08/06/2025
Hoy alzamos la voz con profundo dolor y con una indignación que no podemos, ni debemos, silenciar.
Rechazamos de manera contundente y categórica el atentado sicarial perpetrado contra el senador, Miguel Uribe.
Este acto cobarde, que atenta no solo contra una vida, sino contra la estabilidad democrática y el respeto por las diferencias, no tiene justificación alguna.
La violencia jamás será un camino legítimo para resolver los conflictos.
Lo más desgarrador de este hecho es saber que el autor material del atentado, es un joven que a simple vista no supera los 18 años. Un muchacho que debería estar construyendo sueños, no destruyendo vidas. Un joven que fue empujado, a cargar un arma en lugar de cargar con responsabilidades dignas de su edad.
Nos duele profundamente que nuestros jóvenes estén siendo utilizados como instrumentos del odio, en una nación donde deberían ser los protagonistas de un verdadero cambio. Pero no podemos mirar hacia otro lado ni maquillar la realidad, esto no ocurre en el vacío ni tampoco, sin razón aparente.
Durante los últimos meses, hemos sido testigos de cómo desde el poder se ha azuzado la llama de la anarquía. Hemos escuchado, con creciente alarma, discursos que celebran la desobediencia, que desacreditan las instituciones, que alientan al caos y a la confrontación entre hermanos.
Cuando un jefe de Estado utiliza su tribuna para sembrar discordia, cuando su palabra alimenta el resentimiento en lugar de promover el diálogo, cuando convierte la juventud en carne de cañón para una guerra sin sentido, también tiene una responsabilidad sobre las consecuencias que de ello se derivan.
El país no necesita líderes que griten desde el púlpito de la rabia, sino guías que escuchen, que construyan, que eduquen.
Necesitamos un liderazgo que inspire respeto por la vida, por la ley, por la diferencia.
Necesitamos palabras que curen, no que disparen odio.
Hoy pedimos justicia, sí. Pero también pedimos conciencia.
Que esta tragedia no se repita.
Que nuestros jóvenes no sigan siendo arrastrados por discursos irresponsables.
Que el poder se use para servir, no para dividir.
Que volvamos a creer en el diálogo como herramienta y en la democracia como el camino.
A la familia del senador, nuestra solidaridad. Al joven sicario, que enfrente la ley, pero también que se le ofrezca una posibilidad real de reconstruir su vida. Y al país entero, le pedimos reflexión.
Porque cuando el odio se normaliza desde arriba, la violencia se multiplica abajo.
Oremos, para que no nos sigan arrebatando el futuro.