01/06/2025
🔴 | Felipe Eugenio Galán es el nombre del Suco del Cenáculo. Nació en Cuenca en un frío mes de mayo de 1964, el próximo 16 dr mayo cumplirá 60 años de edad.
Es uno de los personajes más queridos de Cuenca de todos los tiempos. Y el que más tiempo han perdurado recorriendo nuestras calles y avenidas. Nació con una discapacidad auditiva que le dificulta la comunicación. A pesar de este obstáculo, se ha ganado el afecto, respeto y consideración de la ciudadanía. Se ha convertido en un ícono de la ciudad. Durante más de cincuenta y cinco años ha recorrido la ciudad, por esto se le ha conocido con varios apelativos que reflejan cada faceta de su personalidad: Primero el Suco del Avión. Luego el Suco del Canguil y finalmente el Suco del Cenáculo. De estatura menuda, apenas un metro con sesenta y seis centímetros, cabello rubio y su tez blanca, pero agrietada del sol. De paso tranquilo, camina sin apresurarse, da pasos cruzados hacia adelante, que le hace ver como si arrastrará los pies al caminar.
Su vida ha estado marcada por varios apodos que le han dado las personas que lo han conocido. A la edad de ocho años, vivía en el sector de la Chola Cuencana, en la calle Núñez de Bonilla. Llamaba la atención su pelo tan rubio como la cabuya. Solía jugar en la calle con un avión de papel, por lo que la gente empezó a llamarle “El Suco del Avión”. Luego empezó a acompañar a su abuelo ayudándole a empujar su carreta hasta llegar a la iglesia de María Auxiliadora, lugar donde vendía canguil, por esta razón empezaron a llamarle “ El suco del canguil”. Así pasó su niñez y parte de su juventud. Ayudando a su abuelo y bajo los cuidados de su mamá. Con el pasar de los años y siendo joven fallece su abuelo, por lo que deja de vender canguil, y empieza a recorrer la ciudad solo. Por varios años se apostó en las puertas de la Iglesia del Cenáculo, donde tímidamente abría las manos esperando que los feligreses le brindaran una moneda. Su presencia se va volviendo cotidiana, por lo que empezaron a denominarle el Suco del Cenáculo, apelativo con el que se le conoce por más de treinta años.
Felipe Eugenio Galán, toda su vida ha recorrido las calles de nuestra querida Cuenca. Como dije luego de la muerte de su abuelo empezó a ubicarse en la puerta del Cenáculo, sin embargo, con el pasar de los años decidió dejar de frecuentar este templo, centrándose en otras iglesias como la Catedral Nueva, San Alfonso, Santo Domingo; donde empieza a hacer de las suyas para disgusto de los sacerdotes que oficiaban las misas. Felipe decide ingresar a pedir monedas a los feligreses, esto causa malestar en los curas y le prohíben el ingreso a misa hasta que pase la recolección del diezmo. Es por esta razón que muy rara vez se le ve en las entradas de los templos y prefiere deambular por las calles de la ciudad, donde recibe el cariño y aprecio de la gente.
Sobre su discapacidad quienes no conocen bien a Felipe creen que padece de algún trastorno mental. Cosa que no es así, él sufre de una discapacidad auditiva, lo cual le causa problemas de lenguaje, por ese motivo se le ve como un personaje muy introvertido, solitario, tímido.
Además, no es un personaje en situación de calle, él tiene hermanos que le cuidan y protegen. Vive en el sector de Miraflores, lugar donde todos los días madruga hacia el centro de la ciudad, a cumplir sus actividades diarias, una labor silenciosa, desinteresada. Recoge la basura que encuentra en las calles, siempre lo vemos con una funda donde deposita los deshechos, contribuyendo de esta manera a mantener limpia y en orden la ciudad. También cumple otra función importante, alimentar a las palomas y perros que encuentra en su camino. Comparte el alimento que le brindan a él con los animales, por eso es común verle en las plazoletas de Santo Domingo; San Blas, dando migajas de pan a las palomas.
Si usted se encuentra con el Suco del Cenáculo, en cualquier rincón de la ciudad, lo hallará, silencioso, pensativo, ensimismado, indefenso, inmerso en su propio mundo, perdido en el tiempo, su mente desbordada de ideas incomprendidas, un mundo aislado del resto, buscando su propio yo. Acérquese y dígale: ¡Suco¡ , ¡Suquito¡ ¿qué haces? ¡Que esperas? Él solo se limitará a sonreírle, pero no de usted, él se ríe de sí mismo, se ríe del mundo que lo envuelve con desdén. Es feliz, si feliz a su modo tan extraño y singular .
Fotografía: FMV
Por: Adriano Merchán Aguirre