23/08/2019
Soledad acompañada
Destellos luminosos surcaban el cielo, el ruido de las gotas de lluvia sobre el techo, la fría brisa, y la soledad. Junto a una copa de brandy de Jerez había pasado Alicia las ultimas horas. El aroma de una música acariciaba sus oídos, y algunas lágrimas refrescaban su rostro. Seguía pensando en él, su vida le pertenecía aún.
No, no había podido, no había podido olvidar ese amor. Aquel sentimiento que había llenado y vaciado su vida a la vez. Necesitaba ser presa de esa pasión, ahogar sus recuerdos con más besos, sofocar sus instintos reprimidos y despertar entre sus brazos.
Su mente volaba, sentía sus labios humedeciendo su piel, sus dedos acariciando su intimidad, el aliento tibio y los susurros al oído que la hacían enloquecer. Y ella, ella envuelta en gemidos hasta el amanecer.
Jade