11/03/2026
Se burlaban de su celular viejo, pero él lo usaba con el mayor orgullo
El teléfono de Don Manuel no era moderno. Era grueso, con teclas duras y una pantalla pequeña que apenas dejaba ver las imágenes. Cada vez que lo sacaba del bolsillo, algunos jóvenes lo miraban con curiosidad y otros se reían en voz baja. “Ese celular ya debería estar en un museo”, comentaban.
Él no decía nada. Solo sonreía y lo guardaba de nuevo.
Un día llegó temprano al colegio. Su hija Sofía iba a presentarse en un baile y él quiso sentarse en primera fila. Cuando empezó la música, sacó su viejo teléfono y, con un poco de esfuerzo, comenzó a grabar.
Sabía que la calidad no era la mejor. Aun así, se concentró en capturar cada segundo mientras su hija sonreía y bailaba en el escenario.
Al terminar, Sofía corrió a abrazarlo.
—¿Sí lo grabaste, papá?
Don Manuel le mostró la pequeña pantalla.
—Claro que sí, mi princesa. Para mí, se ve perfecto.
A veces el valor de un recuerdo no depende de la tecnología, sino del amor con el que alguien decide guardarlo. ¿Cuántas veces juzgamos sin conocer la historia que hay detrás? 💫