BIOGRAFIA DEL PATRONO
Juan Bautista Aguirre
Sacerdote jesuita nació en Daule –provincia de Guayaquil el 11 de abril de 1725, hijo del capitán don Carlos Aguirre y Ponce Aguirre y Ponce de Solís y de doña Teresa Carbo y Cerezo. Dos meses más tarde fue bautizado en la Iglesia Matriz de Guayaquil con el nombre de Tomás Carlos. De temprana edad se trasladó a vivir en la ciudad de Quito para ingresar a
l Colegio Seminario de San Luis, donde se destacó por su talento y dedicación al estudio. Más tarde ingreso a la Compañía de Jesús, al tiempo que continuó sus estudios superiores en la Universidad de San Gregorio Magno. Finalmente, el 15 de agosto 1758 profesó los votos religiosos y obtuvo el Sacerdocio, adaptando entonces el nombre de Juan Bautista. Radicando definitivamente en Quito, durante varios años actuó como profesor del Colegio Seminario de San Luis, y luego pasó a dictar cátedra de filosofía en la Universidad de San Gregorio Magno, donde enseño además lógica, física experimental, teología moral y varias otras asignaturas. En 1763 fue nombrado Prefecto de la Congregación de San Javier, y dos años más tarde Socio Consultor del Padre Miguel Monsalve, Provincia de los jesuitas en Quito. Abiertas desde Roma las puertas para nuevas planteamientos, hipótesis y métodos más acordes con las exigencias de las ciencias modernas, el padre Aguirre, siempre inquietísimo, rápido de percepción, brillantísimo, incursionó por los cambios así abiertas, cuyos conocimientos lamentablemente no pudo extender ni a sus alumnos ni a la sociedad Quiteña, pues el 2º de agosto de 1767, don José Dibuja-Presidente de la Real Audiencia de Quito. Cumpliendo un mandato de la Corona Española, ordenó la expulsión de los jesuitas: Tuvo entonces que abandonar el país junto a setenta y siete miembros de su congregación religiosa. Largo penoso fue su viaje hasta llegar en 1768 a Europa, y luego de recorrer varios países se radicó en Italia de donde nunca volvió. En Italia ocupó gracias a las virtudes y talento que lo caracterizaba- importantes cargos de gran responsabilidad, como superior del convento de Ravena, rector del colegio jesuita de Ferrara y catedrático de teología moral en varios colegios y universidades de Roma, donde además fue llamado como Consejo de los papas Clemente XIV y Pío VII. Luego de vivir varios años en La Ciudad Eterna, su salud sufrió un grave quebranto que lo obligó a guardar cama durante mucho tiempo; por esta razón y en busca de un mejor clima para la curación de sus dolencias, viajo a Tívoli, donde luego de permanecer postrado durante más de seis meses, murió el 6 de junio de 1786. Rica y extensa es la herencia literaria que dejó el Padre Aguirre, sobre todo en lo relacionado a obras de tecnología, muchas de las cuales aún permanecen inéditas; pero donde mayor brillo alcanzó fue en el campo de la poesía cuya amplia gama trató con singular talento. Tal es su caso de sus ” Décimas a Guayaquil y Quito” o “ A un Zoilo” , de carácter satírico ; “ A una Dama Imaginaria” y “ A unos Ojos”, de género romántico; “ Carta a Lizardo” y “ Soneto Moral” , filosóficas; o “ Rebelión y Caída de Luzbel y sus Secuaces” y “Rasgos Épicos de la Concepción de Nuestra Señora” , de carácter épico. El padre Juan Bautista Aguirre está considerado como el más alto exponente de la literatura Ecuatoriana del siglo XVIII.