05/10/2025
Imagina un roedor del tamaño de un gato grande 🐈 que bucea como un atleta olímpico 🏊♂️, construye túneles secretos bajo tierra 🕳️ y además planta árboles sin proponérselo 🌱. No es un mito: es la paca (Cuniculus paca), también llamada tepezcuintle en México, majás en Perú o lapa en Venezuela.
Con sus 6 a 12 kilos, pelaje marrón y líneas de manchas blancas como un código de barras natural, parece un conejillo de indias gigante… pero con superpoderes. Cuando un jaguar o una boa la amenaza 🐆🐍, no corre al bosque: se lanza directo al río y desaparece bajo el agua, donde puede permanecer varios minutos.
De noche, este roedor se convierte en arquitecto. Sus madrigueras alcanzan hasta 2 metros de profundidad y siempre tienen varias salidas camufladas con hojas 🍂, diseñadas como planes de escape. Pero su aporte más increíble ocurre mientras busca frutas caídas: consume zapotes, guayabas, aguacates, entre muchas otras 🍉🥭.
Las semillas viajan intactas por su sistema digestivo y germinan kilómetros más lejos. Sin pacas, especies como la almendra (Hymenaea courbaril) y ciertas palmas dejarían de regenerarse.
Y aún hay más: las pacas suelen formar parejas estables, defienden su territorio juntos y cada hembra tiene una sola cría al año 👶. Una inversión enorme en un único heredero que llega con los ojos abiertos, listo para aprender a nadar en semanas.
La paradoja es dolorosa: su carne es considerada un manjar en América Latina, lo que ha reducido poblaciones enteras. Sin embargo, cada paca es un “ingeniero de ecosistemas”: sus túneles abandonados se convierten en refugio para serpientes, ranas y pequeños mamíferos 🐸🦎.
Un animal invisible de la selva… pero sin él, la selva misma perdería su equilibrio 🌳.
📸 Hans Hillewaert