12/05/2025
Quilichao sin Dios ni ley: roban y matan en cualquier esquina
Santander de Quilichao vive una espiral de violencia urbana sin precedentes, mientras la administración del alcalde Luis Eduardo Grijalba permanece paralizada y cómplice por omisión. En 2024, las cifras oficiales fueron apenas la punta del iceberg: 115 homicidios, 60 delitos sexuales y más de 430 hurtos a personas evidencian una ciudad sitiada por la delincuencia común, las pandillas juveniles y los grupos expendedores de alucinógenos que operan con total impunidad en cada barrio.
Hoy, en Quilichao se roba y se mata en cualquier esquina. Los ciudadanos ya no distinguen entre zonas rojas y zonas seguras: los atracos, las agresiones y el miedo son parte del día a día. Jóvenes armados controlan las cuadras, las redes de microtráfico se expanden frente a colegios y centros deportivos, y los expendios de droga se multiplican sin que haya operativos sostenidos ni estrategias visibles por parte del gobierno local.
Mientras tanto, desde la Alcaldía solo se repiten los consejos de seguridad, ruedas de prensa y promesas vacías. Pero Quilichao no necesita más consejos de gobierno, necesita inversión real del presupuesto municipal en seguridad, prevención y justicia. Lo que sobra son puestos burocráticos entregados por favores políticos, contratos a dedo y clientelismo para los amigos del alcalde, mientras los barrios se ahogan en el abandono.
La comunidad ha salido a protestar, a organizar plantones, a gritar en las redes, pero la administración sigue sorda. El alcalde Grijalba ha preferido el show administrativo al control del orden público, dejando a una ciudad entera sin garantías, sin liderazgo y sin esperanza.
Quilichao está sin Dios ni ley, y el gobierno municipal es hoy parte del problema. Si el presupuesto no se usa para proteger la vida, entonces, ¿para qué está gobernando el alcalde?