23/10/2024
«Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro.
Desde mi infancia, oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido.
Nosotros hemos pecado contra ti dando culto a otros dioses; por eso, nos entregaste a nuestros enemigos. ¡Eres justo, Señor!
Y no les basta nuestro amargo cautiverio, sino que se han comprometido con sus ídolos, jurando invalidar el pacto salido de tus labios, haciendo desaparecer tu heredad y enmudecer a los que te alaban, extinguiendo tu altar y la gloria de tu templo, y abriendo los labios de los gentiles para que den gloria a sus ídolos y veneren eternamente a un rey de carne.