29/05/2026
𝐏𝐞𝐝𝐫𝐨 𝐒𝐚𝐥𝐜𝐞𝐝𝐨 𝐑𝐚𝐦𝐨𝐬: 𝟒𝟑 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐬𝐭𝐨𝐝𝐢𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐜𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚
“Uno lleva en la piel los caminos por donde ha pasado.” — João Guimarães Rosa
Por: 𝐄𝐦𝐢𝐥𝐢𝐨 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐘𝐚𝐧𝐜𝐞
A Pedro Salcedo Ramos casi nadie lo llama por su nombre. En la Policía y en muchos municipios de Bolívar lo conocen como “Cumbamba”, un apodo que lo ha acompañado durante gran parte de su vida, y que parece quedarle mejor que el que aparece en su cédula.
De cabello canoso, sonrisa fácil y conversación inagotable, es de esos hombres que siempre tienen una historia para contar. Quienes trabajan con él, dicen que es imposible compartir una jornada sin escuchar alguna de sus ocurrencias. Es dicharachero, mamador de gallo y amigo de las conversaciones largas. Tiene la capacidad de sacar una sonrisa, incluso, en medio de las jornadas más exigentes.
Nació en Bogotá, pero después de más de cuatro décadas de servicio, terminó adoptando las costumbres y la forma de hablar de la Costa Caribe. Bolívar se convirtió en su segunda tierra. El bogotano que llegó joven a Cartagena en junio de 1983, fue transformándose poco a poco entre el calor, las carreteras y los pueblos del departamento.
Desde sus primeros años en la institución, comenzó a recorrer distintos municipios bolivarenses. Con el tiempo, conoció lugares a los que llegó primero por razones de servicio y terminó queriendo por afecto. Así fue construyendo una relación profunda con un territorio que aprendió a sentir como propio.
Gran parte de su carrera estuvo ligada a la seguridad de los procesos electorales. Durante años, acompañó el traslado de material electoral; vigiló puestos de votación y recorrió municipios apartados, donde garantizar una jornada democrática, requería mucho más que organización y logística.
Le correspondió trabajar en los Montes de María durante los años más difíciles del conflicto armado. Allí conoció de cerca las amenazas, los rumores y la incertidumbre que rodeaban muchas elecciones. Eran tiempos en los que cualquier desplazamiento exigía precaución, y en los que una caravana electoral podía convertirse en una operación compleja.
En 1989, mientras el país intentaba sobreponerse al as*****to de Luis Carlos Galán y la violencia golpeaba distintas regiones, prestaba servicio en El Carmen de Bolívar. Las carreteras despertaban desconfianza y las noticias de ataques obligaban a extremar las medidas de seguridad. Custodiar tarjetones significaba proteger mucho más que unas cajas de cartón.
A lo largo de los años, recorrió incontables kilómetros acompañando camiones electorales por carreteras polvorientas y caminos apartados. Conoció madrugadas interminables, largas esperas y jornadas en las que el cansancio parecía ganar la batalla. Sin embargo, siempre encontraba espacio para una broma, una anécdota o una ocurrencia que ayudara a aliviar la tensión del grupo.
También, fue testigo de la determinación de miles de ciudadanos que acudían a votar pese al miedo y las dificultades. Campesinos caminando largas distancias, adultos mayores madrugando para llegar a las urnas y comunidades enteras empeñadas en participar, marcaron buena parte de sus recuerdos.
Sus compañeros lo recuerdan como un policía comprometido, más acostumbrado al terreno que a la oficina. Lo imaginan sobre un camión electoral, recorriendo municipios y resolviendo imprevistos de última hora. Allí parecía sentirse más cómodo que detrás de un escritorio.
Con el paso del tiempo, asumió responsabilidades relacionadas con la logística y la coordinación de los procesos electorales. Ya no recorrió tantas carreteras como antes, pero siguió vinculado a una labor que terminó convirtiéndose en parte esencial de su vida.
Fuera del uniforme conserva gustos sencillos. Disfruta las películas de Cantinflas, El Santo y El Llanero Solitario. Escucha canciones de Leonardo Favio y Leo Dan, artistas que le recuerdan épocas distintas y acompañan muchas de sus tardes tranquilas.
Basta conversar unos minutos con él para descubrir qué, detrás del uniforme, hay un hombre cercano, de trato amable y memoria generosa. Habla de los pueblos que conoció, de los compañeros que encontró en el camino y de las experiencias acumuladas durante más de cuatro décadas de servicio. Lo hace sin grandilocuencias, como quien simplemente cumplió con su deber.
Hoy, cerca de la jubilación, mira atrás con satisfacción. Después de 43 años en la Policía Nacional, su historia permanece ligada a las carreteras de Bolívar, a los procesos electorales y a la tarea silenciosa de proteger la democracia.
Faltan apenas dos días para una nueva jornada electoral, y Pedro Salcedo Ramos, vuelve a observar el movimiento de siempre: vehículos listos para salir, radios encendidos, coordinaciones de última hora y personal desplegándose por el territorio. Nada de eso le resulta extraño. Lo ha visto repetirse durante más de cuatro décadas.
Mientras revisa detalles, conversa con sus compañeros y suelta alguna broma que provoca risas en la oficina, Cumbamba sabe exactamente cuál es su misión. La misma que ha cumplido durante 43 años: acompañar, proteger y garantizar que cada ciudadano pueda ejercer su derecho al voto. Después de toda una vida de servicio, custodiar la democracia ya no es solamente parte de su trabajo; es parte de quien es.