión Runa (andina) es necesario retomar estas prácticas ancestrales como posibilidad de construir un futuro distinto. Pues frente a los desastres que se vive dentro de este sistema civilizatorio capitalista, colonial y patriarcal: crisis económicas, guerras corporativas, grandes conflictos sociales y desastres medioambientales de dimensiones planetarias, es necesario cambiar de rumbo. Para construir un mundo nuevo donde quepan muchos mundos de libres e iguales y así poblar de nuestros niños la Pachamama como poblada esta de estrellas el firmamento, la noche y la madrugada.