01/04/2026
Bajo el cielo de Cartagena, ahí donde la brisa del mar se mezcla con la valla , el Club Gallístico Santa María se convirtió el pasado 28 de marzo en el epicentro de una pasión que no sabe de cansancios. Por tercer año consecutivo, la ciudad heroica fue testigo del Gran Torneo de Castadores, una cita que ya es ley para los mejores criadores de la Región Caribe.
Fue una jornada de esas que se quedan grabadas en el alma, donde el silencio de la valla solo se rompía por el seco estallido de las espuelas y el grito emocionado de quienes llevan esta herencia en la sangre.
El Honor en la Arena
La tabla de posiciones no miente, pero lo que se vio en el ruedo fue mucho más que números; fue una cátedra de casta y finura:
• SCJMT (Jairo Jr F1): Con una contundencia que asombra, se alzaron con el Primer Lugar. Sus ejemplares no solo ganaron; dieron un recital de clase, demostrando que en sus venas corre la verdadera estirpe del gallo de pelea.
• Gallería MI HERMANO Y YO: ¡Qué orgullo de estampa! Con una bravura que hizo vibrar las gradas, se llevaron un merecido Segundo Lugar. Sus gallos, especialmente el F2, demostraron cualidades sobresalientes, peleando con una nobleza y una determinación que solo el amor por la cría puede lograr.
• Ingeniero Bareke: En el tercer escalón, con el cuido magistral de Deivis Jiménez, sus gallos demostraron que están hechos de hierro y seda. Finura pura al servicio de la victoria.
La Sangre del Caribe en un Solo Redondel
No podemos dejar de lado a esas cuerdas que le dieron altura al evento y que, pelea tras pelea, dignificaron el torneo. Mención especial para la gallería Gloria a Dios, que con su F2 demostró que la fe también se pone en la valla; o la Gallería JP, siempre presente con la fuerza de su linaje.
También vimos la garra de cuerdas como Metete en la Piña y la Gallería ABC, que con sus tiempos y su entrega recordaron que en este deporte no hay enemigo pequeño cuando sobra corazón.
Un Sentimiento que no Muere
Este torneo es el reflejo de nuestro Caribe: el abrazo del amigo, el respeto por el contrincante y el orgullo de presentar un ejemplar bien cuidado. El Club Santa María no solo recibió gallos; recibió historias, familias y una tradición que se hereda de padres a hijos.
Fue una fiesta de la palabra y el honor. Porque al final de la tarde, más allá de los trofeos, lo que queda es la satisfacción de saber que el arte de los castadores sigue más vivo que nunca en la heroica Cartagena. ¡Salud por los valientes y que viva la pluma fina!