15/09/2025
Los Wayuu y los carros
Los Wayuu conocieron los carros y le confiaron todo; les dieron su sombra, sus huellas, y los secretos de sus conversaciones más íntimas.
El carro pasó a ser un miembro de la familia; el primero, el último, el único, el pechiche. Tener un carro comenzó a ser una apuesta, un camino, una conversión a la consolidación del ser mismo.
Los Wayuu convirtieron a los carros en gente; los bañaron, los denominaron, los soñaron, los parieron y los sepultaron. Les dieron espíritu y razón.
El carro es el guía, el cómplice, el amigo, el hijo, el sobrino, es el acompañante a todo lo que se proponga: a lo bien hecho y lo que castigan los enemigos.
Una vez llegó un joven sobrino con un carro, su primer carro, llegó a Ceura su tierra ancestral. Su tío Juvenal lo vio llegar, le dijo “Bájate que te vamos a bañar a ti y al carro. Ahora serán un solo”. Al rato llegó la outsü y los volvieron semilla, los hicieron nacer en un solo tallo.
Al llegar de nuevo a esa tierra, le preguntan al sobrino como está y de inmediato le consultan por el carro, le preguntan por el “beige” como lo denominaron. Los Wayuu saben que dónde andas llevan lo que eres, saben que el camino es tu identidad, saben que tu confianza es tu voluntad, saben que tu huella es tu historia, saben que el carro y su dueño son uno solo. Cuando te vas a tomar una foto con el tío Juvenal Paz; él dice que sea al lado del carro, uno de sus carros, una de sus tantas historias, una de sus tantas huellas.
Tomado de las redes
Creditos: Ivan Arrieta